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Long & Lost | Emilie

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Long & Lost | Emilie

Mensaje por Lykos G. Kapsalis el Vie Ago 14, 2015 1:44 am

Lost in the fog, these hollow hills
Blood running hot, night chills
Without your love I'll be
So long and lost, are you missing me?

Is it too late to come on home?
Are all those bridges now old stone?
Is it too late to come on home?
Can the city forgive? I hear its sad song


— Florence + The Machine —


--------- FROM UNDER THE GHETTOS ▲ AUGUST 2015 ---------


Escribir todos aquellos párrafos fue difícil e incluso en el mismo instante en el que entregó la carta a Helena, sus manos temblaron y se detuvieron en el aire por un segundo que le pareció eterno. Dudo, y todavía aun ahora lo hacía. ¿Había sido lo correcto?, ¿tenía el derecho de irrumpir en la vida de su antigua prometida tan solo porque no había sido capaz de olvidarla? No era propio de él preocuparse tanto por otra persona y lo único que le consolaba, era saber que Emilie sabría qué hacer para borrar cualquier pista que pudiese inculparla.

Era su derecho saber que ocurría con quien compartió casi toda su vida, ¿cierto? Aquello no tenía por qué ser un error. Y tratando de pensar positivo por primera vez en su vida, fue y se recostó en el catre que le servía como cama. Fijó los ojos en el resto de las improvisadas literas que se extendían del otro lado de la fina cortina que separaba su cubículo del resto del oscuro túnel que se extendía por debajo de Londres.

Suspiró. Siete años, no podía creer que ya hubiesen pasado siete años desde que le sacaran por la fuerza de su hogar frente a los ojos de la única persona que le había importado en la vida.

¿Podría recuperarla?, ¿habría siqueira esperanza? No lo sabía, pero estaba consciente que una de las tantas razones por las que quería recuperar su estatus como mortífago, era principalmente porque deseaba volver a su lado. Valía la pena intentar, de eso estaba seguro.


Em:


No existe una manera correcta de comenzar esta carta, no después de tantos años. Pero no temas, no estoy escribiendo esto para soltar reclamos, eso es lo último que desearía, estoy consciente de porque reaccionaste como lo hiciste y no te culpo en absoluto. Estuve incluso dispuesto a olvidarte, permitir que siguieras con tu vida; por qué seguiste con ella, ¿cierto? Lamentablemente me fue imposible siquiera borrar el recuerdo de tu rostro y hoy, he decidido terminar con la tortura.

¿Me odias? Necesito saberlo, no estoy dispuesto a dar un solo paso más sin saber la respuesta a dicha pregunta. Dímelo, directo y sin contemplaciones, como solías hacer cuando estábamos en Hogwarts. Siempre me gustó eso de ti y me alegra que no hubieses intentado ayudarme, no me hubiera perdonado jamás que terminaras en el mismo estado en el que hoy me encuentro.

Sé que es hipócrita de mi parte pedirte sinceridad cuando yo… bueno, tú sabes él que. Lo lamento, he tenido esta disculpa atorada en la garganta desde el momento en el que vi tus ojos por última vez y ha sido un castigo mucho mayor que cualquier crucio que pudiese haber podido recibir jamás.

Debo dejarte por ahora, me quedo sin palabras cada vez que recuerdo el incidente y me ha costado un poco escribir esto. No te lo voy a negar —porque créeme, jamás te he mentido en cualquier otra circunstancia y jamás lo haría otra vez ahora que sé que por fin, todo está claro ante tus ojos—, saber de ti me causa pavor. Pensar que puedes estar casada, que me detestas o peor… que me has olvidado, me provoca nauseas.

Perdóname y cuida de ti como solo tú sabes hacerlo.





THERE IS NO SUCH THING AS JUSTICE, ALL THE BEST THAT WE CAN HOPE FOR IS REVENGE.
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Re: Long & Lost | Emilie

Mensaje por Emilie Brahms el Dom Ago 16, 2015 4:46 pm

La carta seguía allí, en el mismo punto alejado de la mesa donde lo había soltado hacía ya diez minutos, como si se tratara de un objeto en llamas que le hubiera quemado los dedos. Ella estaba en pie, indecisa, insegura, repentinamente muerta de miedo. ¿Como podía sólo una palabra y una imagen tan familiar, haber destrozado en segundos la barrera externa que había logrado forjarse tras años y años de esfuerzo? Si el pánico aún no había tomado control de ella se debía a que se encontraba en el único lugar donde se permitía ser capaz de sentir, el hogar que por un tiempo también fue de aquel cuya mano había redactado aquellas palabras, palabras que aún no se atrevía a leer.

¿Cómo? Aún no lo sabía. No había sido por lechuza, por supuesto. Simplemente estaba allí, en el suelo cerca de su escritorio, como si hubiera caído del montoncillo de cartas que recibía a diario. No, se equivocaba. Estaba más cerca de la ventana que del escritorio, pero en ese momento no se había percatado de ello. Sólo pudo ver, con leve molestia ante aquella muestra de desorden, que algo estaba fuera de lugar. Había estado a punto de reclamar a su elfina por su inutilidad, cuando notó que no se trataba del tipo de papel al que estaba acostumbrada. Venía, también, con una nota que ahora descansaba en su mano, sin que Emilie le hubiera dedicado más atención, sus ojos fijos en el trozo de pergamino, sabiamente sellado y sin muestras de haber sido leído antes de llegar a ella.

Se dio cuenta de lo estúpida que parecía, cuando desde hacía tantos años se moría por saber una palabra de él, escuchando en silencio conversaciones y rumores donde pudieran mencionarlo, sin exteriorizar jamás el efecto que producía en ella escuchar su nombre, aquel por el cual jamás lo había conocido hasta que se lo llevaron. Para retrasar el inevitable momento donde leería los insultos y acusaciones que temía encontrar, pues sólo eso se le ocurría que pudiera él escribir a ella después de su inacción por ayudarlo y sus nulos intentos de encontrarlo, reviso la nota que la acompañaba. Eran instrucciones escritas a máquina, donde explicaba como y donde debería dejar la respuesta a la carta. ¿Significaba eso que él quería que ella le respondiera? ¿Habría dentro de aquella carta alguna pregunta particular? La incertidumbre se convirtió en curiosidad, y los ojos de la inefable recayeron una vez más en la carta, en el lobo que le devolvía la mirada.

¿Como podía ser que lo que hubiera soñado tantas veces, el encontrar la manera de comunicarle sus sentimientos, de saber de él, ahora la tuviera paralizada al punto de parecer encantada con el hechizo petrificador? Leyó las instrucciones dos veces más hasta haberlas memorizado, y quemó la nota con el fuego de la vela que iluminaba su mesa. Descartó el resto de sus cartas, las leería por la mañana; guardó dentro de sus ropas el pergamino, y llamó a la elfina para anunciarle que esa noche no cenaría, y que por esa noche tenía prohibida la entrada a su habitación. Sólo allí, en el silencio de la noche, con la llama de una lámpara en su mesa de noche, leyó una a una las palabras con el corazón en un puño. Fue necesario releerla varias veces más, y cada vez que volvía a pasar sus ojos por esas líneas, éstos se llenaban de lágrimas silentes, sin saber si era un inmenso gozo lo que sentía, o una terrible tristeza que acentuaba aún más la culpa dentro de ella.

No haría falta decir que por esa noche no hubo descanso para ella. La luz del alba la sorprendió aún con la carta en las manos, más había decidido en el transcurso de la noche que no podía responderle en ese mismo instante. Si lo hacía, sabía que sus palabras no serían racionales, que sus manos temblorosas se volvería ilegible, que el papel no quedaría exento de lágrimas  que empaparían la tinta. No, no quería que él supiera que había llorado al escribirle, aún cuando después de perder a su padre sólo él la había visto llorar. Buscó entre sus cosas hasta encontrar una caja pequeña, un viejo joyero de madera, algún regalo al que nunca dio verdadero uso pero que ahora tomaría una nueva importancia. En él, metió la carta que ya conocía letra por letra, la selló mágicamente y puso en ella además un hechizo-trampa: si alguien lo encontrara e intentara abrirlo sin poseer la llave, todo el contenido de la caja sería incinerado, de manera que sólo encontrarían cenizas por dentro.

Durante los dos días siguientes procuró actuar con normalidad, sin permitir que los revoltosos sentimientos afloraran en su sonrisa, en su mirada. Los momentos en que su mente no estaba ocupada en profecías, repasaba una y otra vez las palabras que quería plasmar sobre papel, para no dejar espacio a la duda ni al arrepentimiento. Fue de esa forma que su mano fluyó con seguridad, y poco antes de medianoche el sobre descansaba bajo su almohada, donde permanecería hasta la mañana siguiente donde dejaría la carta dentro de un árbol hueco que había cerca de su casa. A modo de señal, ató en su cabello una cinta de color blanco en forma de lazo, preguntándose si él estaría cerca, si la vería pasar y reconocería la señal que había pedido en la nota. ¿Volvería él a escribirle? ¿O sería la incertidumbre su nueva compañera, incapaz ahora de volver a cerrar su mente al pensamiento de Simon?


Wolf:


No creo que seas capaz de entender lo que una simple palabra tuya ha causado en mi. Más si crees que es enfado, desprecio, u odio lo que siento, entonces es que no me conoces tan bien como dices. Si, seré franca y sincera al decirte que hubo un momento donde darme cuenta que el hombre que amaba no existía sacó sentimientos tan oscuros en mi, hacia esta persona llamada Lykos.

Te equivocas al pensar en que quise olvidarte. ¿Como podría? Si no había pensamiento alguno en mi mente que no estuviera relacionado a ti, directa o indirectamente, agradable o doloroso. Te convertiste en el recordatorio de jamás depositar toda tu confianza en alguien, y con esto me hiciste más fuerte, más segura. Soy quien soy gracias a ti.

Dicho esto, confieso ahora que cambiaría todo, todo esto, por estar a tu lado una vez más. Eres aún quien tiene mi corazón, herido, roto, pero aún latiente. La conciencia me carcome al pensar en las terribles cosas que te han podido hacer, mi pesadilla constante es el recuerdo de aquella noche, cuando no hice más que callar y verte ser arrastrado lejos de mi.

No ha habido desde entonces nadie más, y eso puedo jurarlo, si de algo te sirve mi palabra. Y seguirá siendo así hasta el día que muera, pues nada ya me interesa en el ámbito del amor. Seguiré con mi luto, como joven viuda, pues mi esperanza murió al perderte. ¿O te he perdido realmente? ¿Es esta una despedida, o es un arriesgado intento de renacer?

Hazme saber si es lo segundo, dime quien es Lykos Kapsalis, y si queda aún en él algo del hombre que conocí, del niño entusiasta en aquel tren hace tantos años atrás. Convéncete de que he perdonado todo, y convénceme de también tener tu perdón por no haberme atrevido a luchar por ti.

Pero si esta carta no es más que un epílogo de nuestro amor, por aquello que consideres sagrado te pido, te ruego: no me hagas más daño.


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