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This love is a ghost ❈ Priv.

Mensaje por Rafael E. Montoya el Miér Jul 15, 2015 7:46 am

The bells chime, our youth is in decay,
The clock leaks time, just watch me fade away
We look for signs, maybe to indicate
We always change too late
You got me manic, I’m manic from all the madness
Your heart only brings mine sadness


Troves


Su madre había conocido a Piero Sforza un par de meses después de que arribara a Inglaterra con su hijo. El nosferatum había formado parte de la banda sonora de una de sus obras teatrales y a partir de ahí, se habían convertido en buenos amigos. Ana María era una mujer con cero prejuicios y para ella fue sencillo aceptar a un hombre como Sforza dentro de su vida y sin embargo, para Rafael había sido difícil aceptar que aquella persona había tenido alguna vez, algo que ver con su madre. Aun así, con el paso del tiempo, el italiano se convirtió en la única persona con la que podía hablar de Ana María largo y tendido, el único con el que podía compartir recuerdos y nostalgias, fue por eso que Montoya no rompió el contacto con él muy a pesar de la muerte de su progenitora y desde entonces, se veían al menos una vez al mes, a veces más seguido si Piero se lo proponía.

No fue raro entonces que el guitarrista de los Ashwinders llamara un par de días antes a casa del fiscal para invitarlo a una gala en la opera. Verían la puesta en escena y después pasarían a la fiesta, un elegante coctel en honor a los músicos y cantantes. Rafael no pudo decir que no, no solo porque la perspectiva de hablar sobre su madre se le antojaba completamente acertada —sobre todo ahora que acababa de reencontrarse con Ragnar— si no porque además, sabía que algo de distracción en aquel momento era precisamente lo que necesitaba.

Al llegar, descubrió que la opera que verían sería La Traviata. Por un momento pensó en darse media vuelta y regresar a su hogar, lo último que necesitaba era ver algo como lo que se desarrollaba en aquella triste historia, pero antes de que pudiera siquiera decidir, observó a Piero a lo lejos, quien le hizo señas para que lo siguiera, enseñándole su asiento en uno de los tantos balcones dentro del Opera House. Era un buen puesto, podía observar a la perfección todo desde ahí e incluso, parecía un espacio privado, casi íntimo. Pero algo no le calzaba, a pesar de la franca amabilidad, algo le parecía fuera de sitio. Observó, como quien no quiere la cosa el asiento a su lado, el único otro lugar a parte del suyo que se encontraba justo en aquel balcón y  tuvo un mal presentimiento. Luchó contra sus oscuras predicciones y se convenció de que nada podía salir mal.

Intentó preguntar algo a Piero pero éste ya se había marchado, dejándolo solo con el itinerario que comenzó a hojear distraídamente. No lo necesitaba más que para leer los nombres de los artistas participantes, después de todo, había visto esa opera ya varias veces gracias a su madre, quien en sus tiempos mozos había representado a Violeta un par de veces.

Se acomodó en el asiento, arreglando el saco del esmoquin negro en el que iba embutido y soltó un pesado suspiro. Debía relajarse, estaba demasiado paranoico últimamente.


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Re: This love is a ghost ❈ Priv.

Mensaje por V. Ragnar Østergård el Miér Jul 15, 2015 9:08 pm

El historiador y escritor Patrick Nightingale, era la clase de persona por la cual Ragnar se podía interesar en conocer, con el objetivo claro de forjar una amistad. No lo pensó dos veces para conservar la tarjeta de presentación del hombre, después de que éste le ayudase a derrumbar una coartada de uno de sus casos estrella; compartir un par de cafés y algunas visitas a las nuevas exhibiciones de los museos londinenses fue todo lo que necesitó Ragnar para comenzar lo que el día de hoy, se había convertido en una agradable amistad.

A los pies de la escalinata del sitio, Ragnar se ajustó el nudo de la corbata, costumbre que no podía evitar al estar a las puertas de un lugar como aquel. Miró su reloj y suspiró, levantando la vista y encontrando justo a tiempo ese hombre de aspecto elegante y antaño. Patrick le devolvió el saludo con un fuerte apretón de manos, y una sonrisa agradecida.

¿Pensaste que te dejaría plantado? ¿Con semejante insistencia? —preguntó con una media sonrisa, el otro trató de negar aquello, aunque sus ojos estuviesen a punto de confesar ante el fiscal. —Mírate Patrick, cualquiera pensaría que me espera una fiesta sorpresa allí dentro. —comentó luego de escudriñar la expresión del historiador y captar un hilo de nerviosismo.

¿Qué sucedía? La mayoría de las veces, cuando alguien le ocultaba algo era por temor a enfadarlo. La pregunta era ¿Qué podría enfadar a Ragnar de Patrick? Lo único que se le podía ocurrir era que el otro utilizaba una gala de ópera para suavizar alguna noticia sobre varios de los negocios que ambos compartían, y si estaba en lo correcto, era una pérdida de recursos. Por ahora, lo único que podría molestar a Ragnar seriamente, era lo que tuviese que ver con Rafael Enrique Montoya.

Dejó el naciente recelo a un lado, y siguió al shakesperiano, encontrándose con algunos magos conocidos. Ragnar saludó con la cortesía y elegancia que lo caracterizaba, pero no se sintió cómodo con dichas presencias. La idea de que magos como aquellos compartieran tan campantes en el mundo muggle le causaba cierta desconfianza. Quería disculparse y marcharse, pero después de enterarse que se trataba precisamente del drama psicológico basado en la novela de Dumas, soportó la falsedad de ciertos individuos.

Hay muchos magos por aquí ¿no? —comentó con discreción a su amigo, mientras éste lo conducía por un camino al que Ragnar no prestaba la más mínima atención. ¿Habrían otro tipo de personajes relaciones con el mundo mágico en ese lugar? Quiso preguntar, pero Patrick le indicó por dónde debía seguir solo, disculpándose con algo que el rubio no alcanzó a oír claramente. Ragnar alzó las cejas y descorrió las cortinas rojas de uno de los balcones del Opera House.

Y lo vio. Imposible no reconocer esa nuca, esa ancha espalda…imposible que su aroma le fuera ajeno.

Suspiró hondo para calmarse y no volverse e ir contra Nightingale. ¿Cómo se atrevía a colocar en esa situación sin su aprobación? Era evidente el engaño, y terrible el atrevimiento que Patrick se había tomado. Estaban en un punto de su amistad donde podía tomarse ese tipo de libertades, pero con Rafael de por medio. Ragnar se debatió por segundos, y terminó aceptando que lo que en realidad le ardía era que alguien más había tomado la decisión por él. Que la fecha y circunstancias de su plan perfecto habían sido modificadas tan sorpresivamente que se sentía completamente desarmado. Finalmente, el rubio cedió ante el valor que lo caracterizaba y se acercó, tomando asiento en el lugar vacío.

Bueno, parece que somos víctimas de una conveniente y confortable trampa. —fue lo que alcanzó a articular, sin si quiera mirar al otro. No estaba nervioso, su tranquilidad lo acompañaba ahora que había decidido actuar y el cómo lo haría, ahora que ya sabía su libreto. —No te atrevas a marcharte, ni siquiera lo intentes. —advirtió impasible, manteniendo la vista en el escenario. —Te perseguiré ésta vez, no pienso permitir que me abandones ésta vez. —agregó con firme resolución. Ragnar giró parcialmente su cuello, y le quitó al otro el itinerario que leía, sin apartar los ojos de los suyos.

No había escapatoria ésta vez, en realidad jamás había existido.
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Re: This love is a ghost ❈ Priv.

Mensaje por Rafael E. Montoya el Miér Jul 15, 2015 9:10 pm

Escuchó la cortina abrirse de par en par, pero supuso o quiso creer que se trataba de Piero, volviendo para resolver sus incógnitas o porque posiblemente se había olvidado de comentarle algo importante. Fue por eso que no se giró, mantuvo los ojos clavados en el itinerario hasta que escuchó aquella voz y percibió aquel aroma a ciruela, trufa y orquídea negra. Olía a lujo y a poder.

Levantó el rostro y miró al otro, incrédulo primero y después con clara desaprobación, le estaba juzgando, por supuesto y era imposible de negar.

¿Confortable? —inquirió suspicaz—Detestable es un mejor adjetivo —le corrigió, acentuando la agudeza en sus pupilas en cuanto el otro le arrebató el panfleto y le ordenó que se quedara.

No creí que quisieras compartir algo con esté inútil sangre pura —rezongó, recordando las ultimas palabras que el otro había pronunciado el día que se vieran dentro del Ministerio. Sin embargo, su voz salió dócil en contra de su voluntad. Aquel “te perseguiré… no permitiré que me abandones esta vez” lo había desarmado. Quiso odiarle, su madre se lo gritaba desde la tumba, le decía que él no merecía nada de su parte y aun así, no pudo siquiera ponerse en pie, quedó con la espalda recta y los ojos mirando al frente, a algún punto en el infinito que por alguna razón, parecía mucho más interesante que el hombre a su lado.

Tú me abandonaste primero —dijo, había intentado morderse la lengua, pero las palabras escaparon mucho antes de que el pudiera enterrarlas en su garganta—. Yo no te abandoné, simplemente creí que ese tipo de relación no era la adecuada para nosotros —se excusó con una verdad a medias. Lo cierto era que aquella mañana había salido aterrado del lecho de Ragnar, confundido… vulnerable. Ambos eran hombres, ¡por Merlín!, él no podía estar sintiendo eso por un hombre. Y aunque su razonamiento era arcaico, irónicamente ahí estaba, con el corazón desbocado, cual adolescente que se acaba de reencontrar con una novia perdida por la que aún siente algo profundo.

Apretó los puños y se giró para mirarlo. Había en sus ojos confusión, ira y añoranza, todo entremezclado y ardiendo en el interior de sus pupilas.

Quería respuestas, respuestas a todas esas preguntas que se había formulado y guardado en el fondo de su corazón desde que era un niño, pero fue incapaz de comenzar con el interrogatorio. Al final, se puso de pie, pero no hizo nada más, le miró de frente, impotente sin saber qué era lo que su corazón deseaba más en aquel instante: Molerlo a golpes y exigirle que no osara mentirle una vez más o besarlo violentamente y hasta que sus labios estuvieran cubiertos de ampollas.

También podría haber huido, nadie se lo impedía verdaderamente y de hecho, caminó en dirección a la salida con paso firme y desafiante, pero antes de traspasar el umbral, se detuvo y cerró la cortina de nueva cuenta antes de girarse para ver a su acompañante una vez más. Apretó la tela carmesí a su espalda y se quedó ahí, inmóvil por tercera ocasión. No quería sentir aquello, estaba luchando por arrancarlo de su corazón, pero era tan difícil. No había bastado siquiera todo lo que llevaba de vida para borrar aquel odioso sentimiento, entonces, ¿cómo podría enfrentarlo en un par de minutos y sin preparación alguna? Imposible.

Llevó una de sus manos al interior de su saco y extrajo una piedra amarilla con una orquídea negra en su interior, la tomó entre el índice y su pulgar, alzándola hasta que ésta quedó a la altura de su cabeza.

Una parte de mí jamás pudo dejarte atrás —dijo, cerrando los dedos sobre el ámbar, ocultando el objeto en un puño que llevó hasta su costado, donde continuó apretando con fuerza por quien sabe cuánto tiempo más.


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Re: This love is a ghost ❈ Priv.

Mensaje por V. Ragnar Østergård el Miér Jul 15, 2015 9:10 pm

Esa mirada, esa vil mirada. ¿Por qué tenía que comenzar a juzgarlo de esa forma? ¿Por qué debía mirarlo y tratarlo de aquella forma? Ragnar no se merecía eso, estaba seguro que no. Pero fue entonces que desde lo más profundo de su cabeza, empezó a escuchar una grabación de Răzvan y su todo cuanto le había dicho en aquella cabaña. ¿Răzvan o su consciencia? como sea que fuese, no importaba. Eran lo mismo.

Ragnar apretó ligeramente los labios, pero se mordió la lengua justo cuando alguna contestación en defensa de su complejo divino, amenazaba con echarlo todo bajo tierra. Ni siquiera pudo abrir la boca cuando la justa protesta emanó de los labios ajenos.

Lo siento. —murmuró, tragando grueso después. No. Así no funcionaban las cosas, así tan fáciles. ¿Por qué tenía la mala costumbre de esperar que todo fuese tan sencillo? Ah sí, porque Ragnar todopoderoso no debía esforzarse mucho, los demás le debían siempre algo, él no debía nada a nadie. Qué equivocado.Lo siento. No debía hablar así de tu madre, fui…fui yo el inútil al expresarme de ese modo. —alzó un poco más la voz, y se giró a medias hacia él. Aún no sentía correcto mirarlo a los ojos, pues sabía que Ana merecía mucho más que eso.

Cuando se trataba de cualquier cosa, situación o persona, Ragnar era la seguridad y fe en persona. A la mano tenía un sinfín de palabras adecuadas con las que resolvía y siempre ganaba; pero, cuando se trataba de Rafael y sus recriminaciones con justa razón, el rubio palidecía.

Yo no quise abandonarte, era tan estúpido, me dejé llevar por lo que siempre deseamos, y olvidé….olvidé que no podía reemplazarte. —Ragnar reaccionó tarde. Cuando se percató de todo, lo había hecho una vez más: mirar a cualquier punto, dejarse llevar y consentir a que sus pensamientos emanaran de sí, sin siquiera haberlo hecho conscientemente. No. No. Él quería verlo a los ojos y ser sincero… ¿Por qué era tan fácil planearlo y tan difícil ejecutarlo? ¿En serio estaba considerando la posibilidad de un rechazo por parte de Rafael? ¿Él? ¿Un Østergård? La idea era una vergüenza y una estupidez. Rafael probablemente estaba gritándole que continuara porque él lo deseaba también.

Fue cuando un gran yunque fue lanzado sobre su cabeza. Las palabras de Rafael lo ofendieron tanto, que no pudo evitar sentirse mal y reaccionar del mismo modo. ¿Cómo alguien podía reconocerle en su propia cara que había decidido por él? ¿Desde cuándo le permitía eso hasta al mismo Rafael? De pronto, sintió que ya la culpa no era tan suya, y sumergió aquel Răzvan mental en lo más profundo de las aguas negras de su cabeza.

¿Creíste? ¿Creíste? ¿Por qué te atreviste a creer? ¿No te das cuenta que solo empeoraste todo? ¿Y según tú qué es lo adecuado para dos personas que nunca se han visto como solo amigos? ¿Cuál? —las preguntas salieron una detrás de otra, sin dar tiempo siquiera a un respiro. Sonó a reclamo, claro que sí, y no lo ocultó. Eran solo algunos de los cuales se habían quedado en su garganta aquella mañana.

Quería callarse, tenía que hacerlo, pero si detenía todo solo iba a seguir mintiendo y no podía seguir aguantándolo. Ya lo había hecho bastante, vivido como si era solo algo que pasó y ya, mirándolo a los ojos y tratándolo como si nada después de eso. No. No lo haría otra vez.

No sabes lo que me costó decidirme a dar ese paso, temeroso de no arruinar nuestra relación de amistad más de lo que ya lo estaba, —hizo una pausa y respiró hondo—sí ya sé, por mi culpa, fue todo mi culpa en un principio. Ya puedes dejar de culparme y avanzar. —agregó con un tono de voz más sosegado. Y, en lugar de bajar la cabeza como alguien que admitía una vez más su fallo, se atrevió a encararlo como sentía que él lo estaba haciendo. Grave error. — ¿Por qué esa mirada? Prefiero que me juzgues con la otra. —confesó, molesto consigo mismo por demostrar el poder que tenían todas las miradas posibles de Rafael.

Lo veía, lo veía de ese modo y ¿Se atrevía a levantarse? ¿A marcharse sin más? ¿Por qué lo retaba de aquella manera? Una mirada llena de furia pasó por el semblante de Ragnar, una que torció hasta simplemente rodar los ojos. Sé que lo merezco, lo sé. Pero igual duele ¿Sabes?  

No recuerdo haberte dicho que te fueras. —dijo entre dientes, apretando los puños, con las ganas de levantarse en ese momento y obligarlo a girarse. Pero, no lo hizo. Esperó, aguardó varios segundos. —Puedes hacerlo, no seas cobarde. —agregó en un susurro apenas audible, cerrando los ojos solo para concentrarse en el ruido que emitían los pasos del otro…esperando que volviera a él. Lo que entendió, jamás pasaría, al oír lo que parecían las últimas palabras del hombre.

Ragnar no lo pensó dos veces y se levantó rápidamente de su asiento, dando pasos agigantados hacia él, deteniéndose solo cuando vio el puño del otro. ¿Una parte de él? ¿En su puño? Tardó más segundos de lo que quisiera, en descubrir lo que era, y ni aun así pudo hacerlo. Lo vio a los ojos, tratando de suavizar su expresión con la suya, anhelante como furiosa.

El fiscal alzó el brazo, acercando su mano a la ajena. Se atrevió a tocarla, retirando la suya brevemente, dudando del contacto, pero volviendo a él con más seguridad y delicadeza. Sus dedos lucharon por introducirse entre los del otro, hasta que finalmente bajó el puño del otro, acercándolo a él sin dejar de mirarlo. No pretendía soltarlo así el otro se resistiera, y con la mirada claramente lo advertía. Solo despegó los ojos del otro cuando vio aquello, aquel objeto que él mismo había fabricado junto a su difunto padre. No evitó la sorpresa en sus ojos, no quiso. Por un segundo los recuerdos lo azotaron otra vez, y los ojos se le humedecieron un poco, pero se resistió a lo que venía después.

¿Era el momento? Sí. Lo era, o Rafael se marcharía. Y después de enseñarle semejante objeto, no sabía si podía reaccionar y detenerlo. Ragnar suspiró, e introdujo la mano izquierda dentro de su saco.

No eres el único. —musitó con más tranquilidad de la que había en él. Ragnar sacó un pequeño instrumento que ambos conocían muy bien, un diminuto violonchelo, y lo depositó en la mano del otro.

Fui un idiota Rafael, ambos lo fuimos, por favor acéptalo de una buena vez. —empezó por decir tras unos segundos de aturdimiento.  Era difícil, demasiado difícil aceptar que había algo mal con él, con Ragnar Østergård…—Lo siento sí, lo siento. Pero, debes comprenderme, debes hacerlo. Yo tenía un futuro, lo teníamos juntos, pero las cosas no salieron bien. Luego, la muerte de mis padres… ¿Qué querías que pensara? Estaba dolido…lo siento, lo de la vez anterior. — ¿Estaba usando las palabras adecuadas? Quizá no. Pero estaba suavizando todo…se rebajaba, hablando de él mismo de ese modo ¿Qué más quería?

Ragnar tenía mucho para decir, pero las palabras murieron en la punta de su lengua. Ahora solo tenía que esperar, e ir a un posible contrataque. Él no se iría con las manos vacías.
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Re: This love is a ghost ❈ Priv.

Mensaje por Rafael E. Montoya el Miér Jul 15, 2015 9:13 pm

El primer lo siento de Viggo le sonó falso, ¿para qué mentir? Ya una vez le había pedido perdón, uno vacío y con consecuencias terribles. Sin embargo, el que admitiera inutilidad sí que llamó su atención, por un momento le miró extrañado, casi con asombro, aunque al instante siguiente ya estaba observándolo con desaprobación nuevamente.

No respondió a ninguna de sus excusas, en primer lugar porque sabía que tan solo eran eso, pretextos y en segundo, porque el mismo tenía algunas de esas frases guardadas bajo la manga. Lo había meditado mucho a través de los años y había llegado a la conclusión de que ambos habían sido culpables del desastre dentro de sus vidas. Pero la cosa no se limitaba a esa sencilla ecuación, no, todo era más complicado, siempre lo había sido cuando se trataba de ellos dos.

¡Por supuesto que sé que lo empeoré! ¿Pero que querías que hiciera? Acababas de divorciarte, no estaba seguro de que en realidad quisieras estar conmigo y toda mi vida creí que simplemente eras como un hermano… Es, no era natural, no supe que hacer, tenía que salir de ahí —soltó de repente, sintiendo como al fin aquel nudo que se había formado aquel lejano día se deshacía un poco a través de la confesión.

Pero claro, el gran Ragnar Østergård es capaz de pensar tan solo en su propio malestar. ¿Crees que todo esto ha sido fácil para mí? —clamó de repente, exasperado una vez más. Ese maldito ego, ese complejo de divinidad había contribuido en gran medida a arruinarlo todo y Rafael ya no sabía si la característica le parecía atractiva o aborrecible.

Calló ante los murmullos del otro y cuando protegió aquel pedazo de su pasado en el puño, deseó con todas sus fuerzas ser capaz de desprenderse por completo de aquel extraño e incomprensible sentimiento, aquel malestar que el hombre a su lado le provocaba. Estar ahí parado frente a él como destapar un volcán dentro de su pecho. Era agónico y placentero y aquel último adjetivo era lo que más terror le causaba a Rafael.

En un inicio, se negó a deshacer el puño, pero finalmente, sus dedos cedieron ante las manos ajenas y la piedrecilla vio la luz una vez más.

Me dijiste que con esto sería capaz de hacer cualquier cosa, que mientras tuviera esta piedra entre mis manos, jamás fallaría —soltó de repente, la cabeza gacha, no porque estuviera avergonzado, sino porque temía que al mirar al otro de frente, terminara por enfurecerse de verdad—. También mentiste ese día —agregó con amargura, después de todo, jamás se había separado de aquella flor contenida en ámbar y aun así, no había sido capaz de generar magia y tampoco había conseguido que Ragnar se quedara a su lado. Entonces, ¿de que servía?

Levantó el rostro en cuanto escuchó que el otro retomó la palabra y sus ojos se abrieron grandes al notar el pequeño violonchelo, ese del que se desprendiera con pesar a los once años y que por mucho tiempo creyó perdido, incluso destrozado.

¡No! No te atrevas a hacerme esto —exclamó, intentando moderar su voz, no quería armar un escándalo en un lugar tan público—. No te atrevas a decirme que jamás me olvidaste cuando no recibí ni una sola carta tuya durante siete años, cuando cada vez que te esperaba durante las vacaciones resultaba que tenías un compromiso en quien sabe qué país al otro lado del mundo. Me dije mil veces que estabas ocupado, que tenía que dejar que siguieras tu camino, pero dolía, cada día fue como una daga clavada en mi espalda. ¿Sabes lo que es imaginar que una de las personas más importantes dentro de tu vida simplemente ha decidido olvidarse de ti? Sin explicaciones, sin despedidas… ¡No te atrevas a mentirme de esta manera!

Y es que aunque durante su adolescencia y juventud siguieron manteniendo el contacto esporádico, Rafael siempre supo que Ragnar no le pertenecía como antes, que nada nunca volvería a ser lo mismo y que su falta de magia siempre representaba un abismo entre ambos. Así lo había decidido Viggo y él, él había intentado aceptarlo sin éxito alguno.

Se negaba entonces a creer que aquel instrumento era el original, se negaba a pensar que había desperdiciado tantos años tan solo por… Paró la línea de pensamiento de repente, dándose cuenta que estaba actuando con soberbia que el terror se había aferrado una vez más a su cuerpo y que de nueva cuenta, estaba a punto de mandarlo todo al demonio. Quería y no quería, deseaba salir de ahí y huir lejos y al mismo tiempo quería quedarse y creer las palabras del otro.

De todos modos, es demasiado tarde. ¿Cómo podrías perdonarme lo que hice…?, tus padres murieron por mi culpa —admitió, aquella era una carga que había llevado sobre sus hombros durante todos aquellos años—. Y tú… ¿Cómo pudiste?, habría sido mejor y más fácil asesinarme tan solo a mí. Tan solo tenías que pedir un duelo, no es como si yo hubiese podido defenderme —al fin había clavado los ojos en los ajenos y afortunada o desafortunadamente, ahí había más dolor que odio.


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Re: This love is a ghost ❈ Priv.

Mensaje por V. Ragnar Østergård el Miér Jul 15, 2015 9:14 pm

¿O tú no estabas seguro de querer estar conmigo? —devolvió las palabras, en una pregunta de la que sabía la respuesta. —Está bien, no tienes que responder. Para ti no era natural, eso lo explica todo. —agregó sitiándose ligeramente rechazado, lo que era una completa tontería cuando el suceso ya estaba muy lejos en el pasado.

Ragnar volvió a respirar hondo para aguantar la ira que siempre se apoderaba de él cuando alguien le arrebataba su derecho a decidir. Aquello era antinatural e imperdonable, pero tratándose de Rafael, eso no tenía validez.

Lo que quería que hicieras estuvo perfectamente claro después del primer paso que di, aquel día en el volví de Alemania. Me respondiste como yo lo deseaba, y yo estaba dispuesto a dar todo de mí, pero supongo que me faltó más comunicación y comprender qué era lo que tú querías. —respondió con un tono de voz alto que se fue sosegando conforme las difíciles palabras fluyeron.

¿Pensar en mi propio bienestar? ¿Cómo puedes decir eso? Tú no sabes absolutamente nada, no sabes cuánto pensé día y noche en tu bienestar desde aquel día en que me subí a esa locomotora. ¡Por Merlín! Por absolutamente nadie he cavilado tanto que por ti, deberías mejor pensar en lo que dices y agradecer que…—hizo una pausa y cerró los ojos, para luego abrirlos casi a la fuerza y tomar otra bocanada de aire. ¿Qué se supone que lograría con aquellas recriminaciones? Nada, él lo sabía. Pero parece que se estaba tornando más complicado de lo normal, hacer caso omiso a ellas cuando le dolían tanto por provenir precisamente de los labios de la única persona que no deseaba escucharlas.

Prefirió callar antes de volver a hundirse más. Y, solo se limitó a ver las consecuencias de sus promesas infantiles. ¿Por qué le había dejado solo? Era responsabilidad de Ragnar que Rafael jamás perdiese la ilusión, ayudarle a obtener todo lo que se propusiera. Ragnar lo hubiese logrado, él siempre lograba todo.

Bueno, no todo. Le faltaba lo que tenía frente a él.

Jamás te mentí, el niño Ragnar lo creía y tenía toda su fe en ello, jamás fue algo para hacerte sentir bien. Y él nunca dejó de creerlo, ni siquiera cuando creció. —respondió casi con dulzura, casi como si le hablase a un niño pequeño. —Los dos hicimos promesas que no cumplimos, ¡éramos unos niños! Sabes que no teníamos ni siquiera noción de nada y mucho menos controlábamos nuestras acciones futuras. ¿No lo recuerdas? Yo sí, yo también pensé que con la posesión de este pequeño violonchelo podría tenerte en Hogwarts junto a mí, así lo prometiste, pero aprendí que no tenías control sobre eso…entonces, ¿Cómo puedo siquiera culparte? ¿Tendría algún sentido?—soltó apresuradamente, como si temiera perder la posibilidad de que el otro comprendiera la situación. —Quizá lo hemos entendido todo mal Rafael, y nuestras promesas no tenían por qué cumplirse cuando así lo deseábamos, sino a su debido tiempo ¿Lo comprendes? —agregó esperanzado, aunque sabía que se estaba pasando de la raya y pretendiendo que todo era cosa del destino y restando a sus decisiones el mayor peso.

Pero, aquella expresión de su rostro desapareció con cada recriminación que recibió. Lo sabía, sabía que todas aquellas verdades le atravesarían y causarían un dolor peor que una espada. Quería volver a situarse en su lugar y comprenderlo, pero el monstruo dentro de él rugía fuertemente y clamaba también por la cabeza del otro. ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo podía tacharlo de mentiroso cuando los dos estaban en la misma posición? No. Creyó poder hacerle entender todo mostrando comprensión y tratando de mostrarle todo de una forma diferente, sin llegar a recriminarle él también, pero ya veía lo imposible de todo.

Rafael tenía que comprender y aceptar que él no se había comportado diferente a Ragnar.

Bien, si lo quieres así, eso tendrás. —apretó la mandíbula y levantó la vista de la mano del otro, no quitó su violonchelo de ella. —Cometí errores, sí, lo hice. ¿Qué más quieres que te diga? No creo que tenga nada más que decir, ya te he pedido perdón. No comprendo qué es lo insuficiente para ti. No puedo cambiar el pasado y solo puedo remediar el presente para que todo sea diferente y como debe ser. —empezó a decir con seguridad, dejando claro que él ya estaba en el proceso de superación, echándole un poco en cara al otro que él lo había aceptado y deseaba lograrlo. Una forma sublime de hacerle ver que seguía estando en un nivel superior a él, con el fin de que Rafael comprendiera que Ragnar podía ayudarlo. Esperaba que lo comprendiera de ese modo. — ¿Cuántas cartas recibí yo de tu parte? ¿Quién es el que ahora piensa solo en lo que sentía el otro? ¿Yo? ¡Por favor Rafael! Tú no sabes nada. Te esperé por tres años seguidos, creí que tal vez a tus catorce años podría llegarte la magia ¡Una estupidez! Pues los dos sabemos cómo funciona eso…, fueron años de hacer amistades y buscar en los pocos amigos de verdad que tuve, alguien como tú, tratar de hacer de ellos alguien que siquiera se pareciera a ti, que lograra conmigo esa conexión que los dos teníamos. —pausó y respiró entrecortadamente, el brillo de cólera en sus ojos ya no podía evitarse. Avanzó dos, acortando cada vez más la distancia y le arrebató los dos objetos de la mano. — ¿Ocupado? Sí, lo estaba. Buscando en la biblioteca alguna forma de darte tu magia, así que perdóname entonces por no pasar horas y horas escribiéndote de lo maravilloso que era Hogwarts. ¡Perdóname por querer evitarte más dolor del que lo hice!, o no, probablemente hubieses preferido que te detallara todo lo que jamás podrías disfrutar del colegio ¡La experiencia que yo estaba teniendo sin ti! Perdón. —las palabras brotaron de sus labios deseando que le dolieran al otro en el alma, pero a la vez no. Ragnar se había prometido jamás pronunciar nada de eso, recordarlo era tan doloroso y además, ponía sobre su cabeza la estampa de insuficiente por no poder arreglar lo que era su responsabilidad.

Ragnar se quedó callado por unos segundos, respirando profusamente y recobrando la compostura al darse cuenta una vez más, del sitio donde se encontraban. Tenía claro perfectamente una cosa: mataría a Patrick en cuanto lo viera.

Mantuvo la cabeza gacha, y abrió el puño, donde reposaban los dos objetos tan juntos como sabía que algún día lo estarían ellos dos. Los vio, y cuando se hubo tranquilizado, levantó la vista hacia el otro.

¿Qué si sé lo que es imaginar que una de las personas más importantes dentro de tu vida simplemente ha decidido olvidarse de ti? No Rafael, claro que no lo sé. ¿Por qué habría de saberlo? —dijo con una muy marcada ironía. —Si aún crees que mentí, pues no soy el único que lo hace aquí. Y cuando estemos de acuerdo en que eso es así, ¿Qué vendrá después? ¿Cometeremos el mismo error? ¿Olvidándonos sin explicaciones? ¿Sin despedidas? —agregó con templanza, muy seguro de su argumento.

Nunca es demasiado tarde. —pronunció la nueva frase en su vocabulario, creyendo por un momento que su amigo profesor de la academia era quien las emitía. Hace nada, Ragnar creía eso imposible. Alguien tan radical como él, tan fallo en dar segundas oportunidades, pedía una a gritos. —Ellos murieron por culpa de tu padre, no de tu existencia. —continuó, articulando aquello como si en verdad esperara que alguien más lo estuviera diciendo. En cuanto se percató de eso, su semblante cambió a mayor seguridad. —Ya sé, ya sé. Si lo hubiese comprendido antes, nos hubiese ahorrado mucho, no hace falta que lo digas. —le advirtió a Rafael, pero había más dolor en esas palabras de que Ragnar mostraba, entonces no pudo hacer más que sonara a petición.

Dudó por una fracción de segundo si responder a lo otro o no, era lo adecuado. Ragnar hizo una mueca de dolor, y se limitó a desviar la vista. Se relamió los labios y se mordió el inferior por un segundo.

Esto sigue siendo real para mí. —alzó los objetos en su mano, mirándolo a los ojos. —Si ambos lo mantuvimos con nosotros, es porque seguíamos conservando la esperanza. Veo el dolor y el odio en tus ojos, pero también un poco de esperanza y no te atrevas a negarlo, dejemos de mentirnos. —continuó colocando las cartas sobre la mesa, adoptando otra vez su compostura. —Estoy aquí, lo que significa que estoy dispuesto a intentarlo, y a ayudarte a que lo aceptes y comprendas. Me costó mucho entender lo que siempre sentí por ti, Rafael. Pero al fin lo hice y no me avergüenzo de eso. Ahora sé, que jamás te vi como un hermano, tuve ese sentimiento de hermandad con alguien más y no es lo que jamás sentí por ti. —recordó a Răzvan por un instante. —Tenía la imperiosa necesidad de protegerte, y aún la siento, incluso de mí mismo. —se acercó más a él, y tomó sus manos, depositando la piedra ámbar en una de ellas, conservando el violonchelo y guardándoselo. —Es tú decisión lo que hagas con eso, es tuyo. Pero esto, —se palmeó el pecho—permanecerá conmigo siempre, aún sigo confiando en tu promesa. —añadió, sin soltar sus manos. En lugar de eso, entrelazó las suyas con las ajenas.

Lo sabes, sabes que no me iré de aquí con una negativa, no puedo hacerlo. Pero, si te empeñas en seguir en ello, tendré que tomar medidas más radicales. —señaló en un susurro de voz. —Sabes que en cuanto me he decidido en algo, no me detengo. Te seguiré hasta el mismo infierno si es necesario.  
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Re: This love is a ghost ❈ Priv.

Mensaje por Rafael E. Montoya el Miér Jul 15, 2015 9:16 pm

No, en realidad no estaba seguro. A pesar del intenso dolor que le atenazaba cada vez que posaba los ojos sobre los de Ragnar —el cual desgraciadamente se empeñaba en achacar al asesinato de su madre—, Rafael no estaba seguro de querer estar con él, al menos no de la manera en la que Østergård lo deseaba. Ellos eran amigos y a Montoya le habría gustado que eso no cambiara, incluso cuando se dio cuenta de que era imposible ya intentar producir magia. Todavía se sentía así: confundido, incapaz de discernir que era lo que realmente quería hacer con respecto a aquella relación casi inexistente y que había sobrevivido por alguna extraña razón que ni siquiera él comprendía. Después de todo, podría haber dejado todo de lado, largarse a otro país y no volver a pensar en Ragnar en su vida, pero ahí estaba, en Inglaterra, cargando con una orquídea negra contenida en ámbar  y frente a un hombre al que no había podido sacar de su mente en más de 30 años.

Desvió la mirada, no creía poder soportar las ganas de empujarlo por el balcón si seguía escuchando todas aquellas sandeces y en ese estado de ira permaneció hasta que escuchó la razón por la cual él no le había enviado ni una sola carta. Abrió los ojos ligeramente, girando el rostro para verlo una vez más. Era tan obvio que se sintió estúpido, él tampoco había escrito por temor a molestarle, a arruinar su estadía dentro de Hogwarts por lo que pensó él creería tonterías. Sus ojos casi se humedecieron al pensar que Ragnar mantuviera le esperanza de que él consiguiese magia, aun un par de años después de que él mismo ya se había resignado. De repente, se dio cuenta que de verdad los dos habían sido víctimas de las circunstancias y que ninguno de los dos, ni con todos sus años de experiencia y estudios, habían podido controlar o entender jamás. Pero aun así, era complicado, terriblemente complicado, personas habían muerto a causa de su estupidez y ¿cómo podría Rafael perdonar algo así? Él mismo había sido casi el causante de la muerte de su madre, si hubiese podido controlar su orgullo, si no hubiese sido tan idiota… si hubiese aceptado aquello que sentía, Ana María no habría muerto.

Siguió con la mirada el movimiento de las manos de Ragnar y observó cómo guardaba su talismán, haciendo él mismo lo propio con el suyo. No dijo nada durante un largo rato, el cual aprovechó para deslizar la piedrecilla por sus dedos, colocándola dentro de su saco. Tragó dificultosamente pero no apartó las manos de las ajenas, la piel le quemaba y de repente, sintió la garganta tremendamente seca.

Pero yo no puedo cumplir la promesa que te hice —sentenció, a diferencia de él, que si lo había hecho después de todo; no le había olvidado y la prueba de ello estaba en que no se había deshecho del pequeño violonchelo. Quiso deshacerse del agarre en sus manos para llevar una hasta su rostro, se sentía un traidor, una escoria—. Soy un Squib Ragnar, nunca dejaré de serlo —agregó, logrando articular una pequeña sonrisa de medio lado que se borró tan pronto llegó a formarse.

Se humedeció los labios y casi se estremeció en cuanto escuchó la voz susurrante pronunciar aquellas últimas palabras y no supo si alegrarse o maldecir su terrible fortuna. Abrió la boca para responder, pero en aquel momento, las luces se apagaron y el telón se abrió sobre el escenario, dando inicio al primer acto. El coro comenzó a cantar al instante y un par de segundos después la voz de Violetta se abrió paso entre las del resto. Su madre había tomado aquel papel un par de veces, su madre que ya no podría volver a cantar nunca más en la vida.

Rafael deslizó sus manos de entre las de Ragnar y las colocó a sus costados sin apartar la mirada.

Deberíamos, dejar esto para otro momento —murmuró.

¿Estaba intentando escapar otra vez? No tenía idea, los sentimientos eran confusos dentro de su cabeza; el odio que sentía por la muerte de Ana, el dolor y aquella sensación inexplicable de felicidad que se negaba a aceptar dentro de su corazón.

“Lo voglio;
al piacere m'affido, ed io soglio
con tal farmaco i mali sopir.”

Se escuchó sobre el escenario —Violetta respondiendo a Flora— y Rafael tuvo que hacer un esfuerzo sobre humano para no claudicar ante sus deseos más profundos. En cambio se escurrió a través de la cortina que había a su espalda llegando al pasillo que en aquel instante se encontraba desierto. Pegó la espalda contra la pared que había justo al lado del balcón que les habían asignado e intentó tranquilizarse. No podía huir otra vez, pero tampoco podía quedarse y su cuerpo quedó petrificado, negándose a avanzar más, como si de repente cada uno de sus músculos hubiese dejado de funcionar.

---
Debo ser;
Me entrego al placer, pues el pacer
es la mejor medicina para mis males.


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Re: This love is a ghost ❈ Priv.

Mensaje por V. Ragnar Østergård el Miér Jul 15, 2015 9:17 pm

Demasiada información, demasiada y desesperada información. ¿Se habría precipitado mucho? Era posible.

El peso que creyó quitarse de encima al confesar todo aquello, parecía habérselo transferido a Rafael. Era incapaz de obligarlo a sostenerle la mirada, y fue aquella reacción en la que empezó a demostrar total comprensión al otro por primera vez. Ragnar había rebosado de seguridad al imaginar que después de esas intensas declaraciones, sería correspondido de inmediato y de la forma como la que él esperó desde hacía tiempo. Pero, no había pensado si quiera un segundo en cómo se lo tomaría Rafael, qué podría estar sintiendo y sobretodo cuán profunda era la herida y el dolor de su eterno amigo.

Pensando en esto por un par de segundos, estuvo de acuerdo en que lo mejor era hacer sus propios deseos a un lado y escuchar todo lo que el castaño tendría para responder. Apretó cariñosamente el agarre cuando vio que el otro no lo soltó, gesto que le hicieron sentir esperanzado. Por primera vez, estaba dispuesto a escucharlo todo sin recriminarlo, sin justificarse y solo aguardando que aquel momento acabara en un intenso abrazo que comunicara lo que mil palabras no podían. Pero, algo muy diferente salió de los labios ajenos, algo que él mismo contribuyó a pensar. Recordó por un momento aquella reunión en el ministerio, las ocasiones exactas en las que se burló de la condición de Rafael, convencido completamente que aquella burla no significaba nada cuando el otro había superado ese punto de vida. Pero, jamás había sido así. ¿Cómo había podido ser tan cruel?

Hace mucho tiempo desestimé esa promesa, te liberé de ella. Hace tanto que dejó de ser lo más importante que yo quería de ti. —empezó a decir con voz sosegada, jalando un poco de él, gesto que en otras circunstancias hubiese juzgado como suplicante. —Deja de mirar en mí al niño Ragnar que esperaba anhelosamente eso, yo no lo necesito. —agregó, despreciando el tema de la sangre como obstáculo entre ellos.  

Inoportunamente, empezaron las señales del comienzo de la ópera. Y aunque desvió un momento la cabeza hacia ella, atraído, sintió una repentina oleada de enfado. La cual calmó al percatarse que realmente ellos estaban hablando de eso en el sitio equivocado, cuando eran ellos los que boicoteaban su propio disfrute del espectáculo.

Desprevenido, no reaccionó como hubiera querido cuando él soltó sus manos. Hizo un amago de alcanzarlo pero éste murió cuando Rafael optó por una acción distinta a la que Violeta invitaba. Ragnar respiró profundamente para calmar al demonio interno que amenazaba con indisponerlo. Sentirse rechazado para él, era lo mismo que humillado. Abrió la boca sorprendido, su cerebro no podía digerir cómo Rafael le había hecho pasar por eso otra vez. Se cubrió el rostro con ambas manos, y luego barrió su cabello con ellas. ¿Era acaso la crueldad que se le devolvía? ¿Estaba siendo objeto de una venganza? ¿Qué sucedía? ¿Cómo podía alguien rechazar semejante confesión de sentimientos tan profundos, disculpas al punto de rebajar su propia posición? Esas y otras interrogantes más amenazaban con anidarse en su mente, pero él no podía permitirse retroceder, no. Era momento de actuar de una forma distinta a la aquella mañana después de retornar de Alemania.

Emprendió un andar parsimonioso, apelando a que la confusión del otro aligeraba su paso y así no se encontrara tan lejos ya. El sonido hermoso de la ópera quedó tras la cortina, y todo lo que podía oír en el pasillo era una respiración diferente a la suya. Sus labios se curvaron en una satisfactoria sonrisa y por un momento se alegró de conocer a Rafael mejor de lo que se conocía él mismo.

Por un segundo pensé que realmente me tomabas en serio, que sabías que te iría a buscar a donde fueses y así no se te ocurriría hacer esto…, —hizo una pausa y se guardó el “otra vez” —pero veo que solo me quieres poner a prueba. —dijo con cierto matiz de broma en su voz, sus labios se fruncieron en algo parecido a una sonrisa. —Y te digo que vas a cansarte de ponerme a prueba. —volvió sobre sus palabras, dejando un claro aviso. Por supuesto que sabía que esa huida se debía a todo menos a lo que aseguraba, pero no era necesario volver nunca más sobre aquella conversación. Él lo dejaría atrás, y lo ayudaría a dejarlo también. Se giró completamente hacia el otro.

No dejaremos esto para otro momento Rafael, no puedo permitirlo. —habló cariñosamente, el tono de su voz mucho más tranquilo y segura de lo que se sentía por dentro. Con la espalda completamente recta, se situó frente a él y sonrió algo burlón. —No puedes simplemente no decir nada y dejarme allá con Violeta diciéndote lo que debes hacer, tú no puedes. —añadió manteniendo su siniestra tranquilidad.

Un extraño brillo apareció en los ojos de Ragnar. Dio un paso al frente y presionó sus labios contra los ajenos, tomándolo por la cintura para mantenerlo en esa posición y evitar una segunda huida. Posó su otra mano sobre la mejilla a medida que el ritmo y la profundidad de aquel beso aumentaban. Llorara, pataleara, o si intentaba golpearlo, no se detendría. Eso solo sería un estímulo más al tórrido ataque.  

No esperaba el final de novela, no era tan iluso para pensar que el otro pronunciaría un “sí”, pero tampoco se conformaría con un “no”. Si volvía a escuchar esto último, recurriría a otro tipo de armas más efectivas. Por el momento, Ragnar quiso olvidarse de lo que buscaba de Rafael. Durante aquellos segundos, se limitó y dedicó a demostrar con hechos todas sus aseveraciones anteriores y las que no había dicho.
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Re: This love is a ghost ❈ Priv.

Mensaje por Rafael E. Montoya el Miér Jul 29, 2015 5:21 am

No respondió, no lo creyó necesario, ¿para qué? Si su mirada lo decía todo. Por supuesto que lo había tomado en serio, sabía de lo que era capaz Ragnar, lo conocía de toda la vida.

Aquello había sido una pésima idea. Asistir a una gala en la que había posiblemente no menos de 20 o 30 mortífagos, una ópera a la que tal vez el mismo Voldemort sería arrastrado. No, era una ópera italiana, seguramente el Señor Tenebroso no estaría interesado en un romance trágico, tenía que pensar positivamente.

Oh, iba a matar a Piero cuando lo encontrara, le iba a hundir el rostro en lo más profundo de la fosa séptica más asquerosa, en uno de los túneles más terribles.

Clavó los ojos en Ragnar y negó con la cabeza. No quería ponerlo a prueba, no era necesario, no después de la confesión hecha. Sin embargo, no podía saltar a sus brazos tampoco, eso no habría sido propio de él y por supuesto, todavía quedaba un pequeño y diminuto detalle que se le escapaba al ministro y que sin embargo, él tenía muy presente.

No soy gay —soltó a quemarropa en un susurro poco convencido mientras intentaba girar la cabeza y evitar lo inevitable.

La voz le acalló casi al instante, llenando su pecho de una calidez que le pareció ajena, tanto tiempo había pasado desde la última vez que se había sentido así. Pero lo que realmente selló las palabras dentro de su garganta, fue aquel beso. No abrió los ojos grandes en aquella ocasión, no, después de todo ya lo esperaba. Sus parpados cayeron pesados sobre sus ojos y como si alguien hubiese conjurado un imperio sobre su cuerpo, sus manos estrujaron los hombros ajenos hasta escurrirse hasta las mejillas, donde se mantuvieron firmes mientras de a poco, comenzó a corresponder el rose.

Soltó un ligero sonido gutural cuando la caricia se hizo más íntima y fue precisamente la velocidad con la que todo avanzaba lo que le hizo reaccionar. Se alejó de forma abrupta y se replegó hacia un lado, haciendo uso de toda su fuerza para soltar el agarre.

Eres el ministro, yo soy un squib, un squib que estuvo involucrado con cierta organización que ahora se considera delictiva —dijo con rapidez, haciendo referencia a la Orden del Fénix—, Tal vez han pasado años ya desde aquello, pero si mi rostro sigue rondando dentro de la cabeza de ciertas personas… creo que esta es la peor idea que hemos tenido en nuestras vidas —agregó, intentando razonar con su acompañante, aquello era una completa locura.

Además, Rafael no tenía idea de porqué Ragnar estaba en el poder, si era o no un mortífago, si estaba del lado de Voldemort. No podía estar con el enemigo y por sobre todo, no podía estar con otro hombre. Los besos y el sexo eran posiblemente una debilidad física, biológica si acaso, pero una relación íntima y romántica con un hombre, le parecía imposible.

Puedo sentarme a enumerar las mil y un razones por las que no deberíamos estar juntos pero supongo sería una pérdida de tiempo —soltó sobre el final, uno de sus hombros aun pegado a la pared, la cabeza gacha y los brazos cruzados de forma defensiva—. ¿Me dejaras ir si te propongo un nuevo encuentro? —preguntó entonces, llevando una de sus manos hasta el bolsillo interior de su saco. Extrajo entonces un pequeño pergamino a forma de tarjeta que colocó frente a Viggo, esperando a que él lo tomara y leyera la dirección que venía apuntada en el mismo.

Es un bar, tocan jazz por la noche y se podría decir que es casi un establecimiento neutral, al menos en filosofía —confesó, sabía que se arriesgaba en contarle eso a alguien que podía estar aliado con el bando enemigo el lugar estaba bastante bien camuflado y sus dueños eran unos excelentes actores, cualquiera que les conociera diría que eran partidarios del régimen al cien por ciento. Encontrar pruebas para inculparlos por rebeldía costaría bastante. Además, no mentía cuando decía que eran por completo neutrales.

Ahí podremos hablar con más tranquilidad —agregó, aunque la verdad lo último que quería era seguir soportando la insensatez del ministro. Tal vez si se tomaba una noche para pensarlo entraría en razón, tal vez si dejaba que todo se enfriara, él no asistiría a la cita.

Ahora, déjame ir. Este no es el lugar ni el momento —sus ojos se anclaron en los claros de Ragnar y por primera vez en mucho tiempo, se permitió observarlo de forma suplicante.


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Re: This love is a ghost ❈ Priv.

Mensaje por V. Ragnar Østergård el Sáb Ago 01, 2015 4:07 pm

Lo sabía, sabía que esa parte de Rafael solo estaba dormida y no perdida para siempre. Ragnar no dejó ni por un segundo que la sorpresa de sentirse correspondido le hiciera perder el control de la situación, y así dejar cabida a cualquier otro tipo de reacción por parte del otro. Sus manos navegaron por la cintura ajena a medida que el ritmo de aquel contacto fue aumentando y profundizando. Lo supo entonces, aquel hombre siempre había sido suyo y siempre lo sería.

Cuando sintió el rechazo áspero del antiguo fiscal, apretó los labios. Suspiró pesadamente y luego a pesar del desprecio, sonrió plácidamente.

Eso no fue para nada gay. —musitó burlón. Y a pesar de ello, sabía que pudo sentirse levemente ofendido si el beso no hubiese estado de por medio. —Tranquilo, yo tampoco soy gay. —agregó con sorna, mientras se acomodaba el traje. Pero, fueron las otras palabras de Rafael las que le borraron la sonrisa y llenaron su rostro de una seriedad mezclada con una expresión herida. Esa gran brecha que había puesto entre los dos con tan solo recordarles quienes eran, con tan solo recordarle a él quien era, lo dañaba todo.

Tengo perfectamente claro quién soy, pero al parecer eso te importa más a ti que a mí. —replicó con dureza. Se irguió y levantó el mentón, en su postura tan altiva. —Oh créeme que hay cosas más importantes que estar buscando a un squib como bien has dicho. — agregó con cierto desdeño sobre sí mismo por llamarlo de esa forma. El otro tenía que ser consciente de su propia insignificancia en ese sentido y que no tenía por qué ser importante para los Mortifagos ni para el propio Voldemort. Ragnar estaba muy seguro que éste tenía asuntos mejores que atender y gente más peligrosa para sus planes a quienes buscar, como por ejemplo el joven Warwick.  

A menos que…Rafael tuviese algún tipo de información importante. No, no, Ragnar no quería permitirse ni pensar en ello. La verdad era que no deseaba pensar qué tanto estaba metido Rafael con los rebeldes y si es que lo estaba, o si es que defendía lo que ellos. Ragnar estaba dispuesto a arriesgar la posición por la que había soñado desde que era un niño, lo había meditado y estaba seguro que el riesgo valía la pena. Después de todo, quería lograr todos sus sueños con su amigo Rafael a su lado ¿Cuánto importaban ahora si él faltaba en la ecuación?

No, no necesito eso. —alzó la palma de la mano para acallarlo. — ¿Crees que no he pensado ya en eso? —preguntó sin esperar una respuesta. Aunque ya estaba decidido a luchar por lo que sentía, no dejaba de ser peligroso y difícil. No necesitaba un sermón ahora, ni que lo obligaran a entrar en una razón que lo había llevado la relación de los dos a donde estaba ahora. Si alguien debía razonar era otro.

Es la única forma, creí haberlo dicho. —respondió cuando obtuvo algo parecido a lo que deseaba. Sabía que aspirar a una respuesta afirmativa en sus demandas era demasiado, por ello estaba abierto al conformismo al menos por ahora. Porque aunque no lo demostraba, comprendía al otro de cierta manera.

Recibió el pequeño pergamino y cuando leyó la dirección se sorprendió mucho más que cuando su beso fue correspondido. ¿Jazz?

Así que Jazz. —alzó las cejas y una pequeña y fugaz sonrisa apareció en sus labios, ignorando el resto de la oración. Ni siquiera se detuvo a pensar en cómo iría a parar el ministro de magia a ese lugar, no quiso pensar en ningún pretexto y tampoco se le ocurrió declinar la invitación.

Ragnar se guardó el pequeño pergamino y asintió a su viejo amigo. Le vio directamente a los ojos y sonrió algo agradecido por su interés en intentar hablar sobre un asunto que le era difícil. Para Ragnar era bastante complicado entender cuando alguien simplemente no deseaba hacer lo que él quería, aunque tuviese la razón. Pero, si bien estaba dispuesto a insistir para que el otro cediera, también estaba resuelto a ser más comprensivo y atento con él.

Suspiró hondo cuando el otro le miró y casi pudo sonreír. Podía sentir el pánico del otro, al igual que otras emociones. Ragnar se acercó a él una vez más como si fuese a repetir el beso anterior, pero solo lo miró detenidamente, la ternura y el anhelo mezclados en sus ojos. Llevó una mano a la mejilla ajena y la acarició lentamente. Luego, asintió y él emprendió la ida primero que Rafael.

El ministro se perdió por el desértico pasillo, con la canción de Jazz favorita del hombre que dejaba atrás en sus labios.
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Re: This love is a ghost ❈ Priv.

Mensaje por Rafael E. Montoya el Sáb Ago 08, 2015 1:09 am

Torció el gesto ante la respuesta tan poco seria que Ragnar le había dado a su dilema, pero no dijo nada, se limitó a mirar las manos del ministro arreglar con pulcritud la solapa del traje mientras su cabeza trataba de alejar cualquier posible respuesta sarcástica, no era el momento para discutir, sabía que si le respondía, no podrían moverse de ahí jamás.

Negó con la cabeza, ¿de verdad no le importaba? No solo podía perder su puesto, si no que corría el riesgo de morir en caso de que le creyeran traidor a la sangre, ¿era posible que no estuviese contemplando todas las consecuencias?, ¿él, Ragnar, el señor perfección? Rafael soltó un suspiro casi imperceptible y su boca se curvó en un mohín molesto.

Créeme, tengo bien claro lo insignificante que me crees, pero olvidas que en ocasiones, la persona más insignificante puede hacer la diferencia —agregó, pensando en Harry Potter, que siendo un pequeño niño había logrado vencer al Señor Tenebroso con ayuda de una mujer que posiblemente Riddle consideró también insignificante en su momento. No es qué el quisiera alzarse a la altura de los Potter —no llegaba a tal grandeza—, pero sabía que cada persona por más insulsa que pareciera, podía hacer mucho por la causa. Él todavía no era un rebelde, pero alguna vez lo fue y podía volver a serlo.

Además, Voldemort no perdona, sin importar que tan pequeño te vea, es claro que le disgustan las cucarachas —se mordió la lengua al instante, recordándose que no debía hablar. Continuó pues callado, atento a lo que el otro tenía que decir y con el estomagó revuelto, a la expectativa de la libertad que ansiaba conseguir de una vez por todas aquella noche.

Y por fin, un rayo de luz asomó: El ministro había aceptado dejarle en paz… por ahora. Rafael le devolvió la mirada con reticencia y algo cálido y detestable se extendió dentro de su pecho ante la pequeña sonrisa que su acompañante había esbozado. Conocía además aquella mirada y por alguna razón, sus piernas se sintieron como gelatina. Se mantuvo firme, sin embargo y no se movió hasta que el otro se perdió por el pasillo. ¿Aquel sonido era…? No, lo mejor era no pensar en eso.

Oh, cuanto hubiera dado Montoya por tener el privilegio y la habilidad para aparecerse, quizá en otra vida, por ahora, tendría que caminar y perderse entre los callejones.


TEMA FINALIZADO


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