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I love you like a murder | Gian

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I love you like a murder | Gian

Mensaje por Viorica E. Vãduva el Vie Jul 17, 2015 2:13 am



Londres, UK ▲ Teatro clandestino ▲ Concierto Deeds of Shadows

I'm living in an age
That calls darkness light
Though my language is dead
Still the shapes fill my head.


Con la vista desenfocada, se puso en pie, apoyándose en la pared desgastada y húmeda. Buscó algo con la mirada y descubrió a Wilhelmina sentada a la orilla de la mesita que había en la esquina del desordenado lugar. Escribía algo con rapidez mientras Philippa se besuqueaba con Agrippa tras la batería. No se molestó en preguntar qué hora era, caminó como mejor pudo hasta donde se encontraba la rubia en el escritorio y levantó el reloj que ahí había. Las nueve y diez. Agitó la cabeza y se miró el brazo, picoteado, amoratado en algunos lugares. Quizá realmente era una mala idea hacer esa clase de cosas antes de un concierto, pero suponía que su cuerpo comenzaba a acostumbrarse; malas noticias, pronto tendría que usar el doble.

Alguien empujó la puerta en ese momento y las llamó al escenario, los instrumentos estaban preparados y al parecer los fans comenzaban a impacientarse, la banda que había abierto no les había gustado del todo.

Viorica colocó una mano sobre el hombro de Will y la empujó un poco pidiéndole que le ayudara. La rubia se puso de pie y le entregó una poción con el ceño fruncido. Por supuesto, ella era la madura del grupo. Elisabeta suspiró pesadamente mientras rodaba los ojos y asentía como respuesta a la recriminación en los ojos color esmeralda de su mejor amiga. Comenzó a caminar un momento después de tragar el asqueroso brebaje y aguanto la arcada que le sobrevino, el trabajo les llamaba. Philipa y Agrippa les siguieron y pronto estuvieron frente a una buena cantidad de personas que comenzaron a gritar el nombre de la banda en cuanto las vieron sobre la madera podrida, frente a las cortinas rojas y roídas por polilla y probablemente algunos gusanos.

Generalmente Vãduva  presentaba al grupo, decía algún comentario irónico sobre la situación allá arriba y después comenzaban con la primera canción. Eso no pasó esa noche, Viorica comenzó a tocar la guitarra después de repasar los rostros de los fanáticos que había en la primera hilera, cerca al escenario y sus compañeras no tuvieron más opción que seguirle el juego. El lugar que era una mezcla entre cueva oscura y un antro gótico muggle se llenó con una agresiva melodía y una voz de soprano que aquel día sonaba más ronca de lo normal.

Los ojos de Viorica hicieron contacto con los de Gian Abbatelli y una pequeña sonrisa curvó un lado de sus labios justo durante un solo. ¿Quién diría que el pequeño gusano iría a visitarla aquel día? ¿Es que era masoquista? Bueno, también era cierto que Elisabeta le quería o al menos le había querido y que durante muchos años le protegió de todo cuando eran niños. Pero ahora, ¿qué eran exactamente? No tenía idea alguna, pero la sola visión de aquellos enormes ojos azules le hizo sentirse repentinamente mucho más animada.

Tocaron durante al menos cuarenta minutos hasta que finalmente decidieron tomar un descanso. Aquel no era un concierto formal y mucho menos común, las chicas en el escenario eran, después de todo, conocidas por hacer lo que querían cuando querían y si en aquel momento las cuatro deseaban tomar un descanso, nadie iba a quejarse.

Viorica saltó del escenario desde donde estaba y se unió con su amigo de la infancia, tomándolo por el brazo mientras intentaba a sortear el mar de gente que deseaba un autógrafo.

¡Joder!, ¿quieren callarse?, me van a dar un terrible dolor de cabeza. Firmaré sus cosas al final del estúpido concierto —se giró, dirigiéndoles a todos y cada uno de sus acosadores una mirada furiosa. Volvió a tomar a Gian del antebrazo y lo arrastró hasta la barra donde se sentó en uno de los tantos banquillos ahí disponibles.

Vodka con uva —pidió con un tono seco que se suavizó un instante después—. ¿Qué haces aquí Abbatelli? —preguntó con sorna, aunque la verdad, había también un tono de preocupación. Él de entre todas las personas que había conocido en su vida, era la última a la que esperaba ver aquella noche. ¿Cuántos años habían pasado desde que lo viera la última vez, de todos modos? dos, tres... ni siquiera lo recordaba.

Deeds of Shadows:
MIEMBROS:
Baterista ▲ Philippa Shuttmann  - 21 años - Bisexual - Italia/USA
Vocal y segunda guitarra ▲ Viorica Elisabeta Vãduva - 21 años - Pansexual - Rumanía
Guitarrista ▲ Willhelmina "Will" Von Wegberg - 19 años aparentes - Edad Real desconocida - Vampiro - Homosexual - Alemania
Bajista ▲ Agrippa Xochimitl Blackburn - 26 años - Bisexual - México/UK




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Re: I love you like a murder | Gian

Mensaje por Gian A. Abbatelli el Vie Jul 17, 2015 2:16 am

Sus grandes ojos azules apartaron la vista de las profundidades de los café, ya estaba realizado el trabajo. Gian quitó la varita de la sien de la sangre sucia y en el momento en el que decidió dejar a su compañero terminar con todo, también decidió guardarse cierta parte de la información adquirida. Respiró cansinamente mientras se giraba para mirar al resto, Joel y su escuadrón de mortifagos robustos esperaban su turno con la mujer; pero afortunadamente para ella, no tendría que pasar por lo que Gian veía en la cabeza de aquellos. Ni siquiera siendo vidente lo hubiese previsto tan bien, por ello confirmó que era mejor que aquel esbelto y atractivo cuerpo descansara bajo tierra.

Dio la espalda a todos y caminó con su habitual parsimonia hacia las puertas de metal. Miró de reojo la escena que quedaba atrás y solo alcanzó a encontrarse con los suplicantes café. ¿Qué tenían el menor de los Abbatelli que todos los traidores o sangre impuros se empecinaban en creer que él podía ser condescendientes y ayudarlos? ¿Por qué cometería el error de ser la vergüenza para sus padres y quebrantar la confianza del Señor Tenebroso? ¿Es que acaso gozaba de esa reputación? No. Si había algo que él logró dejar más claro que el agua era a quién servía. Tal vez tenía que ver con su atuendo, tal vez los espejuelos y su sonrisa no le ayudaba mucho. Pero, estaba seguro que Lord Voldemort no necesitaba más mastodontes tatuados y con sed de sangre, ni mucho menos estúpidos ostentando la máscara como si fuese un carnaval. Su líder necesitaba a un hombre con la suficiente imaginación como para crear escenarios convincentes de torturas y caos en la mente de los enemigos, para obligarlos a hablar. Y eso, era Gian. El mejor, según decían algunos de sus propios hermanos.

Hermanos. Los guantes, bufanda y abrigo que portaba eran obsequios de Marianne, Renzo y Fioralba. Solía llevar algo de cada uno de ellos para sentir que los tenía a su lado, para recordarlos. Pero, de Lyra no necesitaba nada. Ella estaba metida constantemente como un cáncer en su cabeza y todo su cuerpo. Un muy hermoso y añorado cáncer. Imaginar constantemente dónde estaba se tornaba muy difícil. Afortunadamente, podría pasar la página siempre y cuándo ocupara su mente en algo más que torturas u otros trabajos que le encargaba Voldemort. Normalmente se la pasaba creando partituras, recolectando suministros no muy comunes o hasta visitando a su amigo goblin vigilante de dragones en Gringotts. Pero, cuando se acercó la hora de ir a donde debía, sabía que sería algo más que una simple diversión en sus horas libres.

Aquello era riesgoso y estúpido, pero también algo que quería hacer hace tanto que no recordaba. ¿Hasta cuántas bocas de lobos era capaz de meterse por ella? Si Joel o alguno de los otros vieran aunque fuese un ojo suyo allí…

Gian sonrió ante lo que podría pasar si eso sucedía, sonrió cuando se dio cuenta que indirectamente Viorica y la palabra “lío” eran sinónimos. Aquello sería suficiente excusa para alejarse de ella de una vez por todas y dejarla de seguir a todas partes desde la sombra, pero la verdad era que le gustaba. Además, sentía una deuda enorme con ella, después de todo ¿Quién lo había defendido todos estos años junto a Lyra?

Se ajustó el abrigo en cuanto se solidificó del humo negro. Caminó dos cuadras hasta llegar al sitio donde su contacto le había apuntado. Una vez estuvo dentro, se hizo espacio para caminar entre los fanáticos del grupo y situarse donde creyó que sería identificado por la rubia. Ni siquiera se inmutó por el estruendoso ruido, no saltó ni cantó las canciones, solo escudriñaba la presentación de ella. Casi unos minutos después de prever ese contacto visual, sucedió. Luego de eso, Gian solo se colocó sus espejuelos,  su capucha y se mantuvo quieto. Cerró los ojos durante lo que restó de concierto para escuchar la música.

Solo alcanzó a sacar un cigarrillo antes que ella lo tomara del brazo. Tan rústica y descuidada como siempre. Abbatelli rodó los ojos y suspiró con resignación al oír las amables palabras dedicadas de la estrella a los fans.

¿Hay whiskey de fuego aquí? —preguntó algo desdeñoso después de ella. Bajó sus espejuelos hasta la punta de la nariz para observarla mejor. — ¿Qué clase de pregunta es esa? Pues salgo de las sombras al fin, solo para verte. —respondió jovial y relajado. Claro que, aquella respuesta en teoría no respondía absolutamente nada de lo que la otra deseaba saber, pero Gian siempre actuaba de ese modo, tan…misterioso.

¿No es demasiado ruido para alguien que le teme a las tormentas eléctricas? Eso literalmente sonó a un enorme trueno. —comentó con un tono de voz que denotaba lo conversador que seguía siendo. Esa habilidad que tenía de hablar tan tranquilamente con sus viejos amigos como si nada hubiese pasado entre ellos, ni siquiera el peso de los años y daños. —Otra cosa. Tengo la seguridad que si tratas así a tus devotos estás en la obligación de contratar guardaespaldas o algo así. —agregó, esbozando una pequeña sonrisa.

Sabía lo que había hecho. Insinuar que Viorica era tan incapaz de cuidar de sí misma le costaría algún puñetazo en la cara como poco. ¿Era eso lo que estaba esperando de ella? En realidad, estaba esperando cualquier cosa, algo, lo que fuese de ella.


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Re: I love you like a murder | Gian

Mensaje por Viorica E. Vãduva el Jue Jul 30, 2015 5:56 am

Alzó una ceja y le miró incrédula, por supuesto que había whiskey de fuego, era un lugar neutral, no el fin del mundo donde todos los muggles se ocultaban. Alzó una mano y señaló a Gian mientras pedía por él.

Sé que este no es tu estilo, pero vamos, alguien con tu posición debería saber mucho más de los lugares a los que se mete —se mofó, llevando la mirada hasta su brazo izquierdo sin siquiera disimular.

Además, me sorprende que hayas querido salir precisamente ahora de las sombras, por eso mi curiosidad —agregó—después de tantos… años —exageró la pausa mientras volvía al sarcasmo, sonriendo ampliamente como alguien que no se atrevería a romper un plato jamás.

El gesto se borró de inmediato en cuanto escuchó el siguiente comentario, detestaba que la gente conociera sus debilidades y aquel era un daño colateral de haber compartido la infancia con aquel hombre.

Oh, cállate. Es completamente distinto, no tienes puta idea de lo que hablas —respondió, haciendo un mohín fastidiado antes de dar el primer sorbo a la bebida que ya le habían entregado.

Viorica entrecerró los ojos ante la insinuación de su acompañante y como relámpago antes del trueno, su puño voló hasta su hombro, donde se incrustó con un poco más de fuerza de la necesaria, por supuesto, nada exagerado tampoco quería tumbarlo de la silla, era simplemente una advertencia.

Podría desarmar a cinco magos mucho más rápido de lo que tú puedes pronunciar crucio  —dijo. Sacó entonces un cigarrillo y pegó la punta del mismo contra el que Gian llevaba ya encendido entre sus labios y no despegó los ojos de los claros mientras dejaba salir el humo en forma de arillos grises.

Pensé que mami y papi no querían que tuvieses nada que ver con esta mala mujer —comentó un segundo después. Era incapaz de no seguir pensando en el porqué de aquella repentina aparición, simplemente tenía que saber el por qué..

Awn, no me digas, el pequeño Gian acaba de entrar en su etapa de rebeldía recién. Que adorable —comentó con guasa, aunque en el fondo, también había algo de rencor en sus palabras. Algo dentro de ella, en lo más profundo de su mente, había deseado que él escapara con ella, lejos, lejos de todo y todos. Una verdadera lástima que el chico Abbatelli se hubiese decantado por el orgullo y la bendición de sus padres.




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Re: I love you like a murder | Gian

Mensaje por Gian A. Abbatelli el Sáb Ago 01, 2015 5:15 pm

Oh no, vamos, no hago el trabajo de otros. Cada quien sabe lo que tiene que hacer, y puedes estar segura que lo mío no se acerca a investigar los lugares. —rebatió manteniendo el tono despreocupado y añadiendo el petulante, restando importancia a las burlas que ya esperaba de Viorica. Apartó el brazo con rudeza, como si temiera a que alguien hubiese puesto atención a los indiscretos ojos de la rubia platinada.

Negó con la cabeza, dándole la razón sobre que no tenía idea cuando en realidad eso no era así. Una placentera sonrisa se dibujó en sus labios, uniendo la punta del dedo índice y el pulgar, llevándoselo a los labios y pasando una especie de llave imaginaria sobre ellos. La vio a los ojos por un segundo y aquello bastó para que el recuerdo de relámpagos en la niñez de ambos, llegaran a su mente.

Cuando el vidrio rozó sus labios y el whiskey su garganta, sabía que estaba todo terminado para él esa noche. Ojala pudiera controlar el trago y pudiera llegar entero a su casa. Lo malo para su familia era que Viorica no sabía nada de su problema de alcohol, así que no evitaría a tiempo que Gian hiciera desastre. Claro que, en aquel momento cuando sintió el puñetazo en el hombro, al pelinegro le pareció que lo imposible ya no lo era tanto.

Gian parpadeó repetidas veces y tosió, alejando un poco el vaso mientras se derramaba un poco. Volvió a llevar el cigarrillo a sus labios, y cuando pudo visualizar bien a Viorica, comprendió el porqué del puñetazo. Aquello reacción era la que había esperado al soltar ese comentario, lo cual fue un alivio. Realmente, lo menos que quería era que la chica supiese de su problema.

Gian sostuvo la mirada de Viorica, aquel gesto con el cigarrillo y esa cercanía le hicieron evocar flashes de muchos acontecimientos ocurridos entre ambos. Separó el cigarrillo de sus labios cuando hizo falta y el humo que salió se unió con lo que quedaba del ajeno, luego se relamió los labios.

Vaya vaya, supongo que el tiempo que ha pasado entre los dos ha sido mucho ¿No? —dijo con esbozando una media sonrisa, reprimiendo más un gesto burlón. Era bueno ver que su pequeña y vieja amiga lo desafiaba de esa forma, porque eso quería decir que lo subestimaba como los demás que no lo conocían. —Creo que subestimarme sería muy malo para ti ¿No te parece? A mí me parece que hablas de otra persona. —agregó en un tono de voz más parsimonioso y confidencial, inclinándose un poco hacia ella, dedicándole una sonrisa algo coqueta.

El mortifago rodó los ojos y después de dar otro sorbo al whiskey, lo dejó con cierta molestia sobre la barra. No respondió nada en el primer momento, pero ya después con lo siguiente se le hizo imposible, casi insoportable. Cuando se trataba sobre ese tema, todo lo era.

Suspiró con fastidio y se volvió hacia ella, dando otra calada al cigarrillo.

¿No puedes creer que simplemente esté aquí por una visita amistosa, no? —inquirió, buscando la respuesta en los ojos ajenos. —No, claro que no. ¿En qué estaba pensando? —se respondió y preguntó a sí mismo. Suspiró resignado  y se encogió de hombros. —Quería verte ¿sí?, quería saber de ti y cuando alguien me pasó el dato de que estarías aquí no lo dude. —confesó con cierta reticencia. Apuró un trago y luego otro, luego otra calada y  probablemente ya se estaba notando su ansiedad.

Sintió que alguien lo empujó y se volvió para verlo sobre su hombro, mirando además todo el lugar con cierto desdeño. Le gustaba el ruido del tipo de música que tocaba la banda de Viorica, pero el ruido de ese tipo de lugares le contrariaba mucho. Miró a Viorica por unos cuantos segundos antes de continuar, ¿Cuánto más sería capaz de hacer por ella? ¿Sería capaz de ir más allá que simplemente meterse en un lugar como ese? Aquello le hizo preguntarse lo que ella estaría dispuesta a arriesgar por él. Una pregunta bastante prematura para ese encuentro tan reciente.

No me enorgullece aceptar que en esa ocasión solo vi por los ojos de mis padres, que solo me limité a complacerlos. —admitió. —Que fui un idiota por dejarte a un lado, sí, no voy a negarlo. —prosiguió en algo que solo podía decir una sola vez en toda su vida, porque era algo que ni siquiera lo había meditado completamente. Gian era alguien que pensaba muy bien antes de actuar y de haberlo hecho en esa ocasión, probablemente no estuviera sentado en ese lugar. —Pero mucho ha cambiado desde ese entonces, y el niño de mami y papi se fue con ellos en su viaje sin retorno. Yo estoy aquí, la pregunta es si eso significa algo para ti. —añadió con algo más de resolución.

No sabía en qué circunstancias se encontraba la vida de Viorica en esos momentos, pero lo que sí sabía es que él quería estar presente en ella y ya no había nada ni nadie que lo impidiera.


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Re: I love you like a murder | Gian

Mensaje por Viorica E. Vãduva el Miér Ago 12, 2015 9:42 pm

Jamás te subestime, al menos no hasta que decidiste que era una buena idea quedarte con la señorita perfección en lugar de con está pila de basura —comentó, la primera parte era completamente cierta, la segunda un sarcasmo con matices de envidia.

Hablaba por supuesto de la prometida de Gian, la chica que sus padres le habían impuesto y que al parecer por alguna razón, todavía no se convertía en la señora Abbatelli, al menos no que ella hubiese visto en El Profeta y era seguro que aquella boda se iba a cubrir a lo grande.

Rodó los ojos y bebió de su vaso, un trago largo.

Tampoco es como si realmente te subestimara ahora mismo, no con los rumores que he escuchado. Pero supongo que tu si me subestimas, por favor Gian, ¿sabes con quien estás hablando? Podrías cortarme una mano y aun así elegiría escupirte a la cara —sonrió inocente, dando una nueva calada a su cigarro.

Viorica le barrió con la mirada en cuanto escuchó sus preguntas. La sorpresa iluminó sus rasgos por un segundo, pero pronto, fue sustituida por una avalancha de enfado.

¿Y puedes culparme por no creerlo? —preguntó pegando un golpe fuerte sobre la madera frente a ella, provocando que los vasos titilaran sobre la barra—. ¿Sabes cuantas veces esperé una estúpida lechuza de tu parte cuando estuve viviendo en la calle? Y no porque quisiera que me ayudaras, sino porque necesitaba saber que estabas ahí, aunque fuera tan solo en espíritu o lo que fuese —agregó, arrepintiéndose al instante, aquel era un detalle que definitivamente no quería en la mente de su acompañante, pero ya era muy tarde ahora para retractarse.

Suspiró con fastidio al escuchar el resto de sus palabras y se odio por sentir cierta calidez dentro de su pecho al darse cuenta de que el otro no mentía. Dio otro trago, finalizando su bebida y pidió una nueva. Estaba comenzando a notar también la velocidad con la que Gian terminaba sus tragos y para ella, que conocía de primera mano lo que era una adicción, se le antojó inmensamente sospechoso.

Clavó los ojos en el sujeto que había golpeado a su amigo en el hombro y no le despegó la vista de encima hasta que se perdió en la multitud. Para Viorica el ruido lo era todo, aquel barullo era el que le permitía vivir consigo misma, el que le hacía olvidarse de todo el resto de porquería que habitaba en su mente. No, para ella aquello no era ruido, era una clara melodía dedicada al caos, una que le encantaba.

Se volvió entonces para mirar al otro, ladeando la cabeza mientras sonreía de medio lado. ¿Estaba escuchando bien?, ¿era ese Gian Abbatelli, disculpándose? Quiso burlarse y admitir que no se estaba tragando ninguna de sus excusas, pero al final, simplemente se encogió de hombros.

Vale, te creo niño bonito —le respondió con simpleza, terminando de una vez por todas con el cigarrillo en su mano, apagándolo sobre la madera, ignorando por completo el cenicero que había frente a ellos—. ¿Ahora qué?, ¿quieres que te diga que esto lo es todo para mí? Y si lo hago, ¿qué?, ¿vamos a abrazarnos, a besarnos, follaremos y todo será felicidad para siempre? —preguntó escéptica. Porque lo que de verdad no se tragaba es que a Gian ya no le importara su familia, era claro que ella iba a convertirse en “la otra” y no estaba segura de querer algo así.

¿Qué es lo que realmente quieres Abbatelli?, Se claro conmigo, porque podría pensármelo seriamente, pero necesito algo directo. ¿Quieres un acostón?—comenzó por decir, separando apenas un poco y de forma sugestiva las piernas sobre el asiento en el que se encontraba—No estoy segura de que lo merezcas. Aunque quizá eso no es lo que deseas, tal vez lo que quieres es una grabadora para recordar situaciones nostálgicas. ¿Es eso lo que buscas? Porque de ser así, si lo que deseas es hablar conmigo durante horas enteras tan solo para que después puedas masturbarte con los recuerdos de algo que ya no será, creo que esto no va a funcionar —y en esta ocasión sus comentarios sexuales no habían tenido absolutamente nada que ver con el acto.

O tal vez… —paró, no, no iba a rebajarse a preguntar directamente si lo que Gian deseaba era tenerla de vuelta. Eso tendría que venir directamente de él y no por ideas que ella posiblemente estaba proyectando.




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Re: I love you like a murder | Gian

Mensaje por Gian A. Abbatelli el Mar Ago 18, 2015 1:14 am

Su cuello se tensó y también todas las facciones de su rostro que segundos atrás se habían arrugado en el desborde de confesiones. Para Gian no era fácil que alguien estuviese sobre su nuca recordándole todos sus errores con tanta saña. Eso era algo que no le permitía ni siquiera a sus hermanos mayores, y por alguna razón de fuerza mayor que no alcanzaba a comprender, Viorica si podía. ¿Acaso era la decena de errores que la involucraban? ¿Se sentía culpable y por eso dejaba a la chica, escupirle en la cara? Podría ser. Sin embargo, no dejaba de disgustarle. Estaba tan acostumbrado a los elogios sobre todas sus cualidades, que con frecuencia olvidaba sus defectos.

¿Y qué ocurrió con eso? Aquí estoy, mírame, aquí, contigo y sobre ese asunto es todo lo que importa. —replicó, recurriendo al viejo discurso de “lo doy todo por ti”, esperando que de alguna manera la insistencia en ello le ayudara. Claro que, sabía con quién estaba tratando y Viorica distaba de ser igual que todos esos idiotas que se tragaban las evasivas. —Jamás podría darme lo que tú. —no hacía falta esa media verdad, pero estaba en una situación en la que cualquier cosa que funcionara como verdad absoluta le venía como anillo al dedo.

No quería hablar de eso chica, no en esos momentos. Recordar lo sucedido con ella, o siquiera mencionarlo solo sería retroceder a donde estaba frente a Viorica, y él no estaba dispuesto a eso.

Los rumores no lo son. —aclaró de inmediato. Tal vez se arriesgaba más de lo que debía, pero ese tipo de secretos no quería tenerlos con ella. —Deja la tontería. Podría cometer miles de errores contigo, menos subestimarte. —rebatió, fastidiado de que Viorica diese todo por sentado y hablara con tanta seguridad, a pesar de que normalmente tenía razón.

Los reclamos hechos preguntas hicieron daño a sus oídos, pero lo resistió con la misma impavidez con la que afrontaba todo. Ni siquiera el repentino enfado ante el golpe de Viorica dejó que se reflejara en su expresión. Al contrario, la miró con más detenimiento y como buen psicólogo sacó un diagnóstico rápido a esa conducta. Las comisuras de sus labios se elevaron en algo que casi se convirtió en una sonrisa. Eso que percibía era rabia sí, pero también pasión. Estaba casi seguro que ella había esperado tanto para escupirle cada sílaba, y él no arruinaría todo con la triste verdad. No, no iba a confesar que había algo más que las órdenes de sus padres, algo relacionado con una vidente…

Decide qué creer, eres libre. —contestó con severidad, clavando los ojos en los azules. Sin perder contacto, levantó la mano a la altura de su cabeza e hizo un gesto para pedir otro trago. —Ya está bueno Viorica, ya. No necesito que me recuerdes o que no hice o deje de hacer. Tú no sabes ni una maldita cosa, no sabes nada. —añadió con indignación, mientras daba una calada al cigarrillo y lo estampaba contra la madera, pagando con ella su enfado.

Se sentía tenso, enfadado, pero también liberado. Para él ya de por sí era muy difícil decir verdades, confesar lo que sentía y admitirlo para él mismo en voz alta, pero ahí estaba haciéndolo tan fácil como no lo había creído jamás. Dándose cuenta de lo mucho que deseaba ser aceptado otra vez en la vida de la platinada, respiró internamente al escuchar lo que quería. Pero, toda felicidad temprana se esfumó delante de él cuando la avalancha de interrogantes sardónicas llegó. “Qué bien, ya se estaba tardando”, pensó.

Esa facilidad que tienes para impacientarme me abruma. —espetó entre dientes, mirándola con dureza. Se llevó una vez más el vaso a los labios, dando un trago largo que casi lo deja sin respirar. Cerró los ojos y respiró hondo. — Sigues siendo la misma de siempre ¿Por qué debería esperar eso? ¿De la forma en la que vivimos se puede ser feliz? —preguntó, rodando los ojos y negando con la cabeza. Los cuentos de hadas los habían dejado en el fondo de su viejo baúl, ya no leía esa payasada, ya no creía en nada de eso. Mucho menos en esa porquería de mundo, en ese régimen nadie, ni siquiera ellos que gozaban de una posición privilegiada podían serlo. —Tengo los ojos bien abiertos, ya no sueño despierto. Ni separados, ni juntos conseguiremos ser verdaderamente libres y eso es la felicidad. ¿Por qué habríamos de privarnos de acercarnos entonces? —agregó con firmeza, sintiendo que la verdad sobre lo que creía se le escurría de los labios.

Iba a interrumpir en cuanto escuchó la primera pregunta, estaba dispuesto a ser claro con ella, a decirle que de verdad quería una vida con ella, pero se aguantó al ver venir más. Sus ojos se posaron sobre la barra, específicamente sobre la botella que le habían dejado y luego se volvió a la chica. Algo dentro de él se activó, una mezcla de sentimientos desde el enojo a la tristeza le revolvieron. Inevitablemente sus ojos se fueron sobre las piernas de Viorica, pero en sus ojos no se iluminaron siquiera de deseo. Cada palabra le hería hondo, pero sintió que ofenderse no valía la pena en absoluto.

Lo que me ofreces no es mala idea, es tentadora debo admitir, pero también puedo conseguirlo en cualquier parte y a buen precio, ¿Cuál es el tuyo? Digo, puedes decirlo ya y así nos ahorramos esto. —respondió con ánimos de herirla aunque no lo deseaba en verdad. Cerró su mano entorno a la botella y la apretó fuerte. —No se trata de lo que merezco, sino de lo que quiero y tú quieres. ¿Crees que vengo solo por esto? ¿Cómo puedes creer que yo pueda conformarme con eso si puedo tener más? No seas tonta, no me insultes con esas cosas que no piensas en realidad. Deja de mentirte. —continuaba, de pronto se dio cuenta que su dedo estaba alzado en contra de Viorica. — ¿Ya no será? ¿No va a funcionar? ¿Por qué hablas como si tuvieras elección? Dentro de ti, sabes que no quieres más opciones sino ésta. — agregó con seguridad, creyendo que podía ver a través de ella.

Se levantó en el acto de su asiento, agarró por fin la botella y caminó como si fuese a irse, pero se giró para tomar el brazo de Viorica. La fuerza que imprimió en el agarré le dejó claro que no esperaba negativas. Caminó y caminó entre la gente, buscando aunque fuese un pequeño espacio donde hablar a solas.

Me exaspera tanto ruido. No puedo oír mi voz interna. —se quejó, alzando un poco la voz. —No sé cómo lo aguantas ni por qué. —agregó, deteniéndose al fin, soltando el agarre solo cuando escuchó lejos la música. En ese instante, bebió un largo trago de la botella, bajándola solo cuando se dio cuenta que podía pasar por un alcohólico. No, él no lo era.

Como dije, no son rumores. —con la mano libre se enrolló la manga de la camisa, mostrando la palpitante marca tenebrosa. —No sé en qué condiciones estás en cuanto a esto, y por ahora no me importa. —se apresuró a aclarar. Algo realmente loable, tratándose de lo que arriesgaba.—Finalmente estoy donde he querido, ya acepté mis culpas y no lo repetiré ni me abrazaré a tu pierna para que me perdones. —advirtió muy seriamente. —Maldita sea, solo quiero estar a tu lado, que me permitas hacerlo y sería estúpido si espero algo más. Pero, la verdad es que si lo espero, porque te necesito, siempre lo hice. —agregó, aunque no sabía si morderse la lengua para ya no hundir más su reputación.

Si tengo alguna oportunidad, dímelo ahora, sino yo sabré entender. —dijo con bizarría. Soltó la botella en el suelo y la tomó de las manos, pero no se aferró, dejaría que ella decidiera. —Nada puede alejarme de ti, excepto tú. —añadió, viendo sus hombros. Todo lo que quería de ella en ese momento, era un abrazo, solo eso.


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TO BE THE SAD MAN BEHIND BLUE EYES



IN THE AGE OF DARKNESS:

Which dreams, indeed, are ambition, for the very substance of the ambitious is merely the shadow of a dream.
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Gian A. Abbatelli

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Re: I love you like a murder | Gian

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