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Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Freyr B. Valafar el Miér Jul 22, 2015 4:23 am

This is the moment that you know
That you told her that you loved her but you don't.
You touch her skin and then you think
That she is beautiful but she don't mean a thing to me.


— Death Cab for Cutie, Tiny Vessels. —

El almuerzo en el que se había debelado su compromiso con Amalia no había ido tan bien como había querido. Quizá si no hubiese llevado a Deborah como su madre le había recomendado, o quizá si la otra pareja no hubiese sido presentada a la par. Estaba seguro que en uno de esos dos factores radicaba el origen de su fracaso, pero era tan solo una batalla perdida, la guerra seguía en pie e iba a ganarla.

Tocó a la puerta de la mansión Abbatelli por segunda vez en la semana y esperó por un par de segundos hasta que una elfina domestica le abrió la puerta. Freyr la miró con una sonrisa mientras se adentraba en el recinto, donde pidió hablar con Amalia. La criatura se alejó con rapidez en busca de la chica en cuestión de forma nerviosa, nadie nunca iba a visitar a la señorita.

No la llevaría a ningún lado, no por ahora, quería conocerla en la intimidad y lo mejor para eso era estar dentro de su territorio, así se confiaría y podría ceder más rápido, o eso era lo que el hombre creía. Llevaba pues un ramo de girasoles y pequeñas margaritas en una mano y una botella de vino en la otra.

No es que considerara idiota a la pequeña hermana de Renzo, pero sabía que empezar con lo clásico era lo mejor. Igual podía ocurrir que le lanzara sus regalos a la cara y le insultara, pero no tenía importancia, iría avanzando de apoco. Roma no se hizo en un día y Freyr era una persona infinitamente paciente. Justo en aquel instante, se dio cuenta de que algo demoraba a la dama y por un momento la preocupación invadió su mente, afortunadamente desechó la nube de dudas de inmediato, Amalia no podía escapar de él, ni siquiera podía aparecerse.  No, para deshacerse de él iba a hacer falta algo mucho más fuerte que la magia.


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Re: Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Invitado el Miér Jul 22, 2015 4:24 am

Desde que habían anunciado su compromiso, Amalia no pasa un día en el que no pensaba en huír. Tenía ahorros y mezclarse entre el mundo muggle no podía ser tan difícil, debía haber algo para lo que era buena. Pero siempre la detenía el hecho de si corría, algo podría sucederle a Pyra, o Altair. La culpabilidad si algo llegara a pasarles era demasiada como para simplemente irse de ahí, sin decir nada. Además, ahora sus padres le habían encargado de Lyra y Gian, como si tuvieran previsto que intentaría huir.

No había pasado ni siquiera una semana desde aquel acontecimiento, y Amalia se daba por muerta. No era tonta, y dudaba que de por sí alguien como Helle Outteridge dejara a su hijo casarse con una squib. De sus padres, la no resistencia era absoluta. ¿Qué mejor que limpiar el apellido que deshacerse de un estorbo como ella? Claro que nadie había escuchado esas teorías de su boca, más que la elfina que le habían dejado.

Amalia se había puesto a dibujar. Sentada en la cocina mientras la elfina cocina, pensaba que no era mala compañía después de todo. No estaba del todo indecente, unos jeans, una camiseta de cuadros, el cabello mojado y sin zapatos, dibujando un pequeño boceto de la cocina cuando la puerta sonó. La elfina se apresuró, pero Amalia no le puso demasiada atención. Quizás debió hacerlo.

Cuando la elfina volvió a la cocina algo nerviosa, le dijo que un joven deseaba verla. Supuso que era Renzo. Se puso unos zapatos, dejó el boceto en la mesa y comenzó a buscar un sartén que había agarrado de su casa hace unos meses. Farfullando entre dientes, se tomó su tiempo para lavar bien el sartén y dirigirse a la sala, distraída. Donde no se encontró a Renzo, por supuesto.

—¿Qué carajos estás haciendo aquí?—dijo al ver la cara de Freyr Halliwell. No puso cara de pocos amigos, ni tampoco de molestia. Su expresión era casi sombría. Amalia no solía odiar a las personas, pero odiar a Freyr era demasiado fácil.

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Re: Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Freyr B. Valafar el Miér Jul 22, 2015 4:26 am

Cariño, ¿es así como recibes a tu futuro esposo? —le preguntó divertido, obligándola a tomar el ramo de flores que presionó contra su pecho al instante en el que la vio aparecer. Miró curioso el sartén que llevaba en una de sus manos, pero no le dio mayor importancia, por ahora, había cosas que le preocupaban muchísimo más.

Dile a tus elfos domésticos que se tomen el día, que por hoy, yo cocinaré —dijo con una confianza avasalladora, mientras caminaba en dirección a la cocina, había estado ahí miles de veces cuando adolescente, tanto así que ya se conocía cada rincón de memoria. Miró a la Elfina que había abierto la puerta y la apuró a que comunicara lo que acababa de decir al resto de los sirvientes.

Se quitó la chaqueta y después de colocarla sobre una de las sillas de la mesa que precedía a la enorme cocina de los Abbatelli, arremangó su camisa hasta los codos y fue a lavarse las manos. Parecía que era dueño de la mansión y no un simple invitado, pero le importaba poco.

¿Qué prefieres, qué tipo de comida te gusta? —preguntó curioso, secando luego sus manos con un paño—Espero que no sea comida italiana, seguramente de eso comes hasta hartarte todos los días o es posible que Renzo te mande bastante, he notado que está sumamente estresado últimamente— agregó, soltando una carcajada al imaginar las grandes cantidades de comida que el hermano de Amalia había estado seguramente preparando por aquellos días.

Porque… pensándolo bien, te vez incluso más gordita que hace una semana —bromeó, ladeando la cabeza para mirar los costados del estómago de su anfitriona sin ningún disimulo. Había tratado de contenerse pero la mujer tenía la cara más furiosa que había visto en muchos días y no había podido evitar seguir con la mofa. Si hubiese tenido magia, estaba seguro de que le habría lanzado un cruciatus en aquel mismo instante.


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Re: Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Invitado el Miér Jul 22, 2015 4:27 am

La sangre hervía cada vez recordaba que se encontraba literalmente amarrada a ese hombre. Era algo insoportable para ella. Cada vez que lo recordaba amenaza a cualquier cosa que tuviera en frente con una cuchara, o un pincel o cualquier cosa que tuviera en las manos. Por lo que no respondió, se dedicó a lanzarle una mirada llena de incredulidad y enojo al mismo tiempo, además de un gruñido que dejaba claro que no le agradaba su presencia.

Agarró el ramo de flores, pero después lo puso sobre una mesa, dejándolo olvidado casi al instante. ¿Qué era lo que pretendía Freyr? No pudo evitar preguntarse repetidas veces, especialmente cuando volvió a hablar. —¿Qué?—preguntó cuando dijo que él iba a cocinar. Pero como su autoridad no valía nada junto a la de un mago, y su elfina salió disparada. Amalia le siguió dando grandez zancadas hasta la cocina. —¿Qué pretendes hacer?—preguntó con los ojos entrecerrados, parecidos a dos agujas.

Ella observaba cada uno de los movimientos del hombre. Tanta confianza y apoderamiento de su espacio personal le confundía fácilmente. —¿Viniste hasta aquí solamente para cocinar? ¿Si quiera sabes como se usa la cocina?—preguntó inmediatamente alzando las cejas. Claro que su siguiente comentario no fue del todo agradable. Generalmente lo hubiera tomado a bien, como una broma. Pero viniendo de la boca de Halliwell, casi todo era una ofensa. —¡No te interesa!—comentó mientras se cruzaba de brazos, con las mejillas rojas e intentando ocultarse de esa mirada con el sartén.

Aunque era cierto que ella se había salvado de cocinar en varios días debido al estrés de Renzo. El sartén que tenía entre las manos era la prueba viviente de ello.

La habilidad de Freyr para hacerla enojar era increíble. —¿Qué estás haciéndo aquí? Si vas a amenazarme otra vez, ya entendí, no tienes que hacer cosas extremas—dijo, intentando recuperar su pose inquebrantable de rebeldía que tenía cuando se encontraba con él. Su mente maquinaba muchas cosas en esos momentos, quizás debido al miedo. Generalmente eran cosas poco probables, como poder tirarlo de la ventana.

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Re: Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Freyr B. Valafar el Miér Jul 22, 2015 4:27 am

¿Es que estas quedándote repentinamente sorda o algo? —preguntó divertido, arremangando su camisa mientras comenzaba a organizar sartenes confidentemente—, ya te he dicho, voy a cocinar. Vamos a tener una cena, ¿es eso un pecado? —agregó, sonriéndole radiante a la vez que acomodaba en esta ocasión, cuchillos y tabla de cortar. Después de un momento se detuvo también frente al refrigerador y lo abrió de par en par.

Por supuesto que sé cómo se usa una cocina, ¿qué tú no? —dijo con tono jovial, comenzando a sacar ingredientes, acomodándolos también a un lado de la estufa. Era una fortuna que aquella cocina fuera tan grande—. Y ya que no has sabido indicarme qué tipo de comida te gusta, tendré que hacer algo que me guste a mí —agregó, dedicándose ahora a sacar boles y otros recipientes para mezclar—. Que conste, Amalia, que te he preguntado, la culpa no es mía —se mofó de nuevo, sin siquiera prestar atención a la fiereza con la que la chica le observaba.

No voy a amenazarte, si quisiera eso ya lo hubiera hecho y tendría mi varita en este mismo instante apuntando directo a esa cabezota que tienes —se giró a penas, parando lo que hacía por fin para mirarla a los ojos mientras le sonreía de una forma dulce y convincente—. Ahora, ¿quieres calmarte y tomar asiento? Si me miras prepararlo todo, verás que tampoco voy a ponerle veneno a nada —acotó, alzando los brazos para mostrarle que de verdad no llevaba nada peligroso en sus manos.

Puedes revisar el resto de mi ropa si quieres —ofreció—. De verdad he venido en son de paz, ya que vamos a tener que casarnos, creo que no está de más que intentemos al menos llevarnos un poco mejor—dijo, volviendo a darle la espalda para comenzar a picar un par de tomates.


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Re: Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Invitado el Miér Jul 22, 2015 4:29 am

Amalia castañeó los dientes. Pensaba que no se conformaba con destrozar su vida, si no también tenía que invadir su espacio feliz. Movió los dedos en el manojo del sartén,  tragándose los instintos asesinos que cubrían su aura en esos momentos. No contestó porque no sabía cómo hacerlo, parecía ser inmune a las groserías. La squib no estaba acostumbrada a las visitas y sobre todo, no cuando estas eran tan no deseadas como Freyr. Se quedó en su lugar, mientras le observaba acomodar cuchillos y la tabla para cortar.

En realidad, como cualquier cosa—repuso más para sí misma que para él. —Solo me sorprende que sepas cocinar. No todos los niños ricos saben cómo usar un cuchillo—repuso encogiéndose de hombros. Respirando profundamente una y otra vez para  no perder control y mantenerse serena. —¿Qué vas a cocinar?—preguntó con cierto grado de curiosidad en su voz, estirando el cuello para ver los ingredientes que él sacaba y ponía sobre toda la comida, intentando adivinar sus pensamientos, pero era casi imposible.

Le sacó la lengua mientras no estaba mirando, lo que fue una milésima de segundo antes de que se volviera y pesara de su presencia. —Es difícil creer que estás aquí solamente porque quieres verme mi cara—le dijo con honestidad y el mismo tono molesto que no había logrado controlar aún. No creía en esos ojos dulces y en esa sonrisa que sin duda sería la favorita de Afrodita. Era veneno y Amalia lo sabía. —Y no había pensado en eso, gracias—le dijo, frunciendo el ceño, algo preocupada de que él le hubiera leído la mente y descubierto una de las tantas tonterías que había pensado. Se sentó, de todas maneras. Él tenía el control.

No, estoy bien—respondió inmediatamente cuando le ofreció revisar su ropa. Rodó los ojos, sintiendo el típico revoltijo de estómago cada vez que pensaba en eso, en que tendrían que casarse.—No me recuerdes esa tragedia. Aún estoy trabajando en creerlo—admitió, haciendo ademanes con las manos de querer pegarle cuando se giró. Era algo infantil, pero era algo que hacía cuando sus padres no miraban, como una manera de desestresarse.

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Re: Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Freyr B. Valafar el Miér Jul 22, 2015 4:29 am

No sé porque no me sorprende —dijo de repente, no es que quisiera insultarla pero alguien como Amalia, era la clase de chica que se acomodaba, que se ajustaba a todo a su alrededor, sabía que era adaptable y a eso era a lo que se refería. Por supuesto, en aquel momento no se le ocurrió aclarar.

Mi madre no es precisamente una madre modelo, y es además demasiado tacaña como para contratar cocineros de verdad. Tiene en su mansión a penas los necesarios para la limpieza general y bueno… uno tiene que aprender a hacer cosas con alguien como Helle —dijo y estaba siendo sincero, no tenía caso mentir en ese caso y la verdad era algo que le tenía sin cuidado.

Sonrió a penas de medio lado en cuanto notó que la chica le enseñaba la lengua y continuó cortando verduras.

Lasaña vegetariana —le comunicó con simpleza—. Pues tienes que comenzar a creerme, porque realmente estoy aquí solo para verte la cara, esa cara malhumorada. ¿Te han dicho alguna vez que te ves más bonita cuando sonríes? —agregó mientras colocaba agua en una olla grande que después puso a fuego alto sobre la estufa. Puso también una más pequeña al lado y vertió ahí varios tomates, colocando además algo de agua también y distintas especies.

No soy tan horrible como parezco, es solo que nadie se ha tomado realmente la molestia de conocerme a fondo —se encogió de hombros, aquello era mitad mentira mitad verdad, pero nadie tenía porque saberlo jamás— Y sí, ya sé que te amenacé pero vamos, has cumplido la parte de tu trato, no veo razón alguna para que yo no cumpla la mía. Este pequeño incidente ha sido todo culpa de nuestros padres pero más vale que le saquemos provecho si no queremos vivir miserablemente el resto de nuestras vidas.

Cuando el agua hirvió en la olla vacía, Freyr comenzó a colocar trozos de pasta dentro de la misma, sacándolos tan pronto se precocían, pasándolos entonces a un recipiente alargado y más o menos hondo.

Quizá podamos comenzar a conocernos por un juego. Tú me dices una verdad y yo te digo otra, ¿te parece? —preguntó girándose a penas para mirarla por el rabillo del ojo mientras le sonreía una vez más—. Y ya que yo estoy preparando la cena, sería una cortesía que tú comenzaras —la animó, no sabía que esperar pero el asunto le divertía bastante.


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Re: Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Invitado el Miér Jul 22, 2015 4:30 am

Le miró la espalda por unos cuantos segundos. —Y a mí no me sorprende que no te sorprenda. Pareces ser del tipo de personas que da muchas sorpresas pero jamás se sorprende—se encogió de hombros, pensando en que seguramente había dicho la palabra "sorpresa" muchas veces en una misma oración.

Suena creíble—dijo más para sí misma que para su acompañante. Ese era el gran problema de Amalia, que se le hacía imposible mantenerse enojada por demasiado tiempo. Hacer que la cólera se le bajara era demasiado fácil ni siquiera tenías que intentar, ella sola se contentaba. —Mis padres, ellos son lo contrario—añadió con cierto desdén y aburrimiento. Hablar de su familia no era necesariamente un placer, era como hacerle recordar lo mucho que detestaba pertenecer a los Abbatelli de vez en cuando.

Asintió levemente con la cabeza cuando menciono que haría lasaña vegetariana, no era nada del otro mundo, después de todo. No dijo nada acerca del platillo, pues en realidad, solamente tenía curiosidad de como preparaba la comida. Al parecer, no estaba detrás del palo y sabía usar un cuchillo, lo que solamente le desconcertó por unos segundos. —No, no me lo habían dicho, pero eso ya lo sabía—lo dijo en un tono tranquilo, suave. Y bien, era una mentira. Amalia estaba lejos de tener si quiera autoestima, pero no podía darse a ver como un insecto ante su enemigo. Aunque a esas alturas de la conversación se preguntaba si en verdad era su enemigo o también era una víctima de una broma de mal gusto.

Dicen que las apariencias engañan, es cierto, pero tampoco haces demasiado para que las personas quieran conocerte a fondo—no fue una pregunta, fue más bien una afirmación basada en lo poco que conocía de él. Se sentó en la silla, cruzando las piernas y cerrando el libro de dibujo para después soltar un suspiro exagerado. —¿Por qué alguien como tu madre querría que te casaras con una squib?—preguntó después, por curiosidad. No veía por qué sus padres se quejarían, pero la madre de él parecía ser sensata e inteligente.

Los ojos pequeños y claros de la squib seguían cada uno de los movimientos de él. Sonrió ante el juego que propuso. Una cosa buena de ser Amalia, era que no tenía nada que ocultar. —Me parece bien.—dijo con simpleza, sonriendo.—¿Por qué ayudas criminales?—preguntó en voz baja, pero lo suficientemente audible para que él la escuchara. Se acomodó en la silla y le miró con las cejas alzadas, esperando una respuesta. Eso iba a ser divertido.

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Re: Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Freyr B. Valafar el Miér Jul 22, 2015 4:31 am

Se giró a penas, alzando una ceja al terminar de escuchar aquella peculiar frase de labios de su prometida y después de un segundo un aligera y sincera risa escapó de su garganta.

Me has juzgado bien en ese aspecto —admitió, volviendo a lo suyo, meneando la salsa de vez en cuando mientras comenzaba a pasar la pasta por el agua hirviendo para después colocarla en un refractario de cristal.

Tus padres y mi madre tienen solo una cosa en común —comentó con tranquilidad todavía dándole la espalda—, los tres adoran el poder —dijo, comenzando a colocar el relleno sobre la primera capa de pasta. Una vez tuvo eso hecho, se giró, tendría que esperar un momento par que la salsa estuviera bien hecha y los tomates apenas habían comenzado a ablandarse.

Ah, es que eso solo lo sabes tú. La mayor parte de las personas me encuentran encantador —se mofó de forma despreocupada, con ese cinismo tan palpable y que solo algunos tenían la desgracia de enfrentar—. De todos modos, hay más que eso y más de lo que tú ves también —agregó un poco más serio, recargándose en la cocineta colocando las manos sobre la repisa de mármol donde había estado picando ingredientes.

Avaricia —respondió con simpleza—, a mi madre le gusta el dinero y el prestigio, son sus segundos dos más grandes amores después del poder. Mira a tu alrededor, los Abbatelli son una familia de abolengo y renombre, a mi madre le importa poco si estoy con una squib mientras esta sea de sangre pura y posea todos esos requisitos ya mencionados —explicó, era una verdad a medias pero no por eso sus palabras dejaban de ser auténticas. La única razón por la que Helle había aceptado su plan era por todas aquellas razones ya citadas.

Eres tramposa, esas han sido dos preguntas ya, pero para que veas que soy un caballero, responderé igual —sus ojos se clavaron en los claros de Amalia y bajando un poco el fuego de la salsa y apagando el del agua se sentó frente a ella—. La adrenalina, así de sencillo. Es como bailar a la orilla de un precipicio, como caminar por la cuerda floja sin red de seguridad. No hay nada más que me haga sentir tan vivo. Quizá pude dedicarme a domar leones, pero vamos, mi madre me hubiese desheredado —río parando un poco después. Era extraño estar hablando precisamente de eso con alguien como la squib que tenía enfrente y lo más raro era que estaba siendo más sincero de lo que había sido en su vida.

¿Por qué nunca escapaste? —preguntó a quemarropa segundos después, bajando la cabeza hasta que su mentón casi topó con su pecho mientras que sus ojos observaban desde aquella posición a su acompañante—. Es decir, es notable que detestas a tu familia, ¿por qué no simplemente te fuiste? —agregó, aquello era algo que le daba verdadera curiosidad.


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Re: Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Invitado el Miér Jul 22, 2015 4:32 am

Una vez su furia completamente controlada, no podía hacer otra cosa más que pensar que Freyr intentaba tomarla por tonta, pero él era simplemente demasiado convincente en todo lo que hacía, era difícil no creerle. Chasqueó la lengua, algo nerviosa al escuchar su risa.

¿De verdad? Por lo general soy demasiado prejuiciosa—admitió. A diferencia de él, Amalia no solía decir mentiras, por más piadosas que fueran. Había tenido demasiado tiempo para construir su honestidad, había pasado demasiado tiempo sola y con sus padres, su brutal honestidad fue una de esas tantas cosas que aprendió por las malas. —Y humillar a las personas. Mis padres adoran eso—dijo con rencor, recordando lo crueles que habían sido en el anunció del compromiso al hablar sobre Deidre de esa manera, sabiendo lo mucho que había significado para Altair.

La mayoría de las personas están ciegas, entonces—le replicó, mostrando una actitud dura pero en el fondo, simpática. Estiró el cuello para mirar lo que hacía. —Estoy segura que hay más de lo que veo. Siempre hay más, como una cebolla—asintió con la cabeza ante su pequeña analogía. Era perfecta. —¿No usas mantequilla? Se va a pegar toda la pasta en el recipiente—no pudo evitar decir al ver que había comenzado a poner la pasta. Sin embargo, no se levantó de su asiento, se sentía mucho más segura estando sentada en su habitual esquina con un sartén a la par.

Escuchó con atención la razón por la que una mujer como Helle había dejado que su hijo se comprometiera con una squib inútil como ella. Arrugó la nariz levemente. —Es una horrible persona—dijo sin pensar, e inmediatamente se arrepintió de lo que dijo. —Lo siento, no era lo que quería decir... bueno, sí, pero no de esa manera. Pienso que es horrible que te condene a una vida con alguien como yo solamente por dinero—se explicó algo atareada por compensar sus palabras, aunque lo dicho, dicho estaba, era mejor intentar repararlo. —Lo siento—repitió.

Amalia le devolvió la mirada, claramente curiosa de saber lo que él tenía que decir respecto al tema. ¿Mentiría? ¿Daría excusas? Contuvo el aire mientras las palabras salían de la boca de Halliwell. Le miró por unos segundos, absorbiendo la información. —Adrenalina, entonces... suena completamente incomprensible para mí, pero, está  bien—dijo, negando con la cabeza, aún sin ser capaz de creer lo que escuchaba. Se sintió aliviada, sin saber por qué. Una parte de ella había esperado una pobre excusa, y la otra solamente esperaba que se declarara como un psicópata. Alzó una ceja, ante su pregunta.

Porque tengo miedo—contestó inmediamente y con una sinceridad que le dolía a ella misma.  No apartó la vista de su acompañante en ningún momento. Pudo haber dicho que Renzo la necesitaba para el control de los viñedos, pero sería una mentira.—No sé cómo vivir en el mundo por mí misma. Es cierto que he estado prácticamente sola toda mi vida, y sé cuidarme, pero soy demasiado inútil como para mantenerme. Soy buena en prácticamente nada y no sobreviviría sola por una semana sin entrar en una crisis nerviosa o sin matarme por una tontería—explicó. —Además, aquí tengo a Renzo y a Pyra. Y supongo que ese siempre ha sido mi problema, siempre necesito más de las personas de lo que ellos necesitan de mi —se encogió de hombros levemente, sin darle demasiada importancia.

¿Aún amas a Renzo?—preguntó, pues era su turno de hacer las preguntas y obtener respuestas.

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Re: Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Freyr B. Valafar el Miér Jul 29, 2015 10:30 pm

Así que a tus ojos, todos somos cebollas —comentó divertido mientras seguía preparándolo todo, notando que lo que decía la chica era verdad y por lo tanto, haciendo uso de su varita, aplicó la mantequilla sin necesidad de quitar la pasta ya colocada—. Gracias —soltó, más no hizo comentario alguno sobre lo anteriormente dicho. Los padres de Amalia eran crueles y su madre también, no iba a alegar nada contra eso, no estaba en la corte y no era necesario defender a nadie.

Es fácil engañar a la gente cuando sabes fingir sentimientos, pero supongo que tú me conoces desde hace mucho. Como a Renzo, ya es imposible intentar hacerme pasar por lo que no soy frente a sus ojos —comentó, terminando de colocar todas las piezas gruesas de masa para después rellenar.

No tienes que disculparte, si me dieran una moneda por cada vez que alguien me dice que mi madre es terrible, sería más rico que ella —bromeó, comenzando a vertir parte de lo preparado en la olla para después cubrirlo con la salsa. Prendió la estufa y se giró, limpiándose las manos con una servilleta de tela antes de volver a recargarse sobre la cocineta, tenía que esperar a que el horno se precalentara.

De todos modos, no me está condenando a nada. No es como si fueras un monstruo deforme ¿sabes? Y aun así, supongo que tendrías algo de interesante —dijo, sonriendo de medio lado, con aquella mueca encantadora que salía ya sin que se lo propusiese cada vez.

No dijo nada sobre la respuesta dada, no pretendía que Amalia le comprendiera, suponía que sonaba a locura desde otras muchas perspectivas. Pero había sido sincero y esperaba que al menos eso le fuera reconocido, era difícil para él hablar con la verdad.

Si fueras inútil, no habrías sobrevivido todo este tiempo a tu familia. ¿No crees que es mejor enfrentarse al mundo que a alguien como tus padres? —preguntó, acercándose ligeramente, pero no hizo nada más. Ladeó la cabeza y continuó escuchando—. Siempre podrían verte a donde quiera que vayas, Renzo se las dará de duro pero es más dulce que la miel y Pyra, por Dios, Pyra está hecha de caramelo —se mofó, la verdad es que no veía la razón por la cual Amalia podría llegar a perder el contacto con sus hermanos, no ha menos que se convirtiera en una rebelde y ellos mismo tuviesen que cazarla para Voldemort.

Estuvo a punto de agregar algo más, pero las palabras murieron en su boca en cuanto escuchó la pregunta que la joven pronunció tan pronto como terminó de responder lo que le había tocado.

¿De verdad me estás preguntando eso? —soltó después de un profundo suspiro, pasó una de sus manos por su cabello, revolviéndolo un poco y rodó los ojos—. No me respondas —agregó sonriendo todavía incrédulo. Jaló entonces una silla y se acomodó en la misma, mirando a Amalia a los ojos.

Tu hermano fue muy importante para mí, fue la primera persona a la que amé de verdad y la primera y única que me rompió el corazón —sonrió, hizo una mueca con la boca que se asemejó a un mohín irónico y se cursó de brazos—. Pero no, uno se cansa del rechazo y créeme, Renzo sabe cómo rechazar a la grande. No sé cómo lo hace, pero termina consiguiendo que pienses lo peor de ti mismo. Lo nuestro fue hace mucho, no es algo que desee repetir ni que añore. Pero la gente que te ha tocado de esa forma, supongo que es difícil de olvidar, se queda contigo para siempre.

Jamás había contado todo aquello, había vivido con la espina clavada en el alma y tenía que admitir que confesarlo después de tantos años se había sentido bien. Ser sincero con aquella mujer, con esa squib… no era tan complicado después de todo.

Sí pudieras elegir por ti misma, si tu familia fuera comprensiva contigo, si no viviéramos bajo el régimen del Señor Tenebroso, ¿Qué te hubiera gustado hacer con tu vida? —preguntó, estaba curioso, que clase de vida le habría gustado tener a una mujer como aquella, tantas capas no podían ser satisfechas con poco, ¿cierto?


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Re: Jeux d'enfants ▼ Privado

Mensaje por Invitado el Vie Ago 14, 2015 5:21 am

Asintió energéticamente con la cabeza cuando afirmó que ante los ojos de la squib todos eran como cebollas. No había una manera mejor de explicarla, y tenía que admitirlo, era muy fácil de entender. A pesar de que al decirlo en voz alta, no sonaba como algo tan serio como lo era en realidad. Amalia se sorprendió un poco cuando le escuchó decir aquellas palabras sobre su manera de cocinar y observó como con un simple movimiento de varita todo se solucionó. Pero lo que le había sorprendido fue que hubiera dicho esas palabras. No sonaba como el hombre que agradecía por esas cosas. Supuso que lo juzgó mal.

¿De verdad? Porque fingir sentimientos no siempre es bueno. Por ejemplo, hay veces en las que no sabes si lo que sientes es verdadero o solamente estás fingiendo—intentó explicarse mientras se rascaba la cabeza como una manera de mostrar su dificultad a la hora de intentar expresarse. La verdad es que sentía curiosidad por cómo lo hacía, el fingir emociones. Amalia era más bien, una bomba de emociones.

No pudo evitar sonreír cuando mencionó lo de su madre. Era divertido, en cierta manera. Al parecer, Amalia no era la única que cometía el pecado de haber nacido de una terrible madre. Su sonrisa había sido ingenua, y tuvo que poner mucha fuerza de voluntad para no soltar una risa. Alzó una ceja con poca creencia de sus siguientes palabras. —Por lo que me han dicho, soy peor que un monstruo deforme, soy una squib—soltó sin pensarlo, quizás sonando un poco resentida, pero soltó una risa algo irónica, calmando un poco su temperamento repentino.

Amalia no contestó inmediatamente ante sus palabras, pues no sabía como debía tomarlas. Eran palabras de alguien que jamás había tenido que vivir lo mismo que ella, pero eran palabras que habría matado por escuchar  muchos años atrás, cuando aún  era joven y llena de esperanzas de que alguna vez su vida mejoraría, no ahora. Desvió la mirada de su prometido y miró el suelo por unos segundos. —Simplemente... no creo que podría hacerlo sola—dijo al final, llevándose una mano a la boca y mordiendo levemente su dedo, aún sin mirarle del todo, como si quisiera ocultar que acababa de meter el dedo en la yaga.

Estuvo a punto de volver a repetir la pregunta cuando él le dijo que no lo hiciera. Aquella pregunta le había estado comiendo el cerebro desde la fiesta de "compromiso", sobre todo por la reacción de Renzo. Para la pequeña squib no era fácil olvidar lo que había sucedido entre su actual prometido y su hermano mayor. No supo si sonreír por haber dado justo en el blanco o mal por haberle hecho recordar algo sumamente doloroso como un corazón roto.

Le escuchó como una niña pequeña escuchando un cuento hadas. —Intenso—dijo después de unos segundos, abrazando sus piernas en la silla. —Es decir... eso fue bonito. Lo que tuvieron, o al menos suena así—añadió y sonrió levemente, de medio lado.

Eliges preguntas tan fáciles—se burló mientras sonreía ampliamente. Estiró los brazos a los lados por un segundo antes de soltar un gran suspiro. —Una escuela de arte. Me hubiera gustado crear una escuela de arte—respondió con simpleza, imaginando un poco aquello y se estremeció un poco con la idea. —Sé que suena cursi, pero creo que es lo que hubiera hecho con mi vida de haber podido.

Hizo una pausa y se quedó pensativa, pensando en una que otra pregunta que podría hacerla a Valafar. —¿Cambiarías algo de tu vida , por qué sí o por qué no?—terminó preguntando y volviendo toda su atención a Freyr.

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