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Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Renzo A. Abbatelli el Jue Jul 23, 2015 7:13 am

And people just untie themselves
Uncurling lifelines
If you could just forgive yourself

Some things you let go in order to live
I know you're bleeding, but you'll be okay

— Florence + The Machine—




ISTAMBUL, TURKEY ▲ MAGIC WORLD ▲ JULY 2015

Era su ciudad favorita, siempre lo fue. Cuando era niño y su madre le mostraba los libros que había en el estante más alto de la biblioteca familiar, Altair siempre se decantaba por los atlas y las enciclopedias de arquitectura; ahí, en toda su gloría, había siempre una fotografía de Hagia Sophia. Sus dedos siempre acariciaban los pilares sobre el papel antes de girar la página para poder admirar las otras mil maravillas que la ciudad de Estambul, mitad europea, mitad asiática, podía ofrecerle. La Basilica Cistern, la Mesquita Azul, la Torre de la Galata, Renzo había soñado con recórrelos todos y cuando lo logró —luego de que Deidre falleciera—, descubrió que también sus calles, los mercados incluso abarrotados y los pequeños y coloridos apartamentos, eran también parte del encanto que la metrópoli tenía.

Siempre quiso llevar a su esposa a aquella ciudad, pero la muerte la había reclamado antes de que ese deseo fuera cumplido y fue entonces que se encontró solo, dentro de una urbe que se convirtió con el tiempo, en su tabla de salvación. Estambul lo sanó y salvó de forma relativa cuando su mujer abandonó el mundo y ahora que su corazón estaba roto, volvía a convertirse en una especie de lugar seguro, un escondite donde tranquilizar a sus demonios.

Afortunadamente, la primera vez que visitó aquel lugar, había comprado también un apartamento en el distrito de Kadıköy —justo al lado del Bósforo—, donde podía ver fácilmente desde su ventana, el canal que unía al mar Negro con el mar de Mámara. Y fue ahí a donde decidido encaminar sus pasos seis meses atrás.

En Febrero, Cameron había volado desde Inglaterra hasta Italia tan solo para recuperarlo, pero sus palabras no fueron suficientes, lo ofrecido le había parecido pobre y Altair tomó la dolorosa decisión de dejarlo atrás sin más, cavando un abismo definitivo entre los dos. Aquello no estaba destinado a ser.

Su corazón resistió la perdida a pesar de todo y el tiempo le sanó poco a poco, el tiempo y cierta rubia parlanchina que se negaba a dejarlo de lado, que se había negado a aceptar la determinación de Renzo en cuanto a desaparecer de la faz de la tierra para todos sus seres queridos y que de alguna manera, le había encontrado un mes después de que se mudara a Estambul.

El hombre tenía que admitir que la determinación de la muchacha le sorprendió gratamente, a pesar de que  sus labios se habían abierto tan solo para echarla de su hogar en primera instancia y no para alabar su audacia. Hacía cinco meses de aquel incidente y ahora Freyja, se paseaba cual dueña y señora dentro del apartamento del italiano cada vez que le regalaba una visita. Porque Altair había aprendido a apreciar sus revisiones como un regalo, después de todo, su voz lograba acallar a las que se empeñaban en gritar dentro de su mente y al menos, cuando ella estaba presente, sus demonios eran aplacados.

Abbatelli levantó la vista de su periódico y fijó sus oscuros ojos en la chica que tenía al frente, al otro lado de la elegante mesa donde descansaban un par de tazas de cristal, llenas de té, acompañadas de dulces locales; dos piezas largas una roja y otra verde rellanas de pistachos, almendras y miel.

¿Pasa algo? —preguntó a quemarropa, alzando una de sus cejas, bajando el manojo de pergaminos que tenía en la mano para mirar a Freyja con mayor atención—. Estás sospechosamente callada el día de hoy y ya han pasado quince minutos desde que apareciste —agregó secretamente contrariado. Su expresión era satírica y su tono era tan controlado y confidente como el de siempre.

Tomó entre sus dedos la delicada taza que tenía cerca de su mano izquierda y le dio un sorbo corto antes de tomar un pedazo de dulce para trozarlo por la mitad y llevarlo hasta su boca, donde mordió un poco antes de apoyar sus codos sobre la mesa, descansando ahí sus brazos de forma mucho más casual.

¿Te ha comido la lengua una sirena, quizá una arpía… o tal vez una banshee? —preguntó divertido mientras jugaba con lo que restaba del caramelo entre sus dedos, haciendo figuras en el aire a la vez que su mejilla fue a descansar sobre su mano libre—. Siempre he pensado que esas ultimas tienen algún parentesco contigo —se mofó una vez más.

Quince minutos de silencio al lado de aquella mujer era demasiado raro y por más que la detestara cuando se ponía fastidiosa, tenía que admitir que se había acostumbrado a su voz mucho más de lo que era sano para un par de colegas o amigos. Aquel conocimiento le resultaba molesto y en ocasiones, su sentido común lo hacía callar, sin embargo, lamentablemente, todos aquellos meses se había dado cuenta de lo satisfactorio que le resultaba fastidiar a su subordinada y debido a aquel pequeño detalle, ese día, decidió no guardarse ninguno de sus comentarios. Sonrió de medio lado y esperó, si no había reacción, entonces si comenzaría a preocuparse de verdad.

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Re: Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Freyja A. Morgenstern el Sáb Jul 25, 2015 3:45 am

Se sintió realizada cuando su jefe le dejó a cargo su propio trabajo, incluso no pudo evitar gritar de la felicidad en pleno pasillo del periódico. En ese momento, Freyja agradecía la repentina sucesión del puesto de empleo y no podía sentirse más orgullosa de sí misma. Renzo Abbatelli confiaba en sus habilidades para no echarlo todo a perder y llevar esa sección como Merlín mandaba. ¿Qué más podía pedir? No quería ni pensar en lo que pasaría el día siguiente y cuánto duraría ese sueño, solo quería vivir el presente y sentarse en aquella silla. Ni siquiera se preguntó los detalles de la partida del italiano, solo pedía que fuese lo fuese se prolongara todo el tiempo posible.

No pasó ni siquiera tres semanas cuando la rubia pensaba que la única solución posible para ella sería internarse en junto a su hermana en San Mungo, -uh sí, broma cruel-. Pero, es que con todo el trabajo que tenía y el editor gritando en su oído todo el tiempo, sentía que se volvería loca. Pensó que quizá debía organizarse mejor, contratar a una asistente temporal, o… quizá debía buscar por cielo, mar y tierra a su exigente jefe.

No fue muy fácil dar con su paradero, pero cuando la rubia se empeñaba en algo no existía poder humano que pudiera con su determinación. Freyja se había quedado pensando una noche entera el paradero de su jefe, y fue cuando abrió el sobre con la información que se cayó del cómodo sillón. ¿Estambul? ¿ESTAMBUL? ¿Cómo es que él había ido a…? Definitivamente, una noche de sueño perdido, jamás hubiese pensando en un lugar así. Imaginando todo lo que podría pasar al llegar allá, preparó todo y con unos cuantos trasladores se aventuró en una ciudad que no conocía. ¿Quién iba a decir que ella iría a parar allá por un hombre? Nadie, una completa locura.

Pero, era su jefe y su trabajo era mantener la producción y organización de la sección.

Desafortunadamente, de todas las reacciones para las cuales Freyja se preparó, la peor fue la que recibió. No estaba en búsqueda de las razones por las cuales el pelinegro se hallaba allí, y aunque éstas le intrigaban ahora más que nunca, Freyja no dejaría su objetivo atrás. Desde ese momento, se plantó firme en el lugar cada mes y con el pasar del tiempo, cada quince días. Todo lo relacionado con lo laboral marchaba a la perfección, pero sin duda alguna Freyja fue obteniendo de Renzo algo más que simples instrucciones o revisiones en las publicaciones. Poco a poco él confió cosas en ella que solo en un amigo se podría, y ella terminó contándole detalles de su vida. Convivía más con él que con cualquier persona, porque incluso en los días que regresaba a territorio británico no podía quitárselo de encima, le hacía gracia pensar en qué actividad estaría inmerso aquel hombre.

Pero, fue aquello que ocurrió hace una semana que lo cambió todo. O mejor dicho, la obligó a reflexionar y sincerarse consigo misma. Después de ese día, sabía que esa última visita sería distinta a las demás.

Permaneció callada, ni siquiera podía llamar su atención de la única forma que sabía perfectamente hacerlo: hablando. Levantó la vista al techo y clavó los ojos en el ¿marrón claro? al momento en que se llevaba a la boca un trozo de algo con sabor a pistacho y miel en sus labios. Echó un vistazo al ambiente en donde el hombre se encontraba enmarcado, hasta que sus ojos se detuvieron en el manojo de pergaminos.

¿Pasa algo? ¿En serio estaba preguntando eso? Freyja abrió grande los ojos y luego tragó rápido. Para nadie era un secreto que la mayoría de las veces que hablaba se tornaba bastante nerviosa, pero lo que no sabía es que callada era presa del mismo estado. No contestó al momento a nada, solo se limitó a observar cada movimiento del hombre. Él se burlaba de ella y en todo lo que Freyja podía pensar era en reacciones futuras ante cosas que aún no había dicho, de ser Gryffindor habría sido una vergüenza para su casa.

Vaya, así que el secreto para llamar tu atención es permanecer callada, habérmelo dicho antes. Aunque creo que no lo he hecho mal hasta ahora. —alzó una ceja y rió ligeramente, después de unos cuantos segundos. De algún modo, su nerviosismo se estaba aplacando. —Me pregunto qué tan impaciente te habrás sentido al no escucharme. Oh, pero claro, supongo que contar los minutos lo dice todo. —añadió en un tono de voz divertido, llevándose la taza de té a los labios de una forma menos pomposa y sensual que él.  

Oh, tú si sabes alagar a una mujer. —se apresuró a comentar mientras bajó la tasa y la chocó contra el pequeño plato de un modo que dejó ver su momentánea molestia, a pesar de que su rostro reflejaba otra cosa. ¿Acaso estaba esperando otra cosa de parte suya? Aquello era una tontería. —Pero claro, tratándose de ti es obvio que querías todo menos alagar, supongo que no sabes hacer mucho más. Muy gracioso, pero para la próxima, Veela sería mucho mejor. —agregó un muy fingido y desparpajado consejo. Freyja lo miró por un segundo y luego se echó a reír, dejando claro que todo lo anterior era en tono de juerga. Y, como si hubiese recordado algo, se detuvo.

Respiró hondo y dejó a un lado la taza de té. Lo miró otra vez y rodó los ojos. Luego, se quedó viendo a un punto en la mesa, a un lado de la tasa ajena.

¿Sabes qué fue lo primero que pensé cuando llegué aquí por primera vez? Que entendía perfectamente la razón por la que permanecías en éste lugar. Es hermoso, jamás he visto nada igual y eso que mi familia tiene con qué, —hizo una pausa y rió quedamente—el caso es que el ambiente, combina mucho contigo, es la forma en la que te veo yo al menos—volvió a pausar, pero ésta vez sacudió un poco la cabeza, otra vez se estaba desviando del tema. —En fin, lo que quiero decir es que, el lugar, la gente, todo eso te da una sensación de confort y placer. Merlín, hasta yo he sentido que puedo vivir en algo como esto por siempre, vivir de allá para acá para saber de ti. Puedo acostumbrarme a esto, y sé que tú también pero…—hizo una tercera pausa más prolongada, clavó la vista en la superficie de la mesa por unos segundos. Pero luego, como si estuviese dando ánimos a sí misma, levantó la vista. —Éste no eres tú, no es tu rutina ni tu vida. Comprendo lo que te llevó hasta aquí, lo sé, pero también conforme va pasando el tiempo siento que eso ha cambiado. Entonces, no entiendo qué sucede contigo, qué es lo que te priva de estar allá. Sabemos que la situación en Londres no te perjudicará, tienes una posición privilegiada. Yo, simplemente no puedo entender por qué sigues inmerso en esta jaula confortable, que te da una falsa sensación de libertad… ¿Qué si pasa algo? Pasa de todo, lo sabes. —agregó toda aquella verborrea porque en serio no quería todavía patearle el trasero y obligarlo a ir. Sí, aun no quería utilizar el plan b.

Un instante después tomó un trozo de dulce y lo introdujo en su boca para no hablar más. Sentía que ya lo había dicho cuando sabía que no era así. No quería ni pensar cómo reaccionaría Renzo ante el otro par de razones por las cuales a ella le urgía que él regresara. ¿Cómo decir “Me voy”? Lo conocía, y ni con todas las explicaciones razonables del mundo podría comprenderlo. Tal vez tenía que comenzar a no guardarse absolutamente nada.


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Re: Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Renzo A. Abbatelli el Miér Jul 29, 2015 6:55 am

El rostro de la joven era todo un poema y Renzo hubiera soltado una carcajada de no ser porque de verdad quería saber qué demonios estaba pasando. Apretó los labios y los abrió tan solo para dar un nuevo mordisco a su dulce, esperando paciente por una respuesta.

Reír. Hacía seis meses que la sola palabra le hacía sentir mareado y furioso. Por un largo mes incluso fue incapaz de conjurar su patronus, le había tomado cinco años el volver a mirar su golondrina y ahora volvía a perderla, era ridículo. Pero ella, Freyja, había conseguido hacerlo sentir mejor el mismo mes en el que le había encontrado.

Altair sonrió ligeramente ante el recuerdo, de forma sincera y casi cariñosa por apenas una fracción de segundo. Sus ojos recorrieron el dorado cabello, siguieron la línea de la mandíbula ajena y no se detuvieron hasta posarse sobre los sonrosados labios; se perdió en ellos por un largo momento, embobado, hasta que la voz ajena lo trajo a la realidad.  Parpadeó confundido y volvió a prestar atención a las palabras y no a la anatomía femenina.

Existen formas mucho más entretenidas y eficaces de llamar mi atención Morgenstern, pero supongo este no es el lugar ni el momento para discutirlas —soltó de repente, esbozando un mohín cínico—. Y no te lo tomes muy a pecho, pero no es que me muera por escuchar tu usual verborrea. Es fácil calcular, acababa de mirar el reloj cuando llegaste y ahora cuando noté que no hablabas, volví a revisarlo —explicó restándole importancia al asunto.

Tomó otro sorbo de té tratando de lavar el sabor dulzón e intenso de la miel en su boca y una nueva sonrisa volvió a formarse en sus labios cuando tuvo el cristal sobre los mismos.

Oh, sé halagar a una mujer, pero no veo a ninguna cerca —siguió con la guasa—. Veo que hoy estamos optimistas, a menos claro que la razón por la que te comparas con una Veela sea que estás más ciega que un topo —y en aquel punto le fue imposible seguir guardando la compostura. Comenzó a reír con ligereza. No era una burla con saña y estaba seguro de que Freyja lo comprendería o al menos, eso era lo que esperaba. Paro luego de un momento, justo cuando la joven continuó soltando frase tras frase, sin darle tregua.

Si lo entiendes, deberías considerarlo —dijo, cortando el discurso ajeno antes de que las últimas palabras fueran pronunciadas. La risa había desaparecido por completo y por primera vez en aquel día, su rostro se tornó verdaderamente serio—, deberías considerar vivir conmigo, aquí —comentó de forma casual, dejando lo que restaba de su dulce sobre el platito de cristal, limpiando después la comisura de sus labios con la servilleta de tela que yacía a su lado.

Estuvo a punto de colocar una mano sobre la ajena, pero entonces las palabras de la rubia siguieron fluyendo y lo peor de su perorata, llegó a oídos del italiano. Altair replegó la mano al instante y se puso de pie con parsimonia, alejándose de la mesa hasta colocarse a un lado del gran ventanal que había cerca de la sala. Apartó ligeramente la persiana y cortina que lo cubría todo y miró a través del cristal, directo hacía el Bósforo. Hermoso, tal y como había dicho la mujer.

Existen tres razones por las que no he vuelto a Inglaterra y nada tienen que ver con mi zona de confort —confesó después de un largo rato. Llevaba en aquel momento tan solo un chaleco y una camisa de color vino que comenzó a arremangar con prolijidad hasta conseguir una elegante forma en el puño de la prenda, la cual terminó por envolver sus brazos por sobre el codo. La marca tenebrosa bailó imponente bajo la luz de las elegantes lámparas que parecían trabajar con electricidad, pero que en realidad funcionaban con magia.

Han pasado tan solo seis meses, pero la marca se ha deslavado un poco. ¿Ves cómo está más gris que negra? —preguntó y sin esperar respuesta, continuó—Tendré una posición privilegiada, pero Voldemort no me necesita. Debería considerarme afortunado por eso y sin embargo, me siento la peor de las escorias. ¿Sabes por qué me convertí en mortífago, Freyja? —en esta ocasión su rostro se apartó del paisaje y sus ojos fueron a posarse sobre los de su antigua asistente.

Lo hice para vengar a mi esposa y mira, aquí estoy, en Estambul, olvidando esa importante promesa, tan solo porque me enamore una vez más de la persona menos indicada —soltó una risa corta y amarga antes de volver la vista a los edificios que se extendían en el exterior. Pronto, el sol se pondría y las luces de la ciudad comenzarían a danzar bajo su ventana.

Ya no amo a Cameron, pero sé que a estas alturas ya forma parte de los rebeldes al cien por ciento y si vuelvo, es mi deber entregarlo… no sé si seré capaz de algo así —paró en ese momento, soltando un profundo suspiro mientras que su frente fue a recargarse por completo sobre el grueso vidrio.

La tercer razón eres tú —dijo, sonriendo con pesadez, era difícil para él admitir aquello pero suponía que era hora de hacerlo, sabía por experiencia propia, que era una pésima idea dejar pasar tiempo cuando se comenzaba a sentir algo así y una peor idea ocultarlo—. Cuando eras mi asistente pasábamos tiempo juntos, pero todo lo que hacíamos se relacionaba tan solo con trabajo. La mayor parte de mi día estaba ocupado en otros asuntos y mi tiempo libre estaba destinado a Williams. Sin embargo, cuando me encontraste aquí, nuestra relación cambió por completo—se alejó del ventanal y se encaminó hacia la mesa una vez más, tomando asiento en la orilla del sillón. Sus pies se plantaron firmemente en el piso, mientras que sus codos fueron a descansar sobre sus rodillas y su frente se apoyó sobre sus manos entrelazadas.

No quiero que trabajes para mí, no quiero volver a eso jamás. Quiero pasar tiempo contigo porque me gusta pasar tiempo contigo y no porqué sea necesario—al pronunciar aquellas palabras, su rostro volvió a erguirse y sus ojos volvieron a mantener contacto con los ajenos—. Supongo que lo que intento decir es que…—tuvo que parar para humedecer sus labios, las palabras estaban trabándose en su garganta—No sabría que hacer sin ti, siento que si vuelvo, te perderé—finalizó, incapaz de decir toda la verdad y sin embargo, consciente de que se había expuesto por completo. Morgenstern era una persona sumamente inteligente, estaba seguro de que había entendido a la perfección sus palabras y su tono sin necesidad de que él exteriorizara sus sentimientos de forma mucho más directa. Ella tenía razón, todo estaba pasando, todo había pasado ya en esos cinco meses.
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Re: Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Freyja A. Morgenstern el Sáb Ago 01, 2015 2:45 pm

Una vez que abrió la boca, dejó de fijarse en las expresiones de él. Incluso, la forma en la que la miraba le pasó completamente desapercibida. Pero, cuando su jefe empezó a hablar no pudo evitar mirarlo y esbozar una sonrisa tan burlona. ¿Quién pedía explicaciones?

Tranquilo jefe, no hay por qué dar explicaciones. —indicó alzando las cejas y con un tono divertido. Mas su mente se había quedado pensando en el primer comentario del pelinegro.

Freyja abrió la boca expresando una fingida indignación y se cruzó de brazos, reclinándose en su asiento. Frunció los labios y luego lentamente se dibujó en ellos una sonrisa, hasta que estalló en risas. ¿Cómo es que le pasaba por alto tantos “insultos” al hombre? Ah sí, habían tres razones lo bastante importantes: Era su jefe, ella sabía que todo era parte de un arsenal de bromas reservadas solo para ella y la última, que le gustaba verlo sonreír. Lo que menos importaba era que fuese a costa suya.

Pensó en un comentario algo inapropiado, pero antes de ponerse la soga al cuello lo abortó en el instante. En ese momento prefirió llevarse la taza de té a los labios, escogiendo el peor momento para tragar el delicioso líquido. Al oír lo que le respondió su jefe, Freyja empezó a toser y toser en cuanto vio la expresión seria de Altair. “Vivir aquí con él” Sí, eso era lo que ella había dicho. Solo que, no sabía de qué forma él esperaba que Freyja viviera allí, y de verdad ella quería pensar que si eso pasaba, sería tal y justo como lo venían haciendo hasta ahora. Ni más ni menos.

Claro, podríamos seguir con esto, ya sabes, trabajar en los artículos aquí y todo eso. —comentó como si fuese obvio a lo que se referían. Freyja tragó grueso y empezó a limpiar con tranquilidad su pequeño desastre. No, ella sabía que eso no era posible. Sabía a qué había ido ese día, y eso no estaba incluido en sus planes.

Sus grandes y vivarachos ojos barrieron la silueta de Altair por un instante, y el sutil gesto de la mano ajena no le pasó desapercibido. ¿Será que ella estaba equivocándose otra vez? Por un momento, temió que sí. Lo menos que deseaba era indisponer al otro y que terminara retrocediendo en tanto avance de su relación amistosa. Así que, prefirió limitarse a observar y escuchar, a solo cerrar la boca.

Frunció el ceño con ligereza al escuchar las primeras palabras, traduciéndolas rápidamente y sintiéndose levemente tranquila por confirmar lo que sospechaba: él lo había superado. O, al menos gran parte y la más importante que lo había llevado allí. El rostro concentrado de la rubia mutó a una seriedad absoluta cuando el otro miró se alejó y luego, miró el tatuaje en su brazo. Freyja no pudo evitar recordar a su padre recordándole que debía prepararse para el día en el que el Señor Tenebroso le impusiera la marca, una completa tontería. ¡Ja! cómo si él necesitara algo de ella alguna vez.

Estuvo tentada a responder a sus interrogantes de Altaír, casi moría porque confirmarle que ella lo sabía, y que por eso lo entendía, pero esa mentira no saldría de sus labios porque tal vez jamás llegara a comprenderlo completamente. Así que dejó que él mismo hablase, que el recuerdo de Deidre llegara y que el nombre de Cameron también.

Ser Morifago. Promesas, Venganzas, Amor… todo se mezclaba de tal forma que Freyja pudo captar desde otro punto de vista, a lo que se enfrentaba Altair. La situación no era tan fácil como ella lo quería ver. Suspiró hondo y no pudo evitar mirarlo con una infinita dulzura y admiración por sus palabras hacia Cameron. ¿Con qué clase de mortifago estaba tratando? Freyja bajó la cabeza e intentó pensar en cómo sacarlo de ese estado, trató de quitar las sandeces de su vocabulario y conseguir decir dar una opinión aceptable, pero…

¿Yo? —preguntó en un tono apenas audible cuando cayó en cuenta de que su nombre fue pronunciado por los labios ajenos. —Espera, ¿Qué se supone…—se mordió la lengua literalmente y levantó la cabeza para asegurarse que el otro en realidad la estuviese enumerando como tercera razón. Asentía con la cabeza a medida que lo escuchaba aunque no comprendía a dónde iba todo aquello. Sí, era cierto, habían pasado juntos más tiempo ahora y no creía que él se hubiese fijado en lo mismo que ella hasta ese momento. En realidad nunca se había detenido a pensar si él la consideraba siquiera una amiga cercana o si disfrutaba de su compañía más allá de lo laboral.

Lo observó sentarse de esa forma tan informal y se obligó a mirarlo solo a él y a nada más. ¿Dónde estaba aquel hombre soberbio y altivo que agitó su varita para limpiar el café de la blusa de Freyja?

La rubia fue abriendo los ojos más y más conforme aquellas palabras llegaban a sus oídos. ¿Qué le que gustaba pasar tiempo con ella? Freyja movió la cabeza para buscar aquellos ojos, correspondiendo esa mirada directa.

“Supongo que lo que intento decir es que…” << Quiero que seamos muy amigos y por eso no quiero ser tu jefe, fin de la historia >> Gritó Freyja internamente, esperando que todo acabara ahí. Pero, lo último la desconcertó, la mató y casi la tira de la silla. Literalmente, tuvo que aferrarse a la orilla de la mesa cuando debido a la reclinación la silla se tambaleó. Y el contacto visual desapareció.

Esto probablemente no forma parte del arsenal de “Bromas y burlas a Freyja” —logró articular. Respiró repetidas veces y miró a sus costados cómo si buscara la cordura de su jefe por ahí.

Esperó unos largos segundos, pensando que el otro podría retractarse en cualquier momento, pero nada sucedió. Se inclinó y apoyó los codos en la mesa, llevándose las manos a la cabeza. Su cabeza gritaba mil por qué y cómo mientras abría la boca para soltar algo que jamás alcanzaba a salir. Corrió la silla hacia atrás y se levantó, agitando la mano sobre su rostro debido a la repentina oleada de calor.

Se suponía que debías ayudarme a que todo fuese más fácil de dejar, solo tenías que decir “sí” y ya, solo eso. —empezó a hablar en tono bajo y algo suplicante, apoyando las manos en el respaldo de la silla. —Cambiaste mi vida laboral, cuando comencé a trabajar con el hombre que admiraba por la forma en la que escribía, sentí que estaba creciendo profesionalmente. Aunque ese hombre fuese un jefe mandón, exasperante y odioso—hizo una pausa y empezó a caminar de un lado a otro, como león enjaulado. —Cuando llegaste aquí pensé que tenía el mundo en mis manos allá, pero luego cuando el tiempo fue pasando solo busqué excusas para estar aquí más seguido. Solo Merlín sabe las tonterías que traje ¿recuerdas? Esas que me dijiste que podía haberlas hecho allá yo sola, —confesó, riendo silenciosamente—pero no me percaté de cuán peligroso se volvía esto para mí hasta aquella noche. —agregó con un tono más sombrío. Se detuvo en el espaldar de la silla y lo miró con melancolía contenida.

¿Recuerda que te conté de aquella chica con la que intenté volver hace unos tres meses? Sí, la que me rechazó. —preguntó tranquilamente, sin dar mucha importancia al recuerdo de la mujer. —Hace una semana llegué a mi apartamento, a mi habitación y ella estaba allí sobre mi cama, justo como la deseaba hace tanto. —extendió los brazos como si viese una cama más allá de Altaír, recreándose mentalmente la escena. —Era mi oportunidad, todo estaba en bandeja de plata, pero…—lo miró directo a los ojos—era como ver a cualquier otra cosa, sin atracción alguna. No la deseaba, ni siquiera la detallé. Mis ojos fueron a parar más allá sobre su hombro, justo sobre tus ojos grandes y penetrantes en aquella fotografía sobre la mesa de noche. Sí, aquella que nos tomamos junto a todos ese día en el periódico. Tú sonreías, yo sonreía a tu lado y eso era todo lo que yo deseaba en ese momento, a ti. —confesó y tomó una larga bocanada de aire. Por un momento sintió que le seguía faltando el aire.

Luego, pasé la semana siguiente pensando en el progreso de nuestra amistad. Analicé mi comportamiento y me di cuenta que no había hecho nada de lo que hice por nadie más, pero también que lo que obtenía de ti ya no era suficiente—sonrió y ni siquiera se percató de ello— y eso no estaba bien, para nada bien. —añadió esto último como si se estuviese regañando a sí misma. — ¿Cómo podía ser eso? Hace mucho yo había elegido las chicas, y ahora  mi soberbio, elegante y perfecto jefe lo dañaba todo. Era extraño y confuso, demasiado. Pero finalmente acepté que sentía algo por ti, que en realidad podías gustarme de otra forma. Y, fue terrible. No podía esperar nada de ti, eso era estúpido. —agregó alzando más la voz de lo normal, notándose que podía estar pasando por un breve momento de pánico.

Pero, había una solución. —dijo de repente. Cerró los ojos y respiró profundamente, luego sonrió esperanzada. —Una semana antes de lo sucedido con Teressa, mis padres me notificaron su viaje a Berlín y que un amigo de allá quería charlar conmigo. —su voz se fue apagando, como si temiese hablar. —Me ofreció un cargo en el periódico que estaba adquiriendo, y yo le dije que lo pensaría, juro que no le dije nada más, pero con lo que sucedió yo…—esas últimas palabras brotaron de su boca más rápido de lo normal—bueno, yo…—agregó sin poder decir nada más. Podía sentirlo, podía sentir sus ojos un poco humedecidos. Se giró y le dio la espalda, recargándose ahora en el espaldar de la silla. Esto no tenía que haber sido tan difícil si él no hubiese dicho todo eso…

Vine aquí, lo tenía todo cubierto y ahora tú dices esas cosas, y confundes lo que ya yo había…—le lanzó una mirada bastante severa— No sé qué tan difícil fue decir todo eso para ti…—se calló, ya no quería seguir pensando en lo que llevó al otro a decir esas cosas, quería escucharlas de él mismo. Quería más para dejar de sentir que se traicionaba a sí misma. Porque sí, ella era homosexual. Lo era y recordaba perfectamente el porqué de ello.

Y por lo que te expliqué antes es que necesito que regreses.  Y no te preocupes, ya busqué un reemplazo para mí. —dijo con la voz algo entrecortada, carraspeando al instante. Era estúpida la forma en la que se comportaba. — El manojo de pergaminos que traje son las hojas de vidas de algunas candidatas, pensé que quizá querrías que lo viésemos juntos. O no lo sé, ya no sé nada, yo solo...—agregó, pensando que con ello todo sería un poco más fácil. Después de todo, Freyja seguía siendo eficiente hasta el último día.


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Re: Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Renzo A. Abbatelli el Miér Ago 05, 2015 10:44 pm

No respondió a su primera pregunta, no iba a dignificar aquella incógnita con una explicación, sabía que Freyja había entendido a la perfección cada una de sus palabras.

La observó detenidamente, notando que la chica retiraba el contacto visual a la vez que su seguridad se derrumbaba. ¿Tan malo era lo que había dicho? Comenzaba incluso a dudar de su propia salud mental ahora y por un momento, creyó de verdad que había sido un error explayarse. Sin embargo, su orgullo le impidió también retractarse.

No —soltó, lo mejor era aclarar ese detalle, a pesar de que él consideraba obvio que sus últimas palabras habían sido pronunciadas con total seriedad.

La siguió con la mirada en cuanto ella se levantó y sus músculos se tensaron, ¿estaba a punto de ser rechazado? La incertidumbre le estaba devorando las entrañas y a pesar de ello, su rostro continuó serio, su máscara no se resquebrajó ni por un segundo, al menos no hasta que ella retomó la palabra. ¿Ayudarla? De qué demonios estaba hablando. La confusión adornó sus facciones al instante  e incapaz de seguir guardando la compostura conforme las frases llegaban a sus oídos, se puso de pie también.

Como siempre, Freyja estaba colocando demasiada paja a sus argumentos, había mucho de todo su parloteo que no tenía por qué haber sido mencionado aquel día y que comenzaba a impacientar a Altair sobre manera; después de todo, quería que fuera al grano y que le explicara inmediatamente a que se supone que debía ayudarla. Quiso parar su perorata, pero entonces la chica mencionó a esa antigua novia a la que Renzo había deseado desaparecer del mapa al segundo en el que supo de su existencia. Esperó cualquier cosa, incluso que Morgenstern le dijera que había vuelto con ella y que por lo tanto era imposible para ella corresponder a lo recién confesado, pero en definitiva, no se esperaba lo que la mujer le contó a continuación. Fue como si un peso cayera desde su espalda, muerto, junto a sus pies. Sonrió y cerró los ojos por un largo momento, abriéndolos tan solo cuando escuchó sobre la propuesta de trabajo, soltó un corto suspiro y colocó una de sus manos sobre la silla en la que Freyja había estado sentada, decidiendo esperar pacientemente a que la joven terminara de hablar.

¿Todavía tienes esa cosa? —fue la primera pregunta que salió de entre sus labios. Recordaba el día en el que aquella fotografía había sido tomada, un día terriblemente agitado. Les habían llegado noticias sobre un robo a Gringotts y tenían apenas un par de horas para sacar varios artículos al respecto, pero claro, en medio de la noche, a Freyja se le había ocurrido tomar aquella estúpida imagen.

No había tenido intención alguna de sonreír, pero algo pasó con el encendido de la cámara y tú hiciste ese gestó en el que frunces la nariz y tuerces la boca cada vez que algo te sale mal y entonces, fue inevitable —dijo, sonriendo después de medio lado, su mano, había comenzado ya a vagar por la madera, tratando de encontrar una oportunidad para moverse en otra dirección.

Morgenstern —la llamó, recuperando la seriedad—, hace meses que no soy tu jefe. Si antes no tenía intenciones de regresar a Inglaterra, mucho menos lo haré ahora que sé que pretendes irte—agregó, ladeando ligeramente el rostro, negando con la cabeza apenas—. El editor general de El Profeta me pidió que no te dijera nada porque parecías trabajar mucho mejor cuando pensabas que aun tenías a alguien pisándote los talones, además, quería que te ayudara un poco con todo antes de que pudieras tomar mi cargo por completo. Y yo acepté porque disfruto de tu compañía, lo lamento —confesó, si ya había comenzado a sincerarse, no veía el porqué de no seguir haciéndolo.

Aceptaste la propuesta en Alemania porque creíste que no podía corresponderte —dijo y su mano por fin encontró un camino para colarse hasta la cintura de la mujer, mientras su rostro quedó a apenas centímetros del ajeno—, ¿De verdad quieres irte ahora que sabes que estas equivocada? —preguntó en un murmullo antes de depositar un beso en la comisura de sus labios, de ahí, su boca vagó hasta el mentón y después hasta la mandíbula.

La sexualidad es algo demasiado flexible, no deberías permitir que el orgullo te etiquete. Conocerse a uno mismo es algo que cuesta trabajo, está bien si no lo consigues en una primera ocasión —dijo cerca de su oído, antes de alejar el rostro una vez más, colocando entonces su frente contra la de la periodista—. Quédate aquí o en Londres, pero quédate conmigo —finalizó muy cerca de sus labios, los cuales volvió a besar en ese mismo instante, profundizando al fin, mientras que su mano libre subió hasta su mejilla, donde sus dedos se enredaron en los rebeldes rizos rubios de su acompañante.
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Re: Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Freyja A. Morgenstern el Dom Ago 09, 2015 12:27 am

No había vuelta de hoja. Lo hecho, hecho estaba. Freyja, creyó que podría estar mucho mejor consigo misma sino omitía ni un solo detalle de aquella sincera explicación, pero eso no ocurrió. El ritmo de su respiración aumentó conforme lo hicieron los nervios, y el temor de echarlo a perder todo le invadió de repente. ¿Y si había conseguido espantarlo o incluso, ofendido?

La rubia no se atrevió a girarse a pesar de que se estaba muriendo por ver la expresión del pelinegro. Se sentía como una niña pequeña que acababa de confesar algo terrible, y aguardaba con ansiedad una reprimenda de sus padres. Porque sí, estaba casi segura que cualquier con el carácter de su jefe tomaría la aceptación de ese trabajo sin consultarle como una traición, una terrible traición. Freyja casi temió que eso opacara aquello declarado por Altaír, y que evitase una renovación de sus sentimientos por ella.

Pero, no llegó a escuchar ni siquiera un ligero bufido. La asistente se asió con ambas manos a su falda, tragando grueso y con el oído muy alerta a todo sonido. Pero todo lo que llegó a ella fue una simple y apacible pregunta.

¿Ah? ¿Qué cos…—balbuceó, sacudiendo la cabeza, algo confundida. — ¿De todo lo que dije me estás preguntando por eso? —preguntó completamente incrédula. Miraba con ojos atónitos, le subió el color a la cara y cuando el enfado llegó, sintió que no pudo articular palabra. Pero en aquel momento, una voz gritó en su cabeza, y fue cuando respiró hondo dejando toda posibilidad de reclamo absurdo atrás. A veces ni siquiera se notaba aquellas circunstancias que la favorecían.  

Oh eso—contestó bastante tranquila. — Sí, claro que la conservo. Sabes que me gusta retratar momentos importantes de mi vida. —continuó, sin darse cuenta que tan solo pensar en ello, se le dibujaba una sonrisa de enamorada en los labios. —Ni siquiera puedes imaginar todo lo que guardo. —confesó con cierta ternura en la voz, al segundo que se percató de ello se ruborizó aún más.  

No sabía cuánto la delataba su rostro cuando de sus sentimientos se trataba. Y es que Freyja parecía haberse perdido una vez más en aquel recuerdo, en los ajenos ojos seductores de aquella fotografía; sin siquiera pensar que podía desviar la mirada y apreciarlos en vivo y directo. Fue solo cuando aspiró el exquisito aroma de ese perfume tan único, que sus sentidos volvieron a la realidad.

Lo sé. —murmuró solo para ella, riendo ligeramente cuando escuchó la primera frase. Como cosa rara, aun recordaba cuanto le había pedido que sonriera. Pero, cuando todo lo demás llegó a sus oídos, no se atrevió a pronunciar una palabra más.

Freyja abrió la boca ligeramente, rozando con sus dedos delicados la punta de su nariz y luego sus labios. Lo sentía ya tan cerca, y ella mantenía la misma posición con los pies aun pegados al piso. Parecía como si todo su cuerpo, pero en especial sus labios, estuvieran esperando algo más. Al instante que pensó en bajar la mirada, escuchó su apellido en ese tono de voz al cual se había acostumbrado mucho.

Levantó la vista y siguió cada uno de sus gestos y movimientos. Alzó las cejas y abrió la boca como si fuese a replicar algo, pero solo se llevó una mano a la cabeza algo arrepentida de haberle dicho todo eso. “Perfecto Freyja, has logrado que se empeñe más en no volver, a veces simplemente no puedes ser más estúpida. Debiste haberte marchado sin decir nada y solo enviar una lechuza cuando estuvieses bien lejos, entonces…

Él seguro no me habría ido a buscar ni siquiera al fin del mundo, y todo sería más fácil. —exteriorizó el resto de su pensamiento en voz alta, algo enfadada consigo misma. ¿Qué iba a pasar con la sección si él no regresaba? ¿En realidad esto estaba ocurriendo? ¿Él podría necesitarla tanto en su vida que dejaba su trabajo en segundo lugar?

Más no fue sino la siguiente declaración que la hizo dirigir ese fugaz sentimiento a otros.

Espera, ¿Qué? —preguntó de inmediato algo desconcertada, por lo que ambos hombres habían hablado a sus espaldas. Creyó poder reclamar algo con respecto a eso, pero en el instante se percató que no tenía cara para ello. Después de todo, ella también había planificado casi todo sin consultar a nadie.

Si yo iba a ocupar tu cargo ¿Ibas a irte definitivamente? ¿Pretendías dejarme? —balbuceó con un hilo de voz, más para sí misma que para el otro. No era ningún tipo de reclamo, no. Frunció el entrecejo, quizá estaba más enamorada de él de lo que pensaba. Lo miró y le sonrió con dulzura ante la última frase. ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo lograba ser tan adorable, tan perfecto?

Si estuvieses en mi lugar y te apreciaras desde mi punto de vista, verías que no era una opción tan descabellada. —le aseguró, algo avergonzada. Freyja a veces se jactaba de su detallada sinceridad, pero sabía que había omitido deliberadamente esa oración que Altaír sí estuvo dispuesto a decir en voz alta. Y es que tenía razón, el huir de un terrible rechazo era su móvil principal. Pero las razones que soportaban el argumento de Freyja eran consistentes, empezando a pensar cada una de ellas en ese momento, probablemente para enumerarlas en voz alta. Sin embargo, se vio interrumpido por el toque el su cadera y el antojoso palpitar de su corazón.

Su cuerpo reaccionó al fin, flexionando los brazos, situando las manos sobre el pecho y los dedos enganchados en el cuello de la camisa color vino. Cerró los ojos, entreabrió los labios y aspiró el dulce aroma del aliento ajeno, y deseó con todas sus fuerzas un beso de aquel hombre.

No lo sé, hasta ahora no me has demostrado que lo esté. —contestó coqueta sobre sus labios. Presa del encanto que suponían las caricias de ese hombre, echó la cabeza un poco hacia atrás para dejarse besar de aquella forma. Con cada beso, sus manos movían el agarre.

Si…uhm, ajá, supongo que puedo intentarlo. —musitó sin seguridad alguna, ya que sus sentidos estaban completamente bajo el dominio de aquel seductor. Llevó una mano a la mejilla de Altaír y la sostuvo con delicadeza, mientras sus grandes ojos escudriñaban intensamente cada detalle de esa silueta, desde la punta de su cabello hasta su pecho.  

Correspondió de inmediato al beso, sus labios moviéndose contra los de Altaír, mientras sus brazos volvían al pecho de su acompañante, atrayéndolo hacia ella con energía. Sentía la adrenalina correr por sus venas, ya no había absolutamente nada que pudiera impedir darle rienda suelta a lo que sentía. Se separó de él, apenas unos centímetros en cuanto hizo falta, y luego de mirarlo con ojos anhelantes volvió sobre los deleitables labios, entrelazando su lengua con la ajena. Avanzó dos pasos, empujándolo mientras el contacto se tornaba más voraz. Y al percatarse de ese movimiento, se separó abruptamente.  

Llevó una mano a su pecho agitado y bajó la mirada a la que se encontraba emprendiendo una lucha con el chaleco del hombre. Freyja abrió los ojos más de lo normal, y las dudas invadieron su cabeza.

Lo siento, yo…— ni siquiera sabía de qué se estaba disculpando, y solo negaba con la cabeza. Azorada, volvió a mirarlo a los ojos. —No quiero que pienses que soy, que yo…—hizo una pausa y suspiró pesadamente. —Debes estar pensando que soy una estúpida. —añadió, mordiéndose el labio inferior.  

¿En realidad crees que esto pueda funcionar? ¿En serio crees que yo pueda ser lo que quieres? — preguntó. — No necesitas hacer todo esto para que me quede. —agregó, algo de lo que se arrepintió en ese mismo instante. —Oh no, perdón no quise decir eso. Ay Merlín, es solo que…—llevó las manos a su rostro, barriendo su cabello hacia atrás, respirando profundamente. —Tengo miedo ¿sí?, no quiero que esto se arruine y no sé cómo voy a manejarlo…esto es nuevo para mí…—agregó una palabra tras otra con mucha rapidez, mientras agitaba las manos bastante turbada y retrocedía algunos pasos, apoyándose sobre la mesa.  

No lo entiendo, trato de comprenderlo pero no puedo. ¿Qué fue lo que te hizo fijarte en mí? —preguntó. Más que querer, era una necesidad saberlo. Quizá estaba pidiendo demasiado, pero sentía que conformarse con lo que había escuchado no era suficiente para dejar de considerar aquello como un arrebato de momento. —Espera, no. ¿Sabes qué? Tal vez deberíamos olvidar esto, sí. Tal vez sea mejor irme ahora, así puedes considerar todo ahora que te doy seguridad que no me iré. — agregó alzando las manos para acallar algo que en realidad moría por escuchar.


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Re: Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Renzo A. Abbatelli el Mar Ago 11, 2015 12:19 am

No esperaba que el contacto subiera de tono tan rápidamente y sin embargo, cuando notó los movimientos de las manos de Freyja sobre su ropa y los besos cada vez más hambrientos, no pudo hacer otra cosa que corresponder con la misma pasión.  Sus manos bajaron por la figura femenina y se fijaron —a pesar de todo— en la cintura ajena. Que ella deseara tener el control de la situación en cualquier ámbito, era algo que siempre le había gustado a Altair.

Estaba tan concentrado en lo que ocurría entre ambos que la sorpresa le golpeó duro en cuanto la chica terminó por empujarlo lejos. Sus ojos bajaron junto a los de ella hasta la delicada mano que se encontraba todavía forcejeando con los botones de su chaleco negro y subieron una vez más hasta posarse en las facciones de su acompañante.

¿Por qué pensaría eso? —preguntó mientras soltaba un bufido y ponía los ojos en blanco—No tienes por qué disculparte por absolutamente nada —le aseguró, excepto quizá por intentar poner mil y un peros para un sentimiento que era claro, los dos compartían, pero suponía que esa era una bomba demasiado obvia como para realmente ser utilizada como un arma dentro de aquel argumento.

Esto va a funcionar —corrigió, resaltando el verbo mientras volvía a dar un par de pasos al frente, intentando salvar el espacio que ahora los separaba—. No, creo que va a ser un desastre, ¡cómo me atrevo a decir todas estas sandeces! —agregó sin poder evitar el sarcasmo en aquella ocasión.

Morgenstern, no estoy haciendo esto para que te quedes, ¿En serio me crees capaz? Tengo un par de candidatos más en mis archivos para el puesto que fácilmente podría pasarle al director de El Profeta. De todos modos ya no tengo nada que ver con el diario y lo único que me une a él eres tú. Básicamente este no es mi problema —comenzó pro explicar tras soltar un ligero suspiro. Alargó una extremidad y tomó las manos de Freyja entre las suyas.

Ahora dime, ¿esto es nuevo en el sentido de que nunca te habías enamorado? o tal vez es que… nunca habías estado con un hombre antes —inquirió, curioso incluso seductor mientras sonreía una vez más de medio lado. Sus dedos se desprendieron entonces de la mano ajena y subieron por el delgado brazo hasta volver a posarse sobre la tersa mejilla.

No me digas que la osada y descuidada Frejya Morgenstern, la que no se calla ni una sola verdad, ni siquiera cuando está frente al propio ministro, tiene miedo a ser feliz —se mofó, aunque su voz en lugar de salir burlona había aparecido como un murmullo suave y atento.

No voy a esperar nada, ¿sabes por qué? —preguntó, volviendo a alzar sus propias manos para atrapar las que intentaban escaparse—. Porqué acabas de responder a mi confesión con actos, acabas de admitir que me quieres tanto como yo te adoro y tu pequeña y retorcida cabecita no va a separarnos solo porque piensa que puede salir dañada en el proceso. Porque no, no voy a hacerte daño, ¿cómo podría?, ¿qué quieres que te diga para que me creas? —dijo, esta vez con vehemencia. Estaba harto de aquellas estúpidas dudas sin fundamento. No iba a soportar a otro amante que quisiera fabricar un abismo para no poder estar junto a él a pesar de que era claro que deseaba más bien salvar el precipicio con un puente.

¿Quieres que te proponga matrimonio? Porque podría hacerlo, en este mismo instante. Pero no, no voy a darte el gusto de arruinar todos mis planes y lo que podría ser mejor planificado tan solo porque crees que no eres suficiente.  No seas tonta, ¡lo eres todo! Estas haciendo todas las preguntas equivocadas—sentenció, alzando ligeramente la voz sin siquiera darse cuenta y a pesar de ello, no soltó a la joven en ningún momento, por el contrario, la abrazó por fin una vez más, dejando claro que no iba a dejar que se escapara hasta que terminara de escucharle.

Eres condenadamente metiche y ambiciosa, pero también dulce e inteligente —explicó con simpleza—. No necesito reconsiderar ni una sola palabra de lo que he dicho hoy, podrías darme veritaserum y no cambiaría ninguna de mis frases. He hecho mi elección, tienes que hacer la tuya, pero sin pensar en sandeces ni tergiversando lo que te he contado, porque todo es verdad y no voy a tolerar que pienses que miento.

La soltó en aquel instante y dio tres pasos hacia atrás, si quería aparecerse fuera de su vida, él no iba a detenerla, al menos no por ahora.
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Re: Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Freyja A. Morgenstern el Miér Ago 12, 2015 3:28 am

Sus inseguridades podrían no tener ni pies ni cabeza para los demás, pero la cabeza de Freyja era un mundo tan amplio que allí tenían un puesto muy importante. Para la rubia era muy difícil deshacerse de todas ellas, en especial cuando tantos fracasos pasados las habían alimentado por tanto tiempo. Jurarse a sí misma que haría todo cuanto estuviese en sus manos para no tropezar con una misma piedra dos veces, era un arma de doble filo. Por un lado, la protegía de futuros y dolorosos fracasos; pero, también privaba a su corazón de muchas oportunidades que podrían traerle la felicidad y tranquilidad que siempre añoraba.

Y ahora, justo en ese instante, estaba de pie frente a ese hombre en una situación que jamás se imaginó estar. Probablemente, privando a su corazón de su mejor oportunidad. Sí, Freyja lo estaba arruinando una vez más. Porque después de semejante pasión por parte del otro, disculparse era de hecho, la peor interrupción que se le pudo ocurrir.

La chica de los rizos de oro, bajó la cabeza en cuanto fue corregida. ¡Por Merlín! ¡Se sentía tan estúpida! A pesar de ello, y la vergüenza plasmada en su rostro, no se movió para dejar el sitio. No, ni siquiera cuando vio la persistencia de Altaír. Definitivamente, ella era la más grande idiota de todas y también muy dura consigo misma. Tenía que fijarse en todo el comportamiento de aquel soberbio pelinegro, ella más que nadie sabía que esa actitud de Altaír solo era preservada para aquello que de verdad le importaba.

Qué gracioso. —musitó ante su sarcasmo, rodando los ojos y dando un ligero suspiro. Levantó la mirada y la clavó en los labios masculinos. —Lo sé, lo sé, tienes razón. Pero ya no digas esas cosas ¿sí?, lo único que logras es que me crea más importante para ti, por encima de tu empleo. —agregó con una media sonrisa, dejándose tomar las manos. Y en aquel segundo, aunque ella misma no lo pudiera ver, su rostro se había iluminado igual que una adolescente enamorada. El hecho de ser tan importante en la vida de aquel hombre, era algo que la llenaba demasiado, incluso más que el éxito laboral que pudiera ambicionar.

Al escuchar lo siguiente, no pudo evitar bajar la mirada otra vez. Se mordió el labio inferior y pestañeó repetidas veces, terminando por soltar un suspiro de resignación. “¡Bravo! Has dado en el meollo del asunto”.

No, claro que si me he enamorado. —aclaró, volviendo los ojos a él. —Claro que, aun con todo eso, tú eres diferente incluso ahí. —continuó, ladeando la cabeza y cerrando los ojos para sentir el roce del aquellas manos. Las comisuras de sus labios se elevaron, girando el cuello parcialmente para posar sus labios en el tacto delicado del otro.

Y…—se mordió el labio inferior, y sonrió con timidez. —no, técnicamente no he llegado a nada con un hombre. He sido engañada por ellos en repetidas ocasiones, —hizo una pausa y frunció el ceño ligeramente— nada más allá de besos, nada. —agregó, carraspeando en la última frase.

Freyja le miró con ternura y sonrió ante lo que tomó como un cumplido. Luego, negó con la cabeza.

No es que no quiera, es que, es tan... —trató de apartar la mano, y rindiéndose en el mismo instante. Luego, lo que escucharon sus oídos le dejaron literalmente noqueada. ¿Qué quería ella? Ya todo lo que quería saber lo había oído, y sin embargo algo dentro de ella se había empeñado en construir un muro que no hacía falta.

Sus ojos se humedecieron, a causa del fuerte sentimiento que le invadió. Quería abrazarlo y besarlo, quería sentir que sus palabras eran ciertas. Y justo cuando decidió dejarse dominar por lo que sentía, abrió la boca por la sorpresa. ¿Matrimonio? ¿Qui-quién dijo al-algo de eso?

No, no, no. Espera, no. —negó efusivamente con la cabeza, pero su petición llegó como un murmullo ahogado por el tono de voz del otro. Freyja tomó una bocanada de aire, de repente se sentía azorada. Correspondiendo al abrazo de Altaír en cuanto lo sintió sobre ella. Freyja se quedó en completo silencio ante todo lo demás, sabiendo que aquello era un ultimátum verídico y que todo era cierto.

Comprendo, entiendo que esto es algo así como un ultimátum. Siento que estás en un nivel en esto que yo no alcanzo a llegar. Y lo siento, de verdad lo siento, —dijo, y se disculpó otra vez—y no pienso solo en mí, la razón principal de mi decisión es por ti, no quiero defraudarte, no en esto. —agregó con voz entrecortada.

Freyja sacó su varita y se Desapareció. Luego, después de unos dos minutos, la rubia se Apareció a espaldas del pelinegro con una amplia sonrisa en el rostro.

Veo que es usted un señor de palabra. —le dijo mientras rodeaba por detrás, la cintura ajena. Freyja rió ligeramente, descansando su barbilla en el hombro de Altaír. —A mí también me gusta bromear, lo siento. —volvió a reír, pero ésta vez con más fuerza.

No voy a negar nada de lo que has dicho y mucho menos aseguraré que mis miedos se han ido. Pero algo si voy a decirte, —hizo una pausa y volvió a situarse frente a él— si tú estás seguro, yo no seré un obstáculo entre los dos. Antes de hoy, sabía que me gustabas, pero ahora sé que estoy enamorada de ti. —tomó su rostro entre sus dedos, y lo besó con dulzura. —Oh, y tranquilo que no arruinaré tus planes. —agregó con una sonrisa divertida, mientras volvía sobre él, besándolo con tanto ardor que su primer beso había quedado en un pasado lejano.


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Re: Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Renzo A. Abbatelli el Jue Ago 13, 2015 12:04 am

Altair quería entender ese mundo amplio de complejos, quería entenderlos para poder ayudarle y por primera vez, maldijo su falta de empatía. No comprendía porque Freyja se angustiaba por cosas tan simples, que tenían solución además. Tal vez le hacía falta conocerla más a fondo, porqué podía recitar de memoria cada una de sus expresiones e incluso se jactaba de conocer la mayoría de sus gustos y estaba incluso casi orgulloso de las convicciones de la mujer, pero eso no le daba entrada libre a su pasado y el pasado era ciertamente algo importante para cada individuo sin importar el qué.

La miró por debajo de un par de parpados entrecerrados, incrédulo, en cuanto escuchó otra de sus suposiciones, falsa, por supuesto. ¡Qué no le había quedado claro que en efecto era importante para él! Nuevamente no dignificó aquello con una respuesta. Esperó.

Abrió ligeramente los ojos ante la confesión referente al género masculino, pero después le observó con ternura. Si se lo permitía, él se iba a encargar de enseñarle todo lo referente al respecto.

Al final, una risa ligera se le escapó al escuchar sus negativas. No se había ofendido en cuanto rechazó su oferta de matrimonio, no había sido una formal y la verdad es que él mismo se hubiera comportado de aquella manera de haber estado en su lugar, era repentino y extraño, aunque para él la situación de verdad apuntara a dicho desenlace. Ya se lo haría saber en otro momento.

No es un ultimátum, es simplemente una manera para prevenir que alguno de los dos sufra. ¿No te parece que hemos sufrido ya lo suficiente? —preguntó sonriendo ligeramente, una sonrisa entera y no esas de medio lado que dedicaba tan solo cuando era sarcástico o seductor—. Freyja, no estás hecha de madera, tienes que defraudarme, tienes que cometer errores, yo mismo voy a cometerlos y posiblemente sea el primero en caer del pedestal en el que me tienes, pero eso es necesario. Somos humanos y lo importante en una relación no es ser perfecto, es aprender de los errores, comprenderlos y seguir adelante. No voy a botarte al primer error, ni al segundo, ni al tercero, ni siquiera al centésimo. Te lo he dicho, he tomado mi decisión y esa es amarte con todo lo que conlleva. No voy a dejar de hacerlo a menos que te vuelvas loca y mates a mi familia entera, pero ese creo, es un error del que estamos a salvo —se permitió bromear al final, para romper un poco la tensión que se había formado y porque todo lo que había dicho era demasiado denso. Tan solo una vez Altair había pronunciado todas aquellas palabras y ahora, se estaba permitiendo hacerlo una vez más. Le resultó increíble cuan fácil había sido sacarlas de su pecho y eso solo confirmaba que en realidad, hacía lo correcto.

Estuvo seguro por un instante de que la chica terminaría por ceder, pero en ese momento, la vio esfumarse entre sus ojos, dejándolo con la palabra en la boca y ya no supo que pensar. Se mantuvo firme en su posición, atónito y a punto estuvo de desaparecerse el mismo cuando escuchó el puff a su espalda. Sus ojos se cerraron en cuanto los brazos le envolvieron y un suspiro se escapó de entre sus labios.

Muy gracioso —le respondió con sequedad—, cuente ese como su primer error, señorita Morgenstern —le advirtió, tratando de mantener un enojo que se le escurrió de entre las manos a penas un segundo después.

Está bien, pero tienes que compartir esos miedos, es importante —murmuró, callando después, no quería interrumpir y fue una suerte que no lo hiciera porque el beso que fue posado sobre sus labios fue incluso mejor que el primero que habían compartido.

¿Cómo si yo hubiera permitido que los arruinaras? —se mofó, tomándola por la cintura, colocando una mano en lo bajo de su espalda mientras que la otra subía hasta situarse tras su cuello, donde empujó para que el beso que ella había iniciado nuevamente, fuera mucho más íntimo.

Mientras continuaba correspondiendo al roce, profundizando cada vez más, llegando al punto en el que aquella caricia en realidad no era apta para ser profesada en público, Altair aprovechó para sacarse los zapatos con la punta del pie, empujando en el talón, retiró los calcetines de la misma manera y después, se separó de la rubia sonriendo de medio lado.

Quítate los zapatos —le pidió en un murmullo divertido, interrumpiendo las caricias,  aprovechando aquel mismo instante de sorpresa para deshacerse del chaleco que de todos modos, estaba ya casi por completo desabotonado, cortesía de la señorita frente a él—y súbete a mis pies—agregó, volviendo a besarle, esbozando una nueva sonrisa sobre los labios ajenos.

Dime, ¿cuál es tu flor favorita? —susurró contra el lóbulo de su acompañante sin dejar de abrazarla, una de sus manos sin embargo, habían apresado la de la mujer, llevándola hasta su pecho, mientras que la otra continuó en la espalda, como si estuvieran a punto de iniciar un vals.

Se sorprendió por un momento de cuan en paz se sentía consigo mismo. En otra época, habría matado por estar en aquella misma posición con Cameron pero ahora, estaba seguro de que no hubiese cambiado aquel momento para nada, ni siquiera por otra oportunidad con el mago golpeador.
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Re: Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Freyja A. Morgenstern el Lun Ago 17, 2015 10:41 pm

Algo muy importante había conseguido Altaír aquel día, y era que Freyja comprendiera cuán interesado y comprometido estaba él en ella, y en esa relación que apenas surgía entre ambos. Lo que llevó a la rubia a sentirse más tranquila aun cuando seguía temiendo al fantasma del fracaso. Saber que ese hombre estaba dispuesto a levantarse de las múltiples caídas que pudiesen tener, la animaba a apartar todo temor y a entregarse por completo.

Me hubiese gustado ver tu expresión cuando me aparecí, seguro estaba de foto. —se burló, mordiéndose el labio inferior. —Pero bueno, supongo que tu cuerpo tieso lo dice todo. —añadió al instante que el otro pronunció su apellido con ese tono de voz tan encantador.

Es una promesa. —aseguró, asintiendo firmemente cuando el contacto de sus labios se separó a penas unos centímetros. Ahora sabía que no podía tener ningún tipo de secreto con Altaír, que así la avergonzara de cualquier forma, tenía la obligación de no permitir que éstos dañaran lo que ambos habían iniciado.

Sonrió sobre los labios del otro, por supuesto que ella no podía arruinar nada. De alguna forma, el pelinegro siempre conseguía lo que se proponía, y allí fue cuando Freyja supo que ese hombre cambiaría aún más su vida. ¿Era posible que alguien pudiese hacer lo que jamás pensó, por amor? ¿Era posible llegar a un tipo de amor a ese grado? Aún no lo sabía, pero estaba segura que pronto lo descubriría.

Cruzó los brazos alrededor de la cintura ajena, sintiendo el roce de su cuerpo a plenitud. No deseaba ya cohibirse de cualquier contacto “inapropiado”, ni cometer la misma tontería que hace unos segundos, no. Siguió el ritmo del beso, mordiéndole el labio inferior y lamiándoselo sin separarse. La palma de sus manos descendieron hábilmente por lo bajo de su espalda, y sus dedos se movieron con premura para sacar la camisa de su pantalón.

Tan concentrada estaba en lo que ocurría, que no se percató al momento de nada más. Suspiró y miró anhelosamente sus labios por unos segundos antes de alejarse de ellos. No comprendió lo que el otro se proponía sino hasta después de verlo despojarse de su chaleco. Imaginó cualquier cosa, menos esa petición tan divertida. Correspondió a su beso en respuesta muda a dicha petición.

¿Los pies? —preguntó a lo último, en medio de una risa juguetona y una expresión de sorpresa. Atendió de inmediato y se deshizo de las medias, al igual que su calzado. —Ésta idea tuya no te favorece para nada. —se burló al subir sus pies a los otros.  Ahora ella lo superaba en altura debido a la baja estatura de él.— Ahora entiendo por qué los tacos en tus zapatos. Ay, eres tan pequeño como un niño tierno. —agregó enternecida, inclinando un poco la cabeza para verlo directo a los ojos. Posó sus labios en la frente del hombre, bajando delicadamente en un recorrido de besos por la nariz y la mejilla.

Magnolías. —contestó sin pensarlo, esbozando una pequeña sonrisa al sentir la ternura y delicadeza del otro. Realmente no podía creer en qué situación se encontraba con Altaír, con un hombre. Nunca le había gustado la rudeza de otros que creían ser románticos y detallistas, cuando solo mostraban lo contrario. Freyja se sentía agradada, completamente a gusto y en confianza. ¿Hace cuánto que no se sentía así? —Su elegancia, sus tonalidades, su textura y simetría, solo la hacen una belleza en estado puro. —añadió después de un segundo.

No peso mucho ¿no? —bromeó mientras sus ojos se clavaban en su mano sobre el pecho ajeno. —Tu corazón…—hizo una pausa y abrió ligeramente la boca, algo sorprendida. Era el tenue latido de su corazón, un sonido sereno y hermoso. Freyja acarició el pecho, ascendiendo hasta su cuello y luego volviendo a su posición original, como si se tratara de una inspección. Sintió el aumento del latido y sonrió, apoyando su frente contra la de él. —Gracias, gracias por dejarme entrar ahí. —agregó sin poder evitarlo.

¿Qué sigue ahora? Puedes preguntarme lo que sea, seré sincera. —dijo con una sonrisa divertida. —Es gracioso ¿no? Sé de memoria detalles, casi todo sobre ti y hay tanto que ignoras de mí. —continuó mientras se aferraba aún más a él. —Quizá soy una asesina en potencia y ni lo sabes, o un licántropo. ¿No has notado que desaparezco en luna llena? —añadió en una carcajada. Quería reír y reír, era todo lo que deseaba. Tenía ese trozo de felicidad en sus manos y lo disfrutaría al máximo.

Freyja movió su pelvis contra la otra, plantándose firme y preparada para un baile. Su mano vagó hasta uno de los cabellos del periodista y lo peinó.

Estoy completamente lista para tus peticiones. —le dijo, viéndolo directamente a los ojos.


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Re: Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Renzo A. Abbatelli el Miér Ago 19, 2015 11:57 pm

Sí, los pies. No hagas preguntas —comentó poniendo los ojos en blanco, aunque ya sabía que aquella petición era casi imposible de cumplir—. Sé que te dije que no te iba a botar ni por tu centésimo error, pero a este paso ya no sé qué ocurrirá —dijo, sonriendo a penas de medio lado al escuchar la broma sobre su estatura.

De hecho, yo creí que pesarías bastante dada las cantidades exorbitantes de comida que ingieres a diario, o al menos cuando estás conmigo. Sorprendentemente, no me quebraste ningún hueso —devolvió el favor, riendo ligeramente por apenas un momento, hasta que escuchó su voz una vez más y sintió la mano sobre su corazón.

No dijo nada, tomó los dedos con los que la joven había acariciado su pecho y los llevó hasta sus labios para besarlos. Sonrió una vez más ante su perorata y volvió a quedarse en el mutismo, ella ya hablaba suficiente por los dos.

Tenía un hechizo en particular que había creado hacía ya mucho y que no había utilizado por años enteros. No era nada especial, seguramente con la combinación de algunos encantamientos ya existentes se hubiese conseguido algo muy similar. No le preocupaba.

Llevó una mano rápidamente hasta los ojos de su acompañante y los cerró con la palma.

La mente en blanco —le advirtió, apareciéndose un momento después sobre el tejado del apartamento, el cual, por extraño que pareciera, estaba lleno de agua. Nada exagerado, apenas unos cuantos centímetros que apenas si alcanzaban a cubrir los pies por completo.

El sol ya se había puesto y las luces de la ciudad habían comenzado ya a brillar por debajo. Altair sacó entonces la varita e hizo uso de aquel viejo hechizo. La magia fue no verbal y por lo tanto, no hubo ni un solo sonido que saliera de su boca para interrumpir el momento en el que una lluvia de Magnolias cayó repentinamente del cielo y sobre el agua bajo sus pies.

Quizá debería decir ahora algo especialmente despreciable. Tú sabes, tan solo para equilibrar el nivel de cursilería desplegado el día de hoy —dijo, aclarándose la garganta poco después, encogiéndose de hombros. Lo hecho, hecho estaba.

Se inclinó nuevamente, tratando de evitar el repentino bochorno que le había invadido. Sus labios se unieron a los ajenos en un delicado rose mientras la mano que había tenido en la cintura de la joven, subió hasta su mejilla, donde la sostuvo para poder besar a la dama con un poco más de ímpetu.

Como pudo y en un momento de lucidez, tomó una vez más la varita con su mano libre y entonces algo comenzó a sonar al fondo, música que tan solo ellos podían escuchar.

Měsíčku na nebi hlubokém —murmuro entre besos y aunque quiso también traducir ya no le fue posible. Repentinamente sentía que había desperdiciado demasiado tiempo lejos de aquellos labios.
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Re: Various Storms & Saints ▲ Privado

Mensaje por Freyja A. Morgenstern el Dom Ago 30, 2015 1:23 am

Risueña, asintió con energía. Freyja tenía dibujada una sonrisa en el rostro que no se la quitaba ni el más mínimo disgusto, en lugar de ello, aumentaba con cada gesto o palabra de su acompañante. Le hacía tanta gracia la situación, no podía creer que ese tipo de contestaciones de parte de Altaír causaran en ella un efecto tan distinto a hace unas semanas atrás. Pronto, dedujo que se trataba de la libertad que ahora tenía para hacerle el mismo tipo de bromas que durante mucho había recibido por parte del otro. Y también, claro está, al escalón que habían subido en su relación.

Suspiró enternecida ante el gesto, mirando sus propios dedos sobre los delgados labios ajenos. Esos que ahora tenía la dicha que fuesen suyos.

Se quedó paralizada cuando vio todo negro, y a pesar de que las interrogantes llegaron a su mente en aquel instante, no permitió que sus labios las formularan. La chica rizos de oro solo cerró los ojos y se concentró en la petición. Sintió el desvanecer de su cuerpo, pero fue tan rápido que a penas y se percató de lo sucedido.

Debido a lo aferrado que se mantenía al cuerpo de Altaír, no se tambaleó ni un poco. Lo primero que hizo fue elevar la vista al cielo y con una espléndida sonrisa, miró en todas las direcciones. Sintió una ligera oleada de frío en sus piernas y brazos, pero nada que la cercanía del pelinegro no pudiera mellar. Cerró los ojos por un par de segundos para sentir una leve corriente de aire sobre su rostro; además, apartando algunos mechones rubios de sus ojos. Los cuales, los abrió un poco más de lo normal, al igual que su boca. Queriendo, deseando poder decir algo lo suficientemente adecuado, pero callándose al fin. Fue entonces cuando sintió agua apenas llegándole a los pies. Bajó la mirada y vio los ajenos cubiertos completamente, y creyó justo plantar los suyos también en el tejado.

Moría por hacer preguntas, casi sufría por no poder abrir la boca. Pero, debía confiar. Y fue lo mejor que pudo hacer, porque lo que causó el movimiento de la varita contestó absolutamente todo.

Por Merlín Santo. —fue todo lo que pudo salió de boca, en un murmullo pausado. Su atención se desvió completamente de esos ojos Abbatelli, y se clavaron en esa flor tan preciosa. —Belleza en estado puro. —agregó con los ojos bien abiertos sobre las tonalidades de las magnolias.

Movió un poco su pie para sentir los pétalos de la flor, sabía perfectamente que el agua lograba que el aroma se adhiriera más fácilmente a los cuerpos con los que tenía contacto, y eso le encantaba. De ahora en adelante, sabía que el recuerdo de las magnolias estaría unido para siempre con Altaír.

¿Bromeas? Ni el comentario más desagradable podría cambiar ésta expresión, este sentimiento. —contradijo tiernamente. —Si esto es cursilería, entonces la adoro. Te has unido a la mujer más cursi de este mundo. —aseguró, sin salir todavía de su sorpresa. —En serio, necesito saber cómo lo haces, cómo es que eres tan adorable. Esto, esto…esto es perfecto. —dijo a penas con un hilo de voz, buscando una respuesta en lo profundo de esos ojos amables. —Dime por favor que no tendré que competir contra esto, o moriré en el intento. —agregó a su oído, en un susurro amoroso.

Ella sabía lo que él diría, pero aun así la pregunta persistía. Por un segundo casi comete la estupidez de volver a pensar que se trataba de un sueño donde por fin el jefe se fijaba en la asistente que lo idolatraba…

Freyja también se inclinó un poco, para corresponder al delicado beso. Freyja llevó una mano a la coronilla y sus dedos bajaron acompasados hasta su nuca. El roce en su mejilla le aceleró más los latidos del corazón, y la invitó a profundizar ese beso, sabiendo que por ahora era la única forma de corresponder adecuadamente a todo esa sorpresa hermosamente cursi.

La concentración no cesó con la melodía suave que llegaba a sus oídos. Al contrario, parecía solo actuar como una idónea música de fondo. El nombre de aquel sonido no lo escuchó del todo, pero lo poco que había captado ya sabía qué significaba. El checo le recordó mucho a su natal Alemania, y esto fue todo lo que bastó para dejar de contener esas lágrimas que estaban deseando recorrer esas mejillas hace mucho. Afortunadamente, ningún sentimiento de tristeza las había propiciado.

La mano en la nuca de Altaír, continuó su recorrido hasta posarse en su espalda. Y los labios de Freyja se separaron solo un poco de los ajenos, tomó un poco de aire y se relamió los labios para sentir el sabor que los otros habían dejado. Sin separar su frente de la ajena, abrió los ojos tan solo para contemplarlo por un momento, uno que se quedara en su memoria para siempre.

Tus pies tienen suerte que sepa bailar. —musitó en tono divertido. Mantuvo la mano izquierda sobre la espalda, apoyó la cabeza en el hombro y sujetando la mano derecha de Altaír, empezó a moverse como parte de la melodía.

Que sueñe conmigo… —susurró apenas audible.

Presionó sus labios sobre el cuello del pelinegro y volvió a su posición, dejando que la mezcla del aroma de las magnolias y del perfume ajeno la dominara por completo bajo aquel cielo oscuro.


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