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Until we bleed △ Priv. + 18

Mensaje por Piero Sforza el Vie Jul 17, 2015 2:23 am



Now we're bound to linger on
We drink the fatal drop
Then love until we bleed
Then fall apart in parts


— Lykke Li —

La noche de opera fue cancelada, una parte del escenario había caído repentinamente tras la mezzosoprano. La música había parado de forma cortante y el público se había levantado de sus asientos, unos para intentar salir del teatro y otros para observar curiosos la escena. Mihaela por el contrario —a pesar de haber estado en peligro—, lejos de estar asustada, se había quedado a hablar con el jefe de los tramoyistas, indignada por su falta de profesionalismo. Le pidió a Piero que se marchara y le dijo que al día siguiente ya hablarían sobre lo ocurrido. Sforza sabía de sobra que su amiga podía cuidarse sola y fue por eso que sin pensarlo, llevó a Patrick hasta su hogar.

Es una lástima que no pudieras verla completa —comentó mientras se dedicaba a arremangar la incomoda y almidonada camisa hasta por encima de sus codos. Llevaba todavía el frac que le obligaban a colocarse al formar parte de la orquesta, aunque ya se había deshecho la pajarita y la chaqueta yacía sobre uno de los tantos sillones de la sala.

Calla estará furiosa, gran parte de la escenografía del primer acto fue destrozada. El trabajo de meses reducido a escombros en cinco segundos, triste historia —agregó chasqueando la lengua.

Der Ring des Nibelungen, o El anillo de los Nibelungos, era un ciclo de cuatro óperas épicas compuestas por Richard Wagner. Como medida para alejar los malos pensamientos sobre todo lo ocurrido en las últimas reuniones entre magos y muggles, el secretario cultural había convencido al ministro de permitir que se representara el ciclo completo. Obviamente había sido dividido para representarse en cuatro noches, pero ahora tendrían que esperar una semana antes de retomar.

Parecía que la noche se había arruinado y sin embargo, de un momento a otro, el rostro del vampiro se iluminó y dirigiéndose a donde estaba su violín, el cual siempre dejaba en aquel apartamento, comenzó a tocar parte del acto tres de Götterdammerung, la última ópera del ciclo. Sabía que a Patrick no le importaría, los dos habían escuchado todas las piezas ahí mismo, una y otra vez en un viejo gramófono. No era lo mismo, claro, pero al menos era un trozo de lo que se habían perdido en vivo.

Duro un buen rato, esa última escena del tercer acto: Brünnhilde's Immolation, duraba veinte minutos, pero Piero apenas si tocó diez del total. Podía imaginarlo, el dolor de la valkiria al saber que su amado Siegfried había muerto, su pesar al comprender el cómo todo estaba desmoronándose entre sus dedos. Pensó también en cómo había decidido terminarlo todo, en cómo había querido destruir aquel anillo maldito que había causado tanto dolor, tantos desastres. Y para qué, si de todos modos al final, el terrible objeto había sobrevivido su caída. Paró en seco y dejando el instrumento a un lado se acercó al historiador en tres zancadas.

Wie Sonne lauter strahlt mir sein Licht: der Reinste war er…*—murmuró una vez estuvo a escasos centímetros de él, cerró los ojos de forma delicada y respiró contra su cuello sin atreverse a tocarlo. Permaneció un par de segundos en aquella posición hasta que finalmente se replegó  lo suficiente como para verse reflejado en las pupilas de su acompañante—. A veces creo que eres como esos personajes, esos que lo sacrifican todo por un bien mayor y yo… yo no sabría que hacer sin ti—dijo, levantando entonces la barbilla ajena con un par de dedos para después unir sus labios con los de Patrick en un movimiento que primero fue cadencioso, delicado y que después se convirtió en algo mucho más abrupto y febril.


---
*Como un rayo de luz solar, su radiante claridad brilla sobre mi: Él era el más puro...


Última edición por Piero Sforza el Miér Ago 12, 2015 10:30 pm, editado 1 vez


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Re: Until we bleed △ Priv. + 18

Mensaje por Patrick F. Nightingale el Vie Jul 17, 2015 2:25 am

Se preocupó un poco, pero solo observó y se mantuvo en silencio. Siempre cuando se trataba de la Señorita Dragomir escogía lo más prudente, así que en lugar de permitirse aconsejarla en cuanto a la actitud que debía tomar, se limitó a un leven asentimiento de cabeza hacia Piero y a guardar sus esperanzas para con la salud de los tramoyistas. Afortunadamente, él solo sufría de unas cuantas burlas por parte de la mujer, además de sus jocosos comentarios y no de esa ira que en otras ocasiones, percibía en sus ojos cuando algo inesperado ocurría.

No te preocupes, vi suficiente como para desear volver. Digo, si tú vas a formar parte de la orquesta. Con eso te ves tan atractivo. —contestó, sonriéndose un poco. Quizá tomaba al otro desprevenido, quizá no. De todas formas, estaba casi seguro que Piero sabía de su limitación a dar ese tipo de cumplidos en privado.

Patrick imitó al otro, despojándose de la chaqueta. Claro que, terminó acomodándose más la blanca camisa, como si fuese de salida de nuevo, vieja costumbre. El historiador se quedó callado por un momento cuando el pensamiento de la suerte de los trabajadores, y no pudo evitarlo.

Creo que no debería reaccionar de ese modo, ¿La has aconsejado a que visite algún lugar donde le ayuden con el control de ira?—le preguntó, pero en el instante supo que aquello estaba de más. Por alguna razón, cuando se trataba de la Señorita Dragomir, todas sus acciones eran justificadas por parte de Piero. Así que, no comentó más del tema.

Convencido de que aquel problema se solucionaría, solo le tocaba esperar con ansias otra noche en la cual pudiera disfrutar del apoteósico evento. No es que se tratara del único espectáculo de ópera, pero si merecía ser llamado uno de los mejores pertenecientes a la ópera alemana. Después de todo, ni Marschner, Schubert o Schumann, habían logrado desarrollar lo que Wagner sí. Una fusión entre música, poesía y pintura. Aquello era una obra de arte, una que agradecía discutir armoniosamente con alguien que lo valorara: Piero.

Soltó la coleta de su cabello, y lo peinó hacia atrás. Casi por un momento, y con la rapidez que lo caracterizaba, Piero se perdió de su vista. A Patrick ni siquiera le dio tiempo de buscarlo con la mirada, ya la melodía penetraba en sus oídos. Se giró para apreciarlo mejor, y una deleitosa sonrisa apareció en sus finos labios. Aquello era pasión, pasión pura, esa proveniente de lo más profundo del ser humano. Y eso le complacía, poder escudriñar en Piero y encontrar cada vez más, rastros de humanidad en él. <<Sería tan sencillo sin lo comprendieras...>>. Aquel pensamiento se detuvo junto a la melodía y lo sacó de su breve ensimismamiento.

Te equivocas. —lo contradijo sin dudarlo dos veces. Sí, a pesar de que cualquier pudiera asegurar que Patrick vivía por y para  Piero,  les era imposible negar que éste lo contrariaba cuando sus palabras no eran justas. —No soy tan puro, y tú no eres tan diferente a mí. —En esa ocasión, a pesar de tener su faz a escasos centímetro de él… sus tentadores labios…no dejó que nada de eso nublara su juicio, sino que pronunció con seguridad esas palabras. Ni siquiera lo dudó dos veces, no lo hacía cuando le convenía acortar distancia entre los dos.

Patrick suspiró debió al juego de movimientos del otro, y estuvo casi seguro que su mirada enamorada había aparecido otra vez. Sus labios se curvaron en una  débil y casi reprobatoria  sonrisa ante las palabras de Piero, y cuando fue propicio, respondieron a los ajenos. Alargó una mano hasta  su pecho, sujetando con vehemencia su camisa cuando aquel lo besó con más ímpetu, correspondiendo de igual forma. Patrick rodeó su pelvis con la mano libre y lo atrajo firmemente a la suya, acariciando la parte baja de su espalda mientras separó de él cuando le hizo falta el aire.

Un día, planté una bandera en tu corazón, pero sé que él es nómada. Así que, confío que cuando yo no esté tú sabrás seguir tu camino. —le dijo con dulzura, pero también con franqueza. Soltó el agarre de la camisa y sostuvo con su usual delicadeza, la mejilla del otro. Le contempló con intensidad antes de volver a reanudar ese fogoso y profundo beso. El cual cambió de objetivo, situando sus labios sobre el cuello. Patrick entrelazó una mano de Piero e inició un movimiento, invitándolo al sofá.


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Re: Until we bleed △ Priv. + 18

Mensaje por Piero Sforza el Vie Jul 17, 2015 2:26 am

Se separó del hombre entre sus brazos apenas un par de centímetros en cuanto hizo falta y le observó con ternura casi desmedida. A veces simplemente no podía creer lo adorable que Patrick podía llegar a ser, sobre todo cuando lo halagaba de esa manera tan formal y correcta, como si utilizar cualquier otra palabra mucho más coloquial incurriera en una falta casi legal; o cuando censuraba a Mihaela con aquel tono paternal que no hacía sino esconder unos bien guardados celos.

Apartó la cabeza para dejar que el otro le besara en el cuello y permitiendo el enlace de sus dedos, le acompaño hasta el sofá, reclinándose sobre su cuerpo, enredando los dedos de su mano libre en el sedoso cabello mientras insistía en retenerlo tan cerca, que pudo sentir el aliento ajeno sobre sus labios.

Cuando no estés, te seguiré hasta el infierno si es necesario —su voz fluyó dentro de la boca de su amante y sin esperar réplica, le rodeó el cuello con los brazos reteniéndolo fuertemente contra su propio cuerpo.

Apoyó la frente sobre la del otro hombre y cerró los ojos, no tuvo que concentrarse demasiado para detectar el pulso, el corazón bombeando sangre a través del tibio cuerpo. Un murmullo de placer escapó de su pecho y sus labios se movieron contra los del historiador con un movimiento cadencioso; entreabriéndolos, deslizó la punta de la lengua dentro de la boca de Patrick y acarició sutilmente la de este. Le mordió el labio superior con estudiada lascivia y se lo lamió sin liberarlo. Sus manos le apresaron el rostro, ávidas de su contacto, atrayéndolo, acortando el espacio casi inexistente que separaba sus bocas. Le empujó de espaldas contra el sofá, inmovilizándolo con su peso y moviendo las caderas con lentitud, se sentó sobre su estómago, acarició los costados descendiendo hábilmente por su cintura. Colocó las manos bajo la camisa y ascendió por las caderas y costillares hasta llegar al pecho y los redondeados hombros.

Puedes decir todo lo que quieras, pero la verdad es que no importa cuántas veces te folle, cada vez que lo hacemos, siento que estoy con un santo —murmuró, incapaz de contener las palabras a pesar de lo inapropiadas que resultaban.

Se deshizo de la camisa ajena con un movimiento rápido que provocó que un par de botones se salieran de sus costuras y con los ojos clavados en los de Patrick, acarició con la punta de sus dedos el cuello, despacio y voluptuosamente. Siguió la línea de su clavícula y deslizando la palma, bajó por el pecho, deteniéndose en uno de los pezones que pellizcó con delicadeza antes de continuar el torturarte recorrido por el abdomen, lento, muy lento, recreándose en los gestos de Fitzwilliam. Al llegar al pantalón, cuando sus dedos tocaron la hebilla del cinto que lo mantenía en su lugar, detuvo su viaje.

Eres un buen hombre Patrick, no sé qué haces conmigo, pero agradezco cada día a lo que sea que consiguió que te enamoras de mí—sus ojos se mantuvieron penetrantes y lúbricos sobre los del historiador aun cuando su cuerpo frío y muerto se inclinó una vez más sobre el caliente y vivo que mantenía apresado sobre los cojines del amplio sillón—. ¿Podrás perdonarme y soportarme siempre? —articulo con pesar en cuanto descansó la cabeza en el hueco que se abría entre el cuello y el hombro de su acompañante. Una de sus manos se acopló sobre el pecho y la otra se mantuvo en el sillón sobre la cabeza de Nightingale.

La habitación estaba oscura, una única lámpara se mantenía brillante a sus espaldas y las tenues luces de la cocina se perdían un par de metros más allá. Piero cerró los ojos y en la oscuridad, se dedicó a escuchar una vez más el recorrido que  la sangre hacía por aquel cuerpo que había memorizado a conciencia con el paso de los años... estaba vivo y era suyo, ¿cómo no querer proteger aquel ser por el resto de su vida? Y al mismo tiempo, ¿cómo no querer devorarlo?


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Re: Until we bleed △ Priv. + 18

Mensaje por Patrick F. Nightingale el Vie Jul 17, 2015 2:26 am

Solo la ilusión lo ayudaba a permanecer con vida. Si Patrick aceptara toda la verdad que implicaba una relación con Piero, estaría obligado a sentarse al borde de un camino y llorar hasta la muerte. Por ello, cada noche que dedicaba a Piero, escogía vivir aquella ilusión. La que en ese instante, le permitía acariciarle el alma a su amante con tan solo mirarlo, suspirar ante el dominante aroma que despedía su aliento y dejarse seducir por sus caricias y deseos. Apartar la vista de él significaba rechazar la sensación hipnótica que todo su cuerpo producía, y aquello era algo tan preciado que no se arriesgaría a perder.

Sus manos recorrieron su cintura y espalda con deseos de encontrar el camino que las guiara un poco más allá, a ese familiar lugar, donde el cuerpo ajeno se convertía en un amado espacio de revelaciones.  

No pensé que creyeras que alguien como yo podría pisar un lugar así. —susurró en un toque de broma, y empezando a disfrutar lo corta que se tornaba la distancia entre los dos. Sus brazos eran para Patrick una hermosa cadena que lo ataba a él, y sus palabras un bálsamo que tranquilizaba el intermitente temor en aquella relación.

A diferencia del otro hombre, él no cerró los ojos. No quería privarse de uno de sus momentos preferidos, aquel en donde podía observarlo abstraído en el latido de su corazón, en un poco de su humanidad. Ese fue un instante afortunado, le complacía lo que veía ¿para qué negar que se sentía vencedor de obtener algo más de Piero que simple sexo? No lo haría jamás. Él gozaba de algo que ni los más fieros amantes del otro habían logrado, estaba seguro.

Con los dedos, masajeó lentamente la parte baja de la espada, mientras correspondía al contacto armonioso de sus labios y luego, el delicado toque de sus lenguas. Qué manera de despojar a un hombre como él de su serenidad y paciencia para esperar lo mejor. Era divertido, excitante pero no justo. ¿Cómo podía besarlo tiernamente si el otro incurría en esas tentadoras artimañas? No podía tratarlo con la misma delicadeza que a otros pasados cuerpos, no con todo lo que solo Piero podía hacerle sentir. El movimiento de sus caderas, sus caricias…Patrick entreabrió los labios, relamiéndose sin dejar de perder contacto visual con el otro y dejando escapar una risa divertida al oír el comentario que a otra persona hubiese juzgado, inapropiadas.

Entonces me encargaré de jamás pisar ese infierno del que a veces hablas. —masculló a la par que era despojado de su camisa. Cuando las caricias y masajes empezaron su recorrido, no pudo evitar arquear un poco la espalda, echando su cabeza hacia atrás y entreabriendo los labios por el placer que causaba aquel tacto. Era como si cada vez que estaban juntos, Piero encontrara un camino diferente, una forma distinta de hacerle sentir nuevas sensaciones. Se mordió el labio inferior con fuerza al sentir el pellizco, y una nueva oleada de éxtasis lo capturó cuando los dedos del vampiro se posaron sobre su hebilla.

Y repentinamente, todo se detuvo. Patrick abrió los ojos y estudió los otros. Fue entonces, cuando la preocupación de Piero le pareció lo más adorable del mundo. Pues, ahora estaba plenamente seguro que era un sentimiento que compartían en un momento así.

¿No lo sabes?—preguntó incrédulo. Claro, ni él ni nadie lo comprendían. — Sé de memoria todo sobre ti. Agradécele a tus gestos, manías, ruinas y otros muchos aspectos de ti. —continuó mientras se levantaba un poco para acortar la poca distancia que el otro dejó entre ellos. —Y aunque ni tú y el resto lo comprendan, yo estaré aquí, —por alguna razón se guardó el “siempre” —amándote y sonriendo como la primera vez. Renovando mi convenio de eternidad contigo. —hizo una pausa y rodeó todo su tatuado arte con sus cálidos brazos, buscando doblegar lo pétreo y frío de aquel hombre. —Pero amor, si eso no te complació, deja que sean mis acciones las que respondan. —agregó besándolo con ternura en la nuca.

Lo estrechó en la sombra ciega contra su pecho, cobijándolo con sus besos. Se separó y acarició su mejilla por un instante, y ahí bajo aquella luz artificial bajó su mano hasta el pecho ajeno. Sin parar de besarlo en la frente, la punta de la nariz, los labios y el cuello, desnudó su torso. Por el lapso de varios segundos apreció todo su arte, como si fuese lo más preciado de un importante su museo. Acarició la nuca de Piero y con la otra mano alzó un poco su cuerpo, para que éste quedase apoyado sobre sus rodillas. Sus suplicantes labios obviaron el frío contacto de sus pezones, mordisqueándolos a un ritmo que se tornó más rápido, vehemente…a diferencia de Piero, él no tendría que contenerse para no dañarlo.  

Ojalá nunca me mires como el que de pronto recuerda algo que se le había olvidado. —susurró a su oído, exteriorizando un temor que en aquel momento no debía compartir.

Sus labios reanudaron el recorrido vertical de besos, y sus dedos se situaron sobre la hebilla del cinto, deshaciéndose de él con presteza. A la par, bajó la cremallera del sedoso pantalón y luego desnudarlo. Con suma delicadeza se inclinó cuando hizo falta y finalizó el recorrido entre sus piernas.

Patrick afianzó el agarre de sus muslos, a medida que los besos en esa zona aumentaban de ritmo. En el historiador permanecía la duda del grado de placer que un vampiro podría sentir, y aunque su amante se había desecho en explicaciones sobre el tema, aún permanecía el misterio. Lo único que sí sabía Patrick con certeza era que él disfrutaba de aquello plenamente, estimulándolo más con el paso de los segundos. Guardando el retrato de ese momento en el mismo cajón que los otros, para siempre.


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Mensaje por Piero Sforza el Vie Jul 17, 2015 2:28 am

Soltó un ligero suspiro en cuanto sintió las manos ajenas navegar por su espalda y cintura y rió con ligereza en cuanto escuchó sus suaves palabras.

No creo que vayas al infierno, pero quiero que te quede claro hasta donde soy capaz de seguirte —respondió con tranquilidad, acariciando el rostro de su amante, sonriendo con ternura. Estaba seguro de que el cielo era lo que le esperaba y quizá, ese era el único lugar al que no podría seguirlo jamás.

Abrió los ojos y los clavó en el de su acompañante, esta vez no había necesidad de cerrarlos, Llevó las manos hasta la hebilla del pantalón ajeno y tironeó de él hasta que logró deshacerse del mismo y de los pantalones deslizándolos con cuidado hasta que estos terminaron en el suelo junto a sus propias prendas. Por ahora, lo único que le interesaba era recorrer por completo aquella piel cálida.

Eternidad —repitió con sutileza. No le había pasado desapercibido el hecho de que el historiador omitiera la palabra siempre y que a pesar de ello, hubiese hecho uso de aquel otro vocablo, uno más fuerte, más profundo —. Oh, por favor, me haría muy feliz que ejemplificaras tu discurso, cariño —contraatacó ante las últimas palabras de su compañero, riendo antes de corresponder el beso que le había propinado con uno en la clavícula. Después, se dejó hacer, arqueó la espalda y ladeando ligeramente la cabeza, permitió que Patrick le besara y le mimara. Obedeció a las indicaciones que este le hacía, arrodillándose sobre su cuerpo, gimiendo ligeramente de vez en vez.

Nunca. ¿Cómo podría? Jamás podría olvidarte, no lo lograría ni aunque viviera mil eternidades —respondió con sinceridad, notando entonces el tórrido roce en su cintura, los dedos en la hebilla de su cinto. Se giró sobre el sillón, consintiendo que el otro quedara encima de él y sonrió.

Se enderezó para poder tener un mejor acceso a su pareja mientras ésta hacía lo suyo y levantando también sus propias  manos, dirigió las mismas hasta la última prenda que cubría el cuerpo ajeno, deslizó entonces el slip con premura y una vez ambos estuvieron desnudos, una de sus manos se escurrió hasta la delicada parte que había ya reaccionado ante las afiebradas caricias. Le dirigió una última e intensa mirada a Patrick y después recorrió toda su envergadura con la palma de su mano, deteniéndose a acariciar con los dedos ciertas partes mucho más sensibles, una, dos, tres veces, aumentando el ritmo cada vez.

Dime que quieres que te haga, tú sabes cómo me pone eso —susurró luego de un momento, parando el ejercicio por un momento. Estaba siendo un guarro como siempre, pero la verdad es que le importaba poco, el otro sabía ya de sus gustos extraños y de todos modos le encantaba escuchar su voz mientras hacían el amor—. O tal vez es que tú quieres hacerme algo. Si es así, también quiero escuchar el que —agregó con fingida inocencia. En ese punto, Piero estrujó la erección de Nightingale con ligereza y después volvió a recostarse sobre el sillón mirándolo desde su posición con los ojos atentos y la boca entreabierta.

Si pudiera alimentarme de tu sensualidad, no tendría que probar nunca más ni una sola gota de sangre —agregó divertido, aunque su voz sonó mucho más gutural, mucho más voluptuosa de lo que había pretendido en un inicio. No fue su culpa, era el encanto del vampiro, algo inherente a los de su raza, algo que simplemente iba a acompañarlo hasta el día de su muerte.


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Re: Until we bleed △ Priv. + 18

Mensaje por Patrick F. Nightingale el Sáb Jul 25, 2015 5:50 am

Sonrió plácidamente ante la reacción física y las palabras del vampiro, esas causaban una gran alegría en el pecho del historiador y funcionaban como móvil para incrementar su deseo hacia él.

Patrick solo se movió para facilitarle al otro el despojo del pantalón, no hizo nada más. Siempre le había encantado que Piero se encargara de aquello, así como a él le gustaba hacer lo mismo. ¿Lo que oía era cierto? ¿Jamás lo olvidaría? De tantas personas…tantos cuerpos… ¿Cómo era posible?

Lo sabía, era cierto. Por la forma en que Piero lo miraba, lo miró en aquel segundo. Al sentir sus manos sobre sobre su última prenda, Patrick no pudo evitar rodear el cuello ajeno con los brazos y lanzarle una mirada intensa y una media sonrisa ansiosa.

Cuando el tacto en su entrepierna apareció, bajó una mano por la espalda y clavó las uñas con fuerza. Entreabrió la boca y dejó escapar un gemido, apretando la mano ajena sobre invitarle a continuar. Patrick se relamió los labios y echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y abriéndolos de vez en vez. Sus pupilas se dilataron conforme aumentó el ritmo y los gemidos se hicieron más sonoros, obligándose a sostenerle la mirada para que el otro viera en lo profundo de sus ojos el placer que le producía un solo tacto suyo. Luego, se volvió a acercar y atrapó los labios ajenos mordisqueándole con fuerza.  

Instintivamente, su mano se movió buscando esa zona íntima ajena que tan solo segundos atrás había acariciado con sus besos. Una vez lo tuvo entre sus dedos, comenzó a presionarlo ligeramente y se movería lentamente mientras lograba redescubrir por completo la zona, sentía como la sangre le corría con rapidez por el cuerpo y el latir del corazón se aceleraba, solo estaba excitado, acelerado y más ansioso que antes. Cuando su mano fue libre de moverse comenzó a hacerlo rápido, sus labios se apartaron de nuevo y su cuerpo volvió a pegarse al ajeno, la mano libre apretó primero el hombro del muchacho y después pasó hasta su nuca, sus labios volvieron a acercarse ahora a su cuello y dio una mordida ahí, mientras que su mano se movía más rápido por toda su envergadura, su cuerpo había comenzado a moverse también esperando que las corrientes eléctricas provocadas por el placer incrementaran. Soltó todo el aire con fuerza sobre el cuello del muchacho y volvió a enterrar los dientes subiendo después a su rostro, besándolo nuevamente.

¿Qué quiero? —preguntó con incredulidad, pensando por un momento que la pregunta era muy obvia, pero captándolo después. Sonrió de medio lado a la primera idea, pero a la segunda sonrió aún más. Para Patrick siempre había sido más fácil que su cuerpo demostrara todo lo que podía sentir al tacto de Piero, pero lograr algo al revés que igualara aquello…de alguna forma la duda persistía en Patrick. Por ello, la idea de practicarlo le entusiasmaba.

Arqueó un poco la espalda ante el roce ligero y llevó atrapó la juguetona mano con la suya. No la soltó mientras se posicionaba sobre Piero, cerrando los ojos por un segundo cuando sintió el contacto de esa parte tan delicada e íntima, la reacción del suyo iba en aumento. Deseaba que Piero lo hiciera suyo cuantas veces quisiera, pero también quería utilizar ciertos elementos de la invención del otro.  

Sí, sé cómo te pone eso y es lo que busco. —confesó seductoramente en un susurro y luego rió. — Hoy lo quiero todo, y que no te detengas así me veas intentar desgarrar tu espalda con mis uñas, hoy quiero escuchar a ti. Quiero que realmente puedas sentir todo lo que te hago y me haces, de la misma forma o parecida a lo que yo siento cuando me tocas. —hizo una pausa mientras le susurraba al oído— Hoy quiero usarlos, ya sabes qué. Ahora tú decides cuál usar primero. Puedes sorprenderme.—agregó con voz más aguda, y soltando un profundo suspiro.



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Re: Until we bleed △ Priv. + 18

Mensaje por Piero Sforza el Miér Ago 12, 2015 10:30 pm

Que le tratara con tal rudeza era simplemente una fuente más de placer. No importaba cuantas veces las uñas de Patrick se enterraran en su carne, Piero jamás se había quejado, ni se quejaría.

Sonrió ante el gemido que escapó de entre sus labios y se agachó para plantar otro húmedo beso sobre aquella parte de la anatomía ajena, recibiendo una clara bienvenida que correspondió succionando con la misma fuerza.

Piero sintió el tacto en su entrepierna y sonrió una vez más, separándose por fin, atrapando la muñeca de su acompañante entre sus dedos para parar el claro ataque. No es que le molestara, a pesar de todo, a pesar de que él no pudiera completar erecciones puesto que su corazón no bombeaba más sangre a través de su cuerpo. El placer aun podía sentirse, ligero, casi como algo etéreo, pero ahí estaba.

Aun así, lo que verdaderamente le arrancó un gemido gutural fue el pulso ajeno. Piero se relamió los labios y escuchó con mayor atención, reconociendo al instante el sonido que producía la sangre de Patrick recorriendo sus venas, abriéndose camino dentro de su cuerpo para mantenerlo caliente, vivo.

Le tomó por sorpresa el mordisco pero se dejó hacer, levantando el mentón para abrir un poco más espacio para el historiador, al que presionó contra su cuerpo de manera sugestiva.

Eso mismo, dime —respondió, reprimiendo una carcajada ante la clara incredulidad. Y Patrick todavía se atrevía a rebatirle su inocencia.  Le miró a los ojos mientras una de sus manos comenzó a acariciar el costillar de su acompañante, había dejado ir ya la muñeca apresada y se dedicó a esperar, a pesar de que ya tenía una idea bastante clara de lo que él deseaba hacer.

Apretó la extremidad que Patrick encontró vagando por su cuerpo y le sonrió de vuelta, una mezcla entre amor y deseo se reflejó en sus pupilas. Más le valía al otro responder de una vez o iba a perder el control.

Oh —ahora fue el turno de Piero para mostrar sorpresa, no es que Patrick fuera un santo a la hora de tener sexo, pero era raro que quisiera ir tan lejos—. Haberlo dicho antes, una lástima que no estemos en mi casa, entonces podríamos usar “La cama” —murmuró divertido, recordando que hacia un par de meses había mandado fabricar una cama de su invención, una que tenía un colchón circular y que poseía varias argollas, todas alrededor y en la cabecera, las cuales se utilizaban cuando se quería jugar con BDSM—. ¿Sabes todo lo que pagaría por verte con un collar y un par de cuerdas alrededor del cuerpo—comentó de forma seductora, cambiando una vez más la posición en la que se encontraban, posicionándose sobre Patrick.

Pero estás de suerte, tengo un par que siempre cargo conmigo —sonrió, poniéndose de pie, sacando un monedero de piel de moke de entre su ropa del cual extrajo lo necesario. Lo único que no le gustaba de no haber estado preparado para la situación, era que había tenido que interrumpir el contacto.

Volvió al lado de su pareja al instante y volvió a posicionarse sobre él, dio tres besos sobre su cuello, lamento ahí donde se encontraba su yugular y después bajó rápidamente hasta su entrepierna. No perdería más tiempo, no cuando le habían dado luz verde con algo como aquello. Introdujo la intimidad ajena en sus labios y succionó con fuerza un par de veces, lamiendo con delicadeza posteriormente la punta mientras que sus manos cubrían por completo la envergadura.

¿Estás seguro? —murmuró, aunque la verdad es que ya no estaba esperando una respuesta, era claro que no podía detenerse ya.

Se sentó sobre el otro en aquel punto y sin dejar de acariciarlo, colocó la punta de la erección ajena sobre su entrada. Miró a Patrick a los ojos, esbozando una sonrisa llena de dulzura y empujó. Su espalda se arqueó ligeramente y un gemido grave llenó la habitación. Paró un par de segundos, tratando de acostumbrarse a la nueva situación, pero fue a penas un instante, pues casi inmediatamente después, comenzó a moverse, primero con delicadeza y después con mayor rapidez.

Primer deseo cumplido —murmuró entrecortadmente, pues era claro que en aquel instante estaba sintiendo todo el placer que seguramente él le había propinado un montón de veces a su pareja—. Trabajemos en el segundo ahora —agregó con ojos entrecerrados, mientras alargaba una mano para tomar una pequeña pelotita ovalada que llevó hasta sus labios. Lamió el juguete de manera sugestiva durante un rato y después, humedeciéndolo con una sustancia semi líquida, lo colocó en la entrada de su amante sin realmente llegar a empujar.

Voy a hacer que grites mi nombre el doble de veces esta noche, lo prometo —agregó. ¿Es que no sabía estarce callado? Era una suerte que a Patrick no pareciera molestarle aquello en absoluto, una verdadera suerte.


Bastante trabajo me ha costado cometer mis pecados como para malbaratarlos en arrepentimientos vanos.
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Piero Sforza

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